La sesión en la Cámara de Diputados dejó una postal de tensión permanente. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atravesó horas de exposición con un tono controlado y sin apartarse del libreto oficial. Evitó responder provocaciones directas y mantuvo un perfil bajo ante cada embate opositor. El clima se volvió más áspero hacia el final, cuando las preguntas se concentraron en su situación personal y en las denuncias que lo rodean.
El oficialismo buscó sostenerlo desde las bancas. Hubo intervenciones constantes para frenar acusaciones y marcar respaldo político. Esa contención contrastó con el endurecimiento de la oposición, que centró su ofensiva en los viajes, el uso de recursos y su rol dentro del gabinete.
Durante buena parte de la jornada, Adorni repitió una misma línea argumental. Cada vez que surgieron cuestionamientos por gastos personales, respondió: “Los miembros de esta cámara quieren asemejar gasto privado con gasto público. He afrontado los pagos de todos los viajes que realice. No se trataron de obsequios de ningún tipo”. La frase funcionó como eje de su defensa.
Las intervenciones opositoras subieron de tono. Hubo ironías, críticas directas y acusaciones de corrupción. También aparecieron cuestionamientos sobre el uso de custodia oficial en su entorno familiar. En ese contexto, el funcionario evitó confrontar de manera directa. Eligió no engancharse en los cruces y dejó que la defensa política quedara en manos del bloque libertario.
El momento más tenso llegó cuando varios diputados pidieron su renuncia. Allí el jefe de Gabinete modificó su postura inicial. Levantó el tono y respondió con una definición tajante: “No cometí ningún delito y voy a probarlo en la Justicia. No voy a renunciar, estoy acá dando la cara”. La frase activó aplausos inmediatos en el oficialismo y marcó el punto más alto de su intervención.
En paralelo, desde la oposición insistieron con cuestionar su legitimidad política. Hubo referencias a internas dentro del propio oficialismo y dudas sobre su capacidad para sostener el cargo. Las críticas no lograron alterar su estrategia discursiva. Adorni mantuvo su posición hasta el cierre y evitó dar señales de retroceso.
El tramo final dejó un intento de reposicionamiento. El jefe de Gabinete volvió a apuntar contra los sectores opositores y rechazó los cuestionamientos judiciales. “No voy a aceptar injurias de quienes sumieron al país en la pobreza más extrema. Ustedes no tienen derecho de pedirle explicaciones judiciales a nadie”, afirmó.
La jornada concluyó con una señal política clara del oficialismo. Hubo aplausos, cánticos y gestos de respaldo. El Gobierno buscó cerrar filas en torno a Adorni en medio de un escenario de desgaste y críticas crecientes. La sesión expuso tensiones internas y externas, pero también dejó en evidencia la decisión de sostenerlo en el cargo.