En plena crisis política por el caso Manuel Adorni, Mauricio Macri endureció su postura frente al gobierno de Javier Milei y difundió un documento crítico sin consultar previamente a la conducción del PRO. “Acompañar el cambio no es aplaudir lo que está mal”, lanzó el texto, que además incluyó cuestionamientos al oficialismo y nuevas señales de tensión con Patricia Bullrich
En medio del desgaste político que atraviesa el Gobierno por el caso Manuel Adorni, Mauricio Macri resolvió mover una pieza delicada dentro del tablero opositor: impulsó personalmente la difusión del manifiesto crítico del PRO contra la administración de Javier Milei sin consultar previamente ni a gobernadores, ni a referentes parlamentarios, ni siquiera a la mesa ejecutiva del partido.
La jugada sorprendió incluso a dirigentes importantes del macrismo y dejó expuestas las tensiones crecientes entre el ex presidente y la Casa Rosada, además de las diferencias internas sobre cómo debe pararse el PRO frente a La Libertad Avanza.
Según reconstruyeron dirigentes partidarios, el documento fue elaborado y difundido bajo un fuerte hermetismo. “Es Mauricio 100%”, resumió una fuente de peso del PRO. Y agregó: “No habló con Jorge Macri, ni con Rogelio Frigerio, ni con Cristian Ritondo, ni con Guillermo Montenegro. En la mesa ejecutiva no habló con nadie”.
El texto, titulado “Próximo Paso”, fue publicado el domingo por la tarde en las redes oficiales del partido y rápidamente generó interpretaciones sobre un endurecimiento del ex mandatario frente al oficialismo libertario. Allí aparecieron cuestionamientos directos al funcionamiento político del Gobierno y diferencias con el estilo de conducción de Milei.
MANIFIESTO PRÓXIMO PASO
Hubo un momento en que la Argentina tocó fondo. Y lo sentimos todos. En los precios. En la incertidumbre. En la sensación de que no había salida.
Entonces algo pasó: los argentinos eligieron cambiar. Porque el dolor del cambio era preferible al dolor de… pic.twitter.com/XGYdvdfI4T
— PRO (@proargentina) May 10, 2026
“Apoyar el cambio no es aplaudir lo que está mal”, sostuvo el documento.
Y añadió otra definición que dentro del PRO interpretaron como un mensaje directo hacia Balcarce 50: “El cambio tiene dos enemigos: el populismo de siempre (…) y los que frenan el cambio desde adentro, con soberbia, con arrogancia o pidiendo sacrificios que no están dispuestos a hacer”.
La decisión de avanzar con el manifiesto coincidió con un momento especialmente sensible para el oficialismo, golpeado por las derivaciones políticas y judiciales del caso Adorni, además de las discusiones internas sobre el vínculo entre el macrismo y el Gobierno libertario.
En el entorno de Macri consideran que la Casa Rosada comenzó a pagar costos propios del ejercicio del poder y creen que algunas dinámicas internas empiezan a incomodar incluso a sectores que acompañan el rumbo económico.
El malestar dentro del macrismo también quedó atravesado por lo ocurrido semanas atrás durante la cena de la Fundación Libertad. Aquella noche, Milei apuntó duramente contra la gestión económica del PRO entre 2015 y 2019 y proyectó durante su discurso distintas filminas con indicadores negativos de la administración macrista.
La escena cayó especialmente mal entre los dirigentes cercanos al ex presidente. Más aún porque el actual mandatario evitó saludar o mencionar a Mauricio Macri durante toda su exposición, pese a que el fundador del PRO había participado previamente de una charla junto al escritor Álvaro Vargas Llosa.
En aquella cena también hubo otro gesto que dentro del PRO fue leído en clave política. Patricia Bullrich se acercó a saludar a Macri delante de cámaras y fotógrafos en medio del creciente ruido interno entre ambos sectores.
Ese episodio terminó funcionando como antecedente del clima político que luego acompañó la difusión del documento partidario y las posteriores señales del círculo más cercano al ex mandatario.
