Las negociaciones apuntan a lograr que el FMI desembolse 10.000 millones de dólares en junio y que acepte cambiar las metas previstas para las reservas del Banco Central, el déficit fiscal y la emisión monetaria.
Las criticas hacia el acuerdo con el FMI firmado en marzo del 2022 cuando Martín Guzmán era el ministro de Economía ya no derivan solo de los satélites kirchneristas más radicalizados: hay un conceso generalizado que, dadas las condiciones estructurales como son la sequía o una alta inflación a nivel mundial, es inviable y contraproducente para la Argentina.
En ese contexto, bajo el paraguas político de la administración de Joseph Biden, el Gobierno negocia con el staff del Fondo Monetario Internacional (FMI) una reformulación del acuerdo de Facilidades Extendidas.
Las negociaciones apuntan a lograr que el FMI desembolse 10.000 millones de dólares en junio y que acepte cambiar las metas previstas para las reservas del Banco Central, el déficit fiscal y la emisión monetaria.
“Estados Unidos siempre desempeñará un papel constructivo en esa conversación, incluida la Casa Blanca”, señaló Juan González, consejero de Seguridad Nacional cuando se le consultó acerca del apoyo de Biden a las negociaciones que emprende Sergio Massa con el staff del FMI.
Esto es consecuencia, en gran parte, del encuentro que mantuvieron Biden y Alberto Fernández en el salón Oval, en Washington. a partir de allí se inició una hoja de ruta compartida por la Argentina y Estados Unidos que tiene como finalidad apuntalar al plan de estabilidad económica que es atravesado por las graves efectos causados por la sequía.
“Tengo que darle crédito al gobierno de Alberto Fernández y Sergio Massa por navegar por un ambiente muy desafiante, no solo político, sino económico en el año electoral”, señaló el consejero González. Y remató: “Argentina está avanzando con pasos concretos, pero el desafío es enorme”.
Gonzales, de muy buena relación con Massa, es uno de los funcionarios clave de Biden y asesora al presidente norteamericano en en asuntos vinculados a América Latina.
Vale recordar que una cláusula negociada entre Alberto Fernández y Kristalina Georgieva habilita la posibilidad de negociar con el FMI ante la sequía que afectó los ingresos fiscales y recortó el mínimo crecimiento que estaba previsto en 2023. Esa cláusula se había pensado frente a un eventual rebrote del COVID-19, o ante las efectos económicos del guerra en Ucrania, pero finalmente se aprovechó ante una consecuencia inesperada del cambio climático.
La administración Biden ya demostró que respaldará a la Argentina ante su negociación con el FMI. Y esa ventaja permitirá que el país atraviese la discusión con el staff y el board del Fondo cuando se recalibren las metas pactadas.
En rigor, son horas claves para el programa con el FMI sea modificado.
