Especialistas estiman que se pueden aumentar un 17 % las exportaciones regionales promedio. Y más en algunos casos. También hay ventajas para la importación.
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea quedó formalmente sellado el último sábado y promete un cambio profundo para el comercio bilateral. El acuerdo comercial prevé una baja de aranceles para el 90 % de los productos y la fijación de cuotas de exportación para bienes estratégicos de la región, a la espera ahora de la ratificación de los Congresos y del Parlamento europeo.
Aunque el foco suele ponerse en las exportaciones, la UE es un actor central del comercio global: importa bienes por unos USD 2,8 billones al año -más del 10 % de las compras mundiales-, y servicios por USD 950.000 millones, el 15 % del total global, lo que la convierte en el mayor importador del planeta en ese segmento, según destacaron desde la Cámara de Importadores (CIRA). Además, es el principal inversor extranjero en el Mercosur, con un stock de 390.000 millones de euros en 2023.
Desde el punto de vista comercial, el acuerdo establece la eliminación de aranceles al 99,5 % de los productos agroindustriales exportados por el Mercosur. En términos concretos, el 84 % quedará completamente libre de aranceles, mientras que el 15,5 % restante tendrá rebajas o cupos. La liberalización será inmediata para el 70 % de los productos y gradual para otro 14 %.
Especialistas identifican al menos siete sectores con potencial beneficio directo: aceites, biodiésel, cítricos -en particular frutas de Río Negro-, langostinos, pesca y carnes. La oportunidad es significativa si se considera que la Unión Europea importa en promedio USD 220.000 millones por año y que Argentina explica apenas el 3 % de esas compras.
Uno de los puntos más atractivos del acuerdo es la cuota cárnica, que habilita el ingreso de unas 90.000 toneladas sin arancel. Sin embargo, la aplicación será bilateral: una vez aprobado por el Parlamento Europeo, “el primer Estado Parte del Mercosur en ratificar el Acuerdo tendrá derecho a utilizar el 100% de la cuota otorgada por la UE al Mercosur, hasta tanto el resto de los socios regionales se vayan sumando”, explicaron desde el INAI. La razón es que el bloque regional aún no definió cómo distribuir esos cupos.

Federico Lavopa, director de Quipu, aportó contexto sobre la capacidad exportadora: en 2024, los cuatro países del Mercosur exportaron en conjunto 4 millones de toneladas de carne al mundo. Brasil concentró el 64% (2,5 millones), Argentina el 19% (760 mil toneladas) y Paraguay y Uruguay el 17% restante (unas 750 mil cada uno). Por eso, señaló que “tienen bastante agua para exportar más a la Unión Europea con la baja del arancel”, ya que todos “están por debajo o muy por debajo de las 90.000 toneladas”.
No obstante, Lavopa advirtió sobre las tensiones políticas del acuerdo: “Dudo que la Unión Europea acepte el ingreso de carne sólo de Uruguay si no tiene asegurado poder vender sus autos a Brasil”, planteó, en referencia al equilibrio de intereses entre exportaciones e importaciones.
Del lado de Argentina, el acuerdo también impacta en las compras externas. La reducción de aranceles para maquinaria, bienes de capital e insumos puede mejorar la competitividad de las empresas locales. A cambio, uno de los compromisos más sensibles es avanzar hacia la eliminación de retenciones sobre los productos exportados al bloque europeo.
Más allá de las ventajas formales, los obstáculos siguen siendo relevantes. Desde Insight-Lac advirtieron que el principal desafío para Argentina son los Obstáculos Técnicos al Comercio (OTC), dado que el 75% de las medidas técnicas difieren entre ambos bloques. En ese sentido, alertaron que el enfoque desregulatorio del Gobierno de Javier Milei puede “paradójicamente ampliar la brecha con los estándares de regulación técnica y seguridad exigidos por la Unión Europea”.
El sector agroindustrial deberá cumplir exigentes requisitos sanitarios y ambientales: altos niveles de protección, compromisos climáticos como el Acuerdo de París, prioridad a productos sostenibles, trazabilidad y prevención de la deforestación. “Resulta central entender que la Unión Europea no ‘compra’ únicamente precio: compra conformidad. Evaluación, trazabilidad y cumplimiento regulatorio son condiciones indispensables”, subrayaron desde Insight-Lac, y concluyeron que “si la institucionalidad técnica se debilita o se fragmenta, y/o no se dan condiciones propicias para la competitividad, la integración efectiva al mercado europeo se vuelve más compleja, aun cuando existan ventajas arancelarias formales”.
En la misma línea, Fernando Furci, director de CIRA, sostuvo que el acuerdo es apenas un punto de partida y que el verdadero reto es interno: “Ganar previsibilidad, simplificar procesos, facilitar importaciones y exportaciones y converger hacia estándares internacionales. No es un desafío de aranceles, sino de funcionamiento del sistema. La Unión Europea no exige cambios de un día para otro, pero sí reglas claras, estabilidad normativa y eficiencia. El verdadero desafío no es el acuerdo en sí, sino cómo modernizamos nuestro comercio exterior para aprovecharlo”.
