Recorrer el centro comercial de San Martín y muchas otras localidades es encontrarse con una imagen que se repite: locales vacíos, carteles de alquiler, persianas que no vuelven a subir. Detrás de cada persiana baja hay una historia y un modelo económico que no da respuestas.
Recorriendo la zona céntrica de San Martín, a metros de la estación, la imagen se repite cuadra a cuadra. Locales vacíos. Carteles de alquiler. Persianas que bajaron y no volvieron a subir. Lo que antes era movimiento, trabajo y familias que vivían de su negocio en el centro comercial del distrito, hoy es silencio.
Además de las imágenes opacas, no es sólo eso con lo que debemos quedarnos. Son las historias de quienes se desarrollaban allí. De quienes emprendieron con esfuerzo y voluntad cumplir sus metas o sus negocios.
Lógicamente no es una postal que sea exclusiva de San Martín. Es la fotografía de un país que dejó de consumir. Una foto que, si la observamos con nitidez, vemos un poder adquisitivo que se derrumba, y que los gastos esenciales se elevan mes a mes.

Los números que explican lo que vemos
Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas cayeron 3,8% interanual en julio y acumulan una baja del 2,7% en los primeros siete meses de 2026, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa. No son semanas malas, es una tendencia que no encuentra piso. El comercio acumula 11 meses consecutivos de caídas en sus ventas.
No es de sorprender que no sea una tendencia únicamente local. En CABA, por ejemplo, 102,2% a nivel interanual creció la cantidad de locales en alquiler, según la Cámara Argentina de Comercio.

La cadena que se rompe
El comercio local no cierra por falta de ganas o voluntad. Cierra porque sus clientes dejaron de tener un sueldo capaz de poder gastar. Y eso tiene una explicación concreta.
El contenido del consumo continúa concentrado en bienes esenciales. La búsqueda de promociones, descuentos y financiamiento en cuotas domina el comportamiento de los consumidores. La gente no elige qué comprar, elige básicamente qué puede pagar ese día.

Hay una cadena que se rompe en silencio: cuando la fábrica o el comercio para, el trabajador cobra menos o se queda sin trabajo. Cuando cobra menos, no consume. Cuando no consume, cierra el comercio de la cuadra. San Martín fue durante décadas uno de los distritos más industriales y comerciales del conurbano. Desde la asunción de Milei, 26.448 empresas cerraron en el país, según los datos del Sistema de Riesgos del Trabajo (SRT). Del total de empresas dadas de baja desde noviembre de 2023, el 98% son pymes. ¿Qué esta sucediendo con el entramado productivo argentino? Ese derrumbe de las empresas tiene su correlato directo en las persianas bajas del centro comercial.
Deudas que no sorprenden
En este retrato que estamos pintando, hay una contracara visible de la pérdida del comercio, el empleo y el derrumbe del consumo: la situación récord de la alta morosidad con los bancos y con las billeteras virtuales. Mientras el gobierno nacional señala que “es un tema entre privados”, deja a merced de las tasas de interés delirantes a los ciudadanos que decía representar o defender frente a la maldita casta.
La irresponsabilidad ciudadana no tiene lugar cuando el modelo es el que falla: si uno se endeuda con la tarjeta de crédito para comprar comida en un supermercado, o aprovecha un día para hacerlo en 3 cuotas, no es sólo un problema del usuario, sino del modelo de país.

Hace pocos días, un informe elaborado por la Fundación Encuentro detalló que el deterioro de los ingresos durante el gobierno libertario es de tal magnitud que el 78% de los hogares de la Argentina se ubican entre la Clase Media Baja (C3) y la Clase Baja, de los cuales un 21% se encuentra por debajo de la línea de pobreza estimada.
Asimismo, según el estudio, de los cinco niveles socioeconómicos, solo la Clase Alta y la Clase Media Alta superan el ingreso promedio de $2.800.000. «El 78% de los hogares restante gana, en promedio, menos que esa media nacional” señala el informe. Esa es una contracara evidente de la menor actividad comercial y de empleo.

Lo que falta
El desarrollo local no es magia. Es política económica que cuida el poder adquisitivo del vecino, que apoya al comerciante chico, que piensa en el que produce y vende. Un Estado que entienda que cuando cierra un local, cierra una historia: la del almacenero, la del emprendedor, la del que vendía ropa hace veinte años en esa misma cuadra.
Eso es exactamente lo que falta a nivel nacional. Y es lo que se ve, con toda claridad, en cada cuadra del centro de San Martín.

