El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, desplegó 28 mil efectivos, drones y helicópteros sobre la General Paz y el Riachuelo con el pretexto de la seguridad. Su mensaje político fue más explícito que el operativo: «un muro contra el desgobierno de Kicillof».
Jorge Macri, en su afán de mostrarse duro e implacable para cierto sector de su electorado, no se limitó a montar una “pared” en el operativo de seguridad. Se encargó de ponerle nombre y marco ideológico antes de que terminara la noche.
El jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desplegó este jueves un megaoperativo denominado “Operación Muro” sobre los 24 kilómetros de accesos que separan a CABA de la Provincia de Buenos Aires: la avenida General Paz y el Riachuelo.
El dispositivo incluyó 27 pasos peatonales, 48 puntos vehiculares, 16 nodos estratégicos, fuerzas especiales, drones, helicópteros y la división K9.
Según informó el Gobierno porteño, la fuerza cuenta hoy con 28.000 efectivos y más de 814 pórticos lectores de patentes que monitorean alrededor de tres millones de dominios vehiculares por día.
La arquitectura del operativo fue la de un control fronterizo. El mensaje político que lo acompañó, también.
Durante la supervisión del despliegue en el Anillo Digital Sur, en la intersección de 27 de Febrero y General Paz, Macri sostuvo: “Estamos construyendo un muro de control al desgobierno de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, donde la seguridad no es prioridad”.
Horas más tarde reforzó el concepto en redes sociales al afirmar: “Un muro de control contra la barbarie y el desgobierno de Kicillof”.
El Conurbano como eje de la confrontación política
La puesta en escena tuvo un claro destinatario político. El Gobierno porteño presentó el operativo como una respuesta a la inseguridad, pero el discurso oficial ubicó el foco en la gestión bonaerense y particularmente en la administración de Axel Kicillof.
La referencia a la necesidad de levantar un “muro” frente al territorio bonaerense profundizó un relato que aparece en períodos de tensión electoral, como es la utilización del Conurbano bonaerense para explicar (y culpar por) los problemas de seguridad de la Ciudad capital del país.
Sin embargo, el operativo no estuvo acompañado por datos específicos que demostraran qué porcentaje de los delitos cometidos en territorio porteño tiene origen en personas provenientes de la provincia. La comunicación oficial se concentró en el despliegue tecnológico y en el mensaje político que buscó transmitir. Lo otro lo da como cierto, basado en el “sentido común” que instalan sus aliados los medios de comunicación hegemónicos.
“Si vienen de la provincia los vamos a ir a buscar”
Macri fue incluso más allá durante sus declaraciones públicas. Acompañado por el ministro de Seguridad porteño, Horacio Giménez, el secretario del área, Maximiliano Piñeiro, y el jefe de la Policía de la Ciudad, Diego Casaló, aseguró: “Si vienen de la provincia de Buenos Aires los vamos a ir a buscar”.
La frase generó repercusiones por el alcance de su planteo. La Provincia de Buenos Aires posee jurisdicción y fuerzas de seguridad propias, por lo que cualquier actuación coordinada requiere mecanismos institucionales específicos entre ambas administraciones.
En ese contexto, la declaración fue interpretada principalmente como una definición política en medio de la creciente disputa entre la gestión porteña y el gobierno bonaerense.