La publicación del manifiesto quedó alineada además con otra intervención política surgida desde el macrismo. Horas antes, Fernando De Andreis, uno de los principales dirigentes del entorno de Macri, había cuestionado públicamente a Bullrich y reclamado explicaciones rápidas de parte de Adorni sobre su patrimonio.
Aunque ambas situaciones ocurrieron por separado, dentro del PRO fueron interpretadas como parte de una misma estrategia impulsada desde el núcleo político más cercano al ex presidente.
Las críticas de De Andreis también volvieron a poner sobre la mesa otra preocupación que atraviesa al macrismo: el avance libertario sobre dirigentes, estructuras y votantes históricos del PRO. El trasfondo de esa disputa está directamente ligado a la pelea por 2027 y, especialmente, por el control político de la Ciudad de Buenos Aires.
Durante meses, gran parte del partido evitó confrontar con Milei para no afectar el respaldo social al programa económico oficial. Sin embargo, en las últimas semanas comenzó a crecer otro temor: que el PRO termine absorbido políticamente por La Libertad Avanza.
El documento “Próximo Paso” apareció justamente en ese contexto y buscó recuperar conceptos tradicionales de la identidad macrista vinculados a la gestión pública, la administración y la obra pública.
“El próximo paso son más rutas, más hospitales, mejor educación”, señaló el texto.
La definición buscó reinstalar una agenda asociada a resultados concretos de gestión, en contraste con el esquema de confrontación permanente que domina el discurso libertario.
Al mismo tiempo, el manifiesto cuestionó las formas políticas del oficialismo. Las referencias a la “soberbia” y la “arrogancia” dejaron expuesto el malestar que existe alrededor de Macri frente a determinados comportamientos internos de La Libertad Avanza, especialmente en medio del escándalo que involucra a Adorni.
La sorpresa por el documento quedó reflejada horas más tarde en declaraciones de Jorge Macri, quien reconoció públicamente que desconocía la existencia del texto hasta minutos antes de ingresar a un estudio de televisión.
“No sabía. Me enteré viniendo para acá”, admitió en TN.
El jefe de Gobierno explicó que nadie le había enviado previamente el comunicado y contó que lo leyó desde el celular camino al canal, una señal que confirmó el nivel de reserva con el que Mauricio Macri manejó toda la iniciativa.
Aun así, Jorge Macri evitó confrontar con el contenido político del documento y validó parte del diagnóstico planteado allí.
“Creo que expresa lo que algunos argentinos sienten”, sostuvo.
Sin embargo, también dejó entrever diferencias sobre el momento elegido para lanzar las críticas al Gobierno: “Después podremos discutir si era oportuno o no sacar un comunicado de ese tipo”, afirmó.
Dentro del PRO interpretaron esa frase como una señal de cautela frente a la posibilidad de profundizar demasiado rápido el enfrentamiento con la Casa Rosada.
El jefe de Gobierno comparte parte de las preocupaciones que existen dentro del partido respecto de la relación con La Libertad Avanza, aunque considera que una ruptura abierta podría impactar negativamente sobre el electorado que todavía acompaña el rumbo económico de Milei.
Por eso, durante toda la entrevista intentó sostener una posición intermedia: diferenciarse políticamente sin romper puentes con el oficialismo.
“No somos parte de La Libertad Avanza”, aclaró.
Y cuando le preguntaron si ambos espacios competirán juntos en las próximas elecciones, respondió: “No lo sé. Falta un montón”.
La respuesta dejó en evidencia el momento ambiguo que atraviesa hoy la relación entre el PRO y el Gobierno nacional. Aunque una parte importante del partido sigue respaldando aspectos centrales del programa económico libertario, alrededor de Mauricio Macri comenzó a consolidarse otra discusión: hasta dónde acompañar sin perder identidad política propia.
En ese contexto, la decisión del ex presidente de impulsar personalmente el manifiesto sin abrir antes una discusión partidaria fue leída como una señal política tanto hacia adentro del PRO como hacia la Casa Rosada.
No implicó una ruptura formal con Milei, ni un pase automático a la oposición dura. Pero sí representó un movimiento deliberado de Macri para empezar a marcar diferencias con el Gobierno en un momento donde el oficialismo enfrenta sus primeras turbulencias políticas de peso desde la consolidación de la estabilidad económica.
