Mientras el tablero político porteño empieza a reacomodarse con vistas a los próximos años, Horacio Rodríguez Larreta volvió a ocupar el centro de la escena al dejar en claro, en abril de 2025, su decisión de competir otra vez por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Desde ese momento, el actual legislador porteño se lanzó a una recorrida constante por distintos barrios de la Capital Federal, donde escucha reclamos, toma nota de sugerencias y, al mismo tiempo, desliza críticas dirigidas al actual alcalde, Jorge Macri. En la sede de la calle Uspallata, el oficialismo exhibe números favorables en áreas sensibles como seguridad, orden urbano y transporte público.
Hacia finales del año pasado, Rodríguez Larreta optó por mostrar parte del material que viene acumulando en sus cuadernos personales. Se trata de anotaciones que recopila a partir de los encuentros diarios que mantiene con vecinos en distintos puntos de la Ciudad. Esa información luego se sistematiza en una planilla mensual, con la idea de convertirla, llegado el caso, en insumos para proyectos legislativos o eventuales planes de gobierno.
Las reuniones suelen arrancar a primera hora del día. Tan temprano que, en una de sus últimas publicaciones en redes sociales, contó que no logró encontrar un café abierto para llevar adelante el encuentro. Si bien esos horarios forman parte de su estilo desde hace años, el esquema de trabajo —que se extiende hasta la tarde noche— también busca marcar un contraste con la gestión de Macri.
El ex jefe de Gobierno, además, difundió su número de celular personal para que los vecinos puedan contactarlo de manera directa. En algunas ocasiones responde él mismo y, en otras, su equipo, pero el objetivo es construir una sensación de cercanía. Esa modalidad, aseguran en su entorno, podría replicarse a la hora de impulsar iniciativas legislativas.
En paralelo, Larreta aprovecha cada intervención pública para lanzar cuestionamientos indirectos hacia Jorge Macri. No se trata de un ataque frontal al PRO, espacio al que todavía pertenece, sino de señalamientos puntuales hacia la figura del actual jefe de Gobierno. La estrategia no es casual: convive la expectativa de captar votos dentro del mismo electorado y la incógnita sobre una eventual recomposición de alianzas más amplias.
Los ejemplos se multiplican. Al ser consultado sobre el proyecto del Monorriel, sostuvo que “lo que cambia es hacer las cosas”, porque hasta ahora “es una idea, un dibujo… Por ahí está bien pero va a servir si alguien lo hace. El gobierno lleva dos años, todavía no empezó el monorriel. Basta de hablar, hay que hacer”.
En la misma sintonía crítica, también respondió en redes sociales a un vecino que cuestionaba la poda de árboles y expresó: “ojalá no tengas que esperar a que yo vuelva dentro de dos años para que te corten la rama”. En las imágenes de sus cuadernos que decidió compartir, sobresalen términos y frases como “retroceso”, “cada vez peor”, “la mugre”, “nos trató muy mal” o “maleducado total”.
En el plano digital, Rodríguez Larreta comenzó a ensayar un registro algo más liviano, con guiños de humor acordes a su perfil rígido y asociado al trabajo permanente. En ese formato propone trivias para exhibir su conocimiento de la Ciudad de Buenos Aires y, en una de ellas, al señalar un error en una foto del subte, marcó un cartel de la línea F y lanzó: “La estoy buscando”.
Pese a las críticas, en el Gobierno porteño manejan cifras que muestran un respaldo mayoritario a la gestión de Jorge Macri. Una encuesta realizada en diciembre de 2025 por Aresco en la Ciudad señala que el jefe de Gobierno cuenta con una imagen positiva del 54%, frente a una negativa del 46%. Además, más del 52% de los consultados cree que el futuro de la CABA será igual o mejor, mientras que un 43,8% considera que estará peor.
El relevamiento también ubica a la seguridad como el área mejor valorada por los porteños, con casi un 73% de aprobación. Le siguen el ordenamiento de las calles y el control de las protestas, con alrededor del 68% de respaldo. Más atrás aparecen la imagen de la Policía de la Ciudad, cercana al 65%, y la gestión del transporte público, que ronda el 52% de aceptación.
