Para eso vine esta noche, le dijo a Clarín cuando salía del lanzamiento de la obra que narra la historia de una chica condenada por la interrupción de un embarazo.
El presente electo, Alberto Fernández, reiteró este jueves su intención de que la despenalización del aborto sea ley en la Argentina. «Para que eso pase es que vine esta noche», dijo atrapado en un enjambre de besos, abrazos y selfies a la salida de la presentación de un libro sobre el tema.
Minutos antes, desde el escenario del salón de actos de la Facultad de Derecho de la UBA había acompañado explícitamente todas las demandas que se hicieron para que el aborto sea legal, gratuito y se pueda realizar en los hospitales públicos.
Fernández llegó cuando la presentación del libro Somos Belén, de la abogada y comunicadora Ana Correa, estaba avanzada. Había comprometido su asistencia y los voceros de la editorial Planeta se ocuparon de ratificar y volver a ratificar que estaría. Y estuvo.
«Acabo de llegar de Uruguay. Les pido perdón por llegar tarde, pero no quería estar ausente porque era importante estar presente«, dijo desde el escenario.
Y para que quedara claro que el apoyo no era solo presencial, agregó: «Avalo todo lo que se dijo acá esta noche. Queremos más libertades y más derechos para todas, todos y todes». La ovación no lo dejó seguir.
Lo que se había dicho, y que Fernández avaló, fue que el texto de Ana Correa era una herramienta. Fue la escritora Claudia Piñeiro que lo expresó así: «La presentación de un libro puede ser un acto político y esta es la primera vez que tenemos un presidente apoyando el aborto legal«.
El libro que convocó este jueves a Alberto Fernández reconstruye la historia de una chica tucumana de 25 años que quedó detenida luego de ir al médico con dolores abdominales.
“Llegó a la Guardia del Hospital de Clínicas Avellaneda en San Miguel de Tucumán con un dolor de panza y terminó presa. Belén no lo sabía, pero estaba teniendo un aborto espontáneo. Sin pruebas, la acusaron de homicidio doblemente agravado y por alevosía. Fue a la cárcel con una condena de ocho años. Estuvo casi tres años presa y, para cuando la Corte Suprema tucumana la absolvió en 2017, ya habían pedido por ella desde Naciones Unidas y Amnistía Internacional hasta 20.000 personas en Taiwán», contó Correa.
