En los tramos finales de la campaña, la alianza entre La Libertad Avanza (LLA) y el PRO atraviesa un nuevo foco de tensión: desde el partido amarillo reclaman que el Gobierno asuma parte del operativo de fiscalización, pero se topan con la negativa de los sectores libertarios que estuvieron a cargo en las elecciones de septiembre, donde los resultados fueron desfavorables para el frente común.
El malestar dentro de la conducción bonaerense del PRO se origina en una situación que recuerdan de los comicios provinciales, cuando –según explican– los libertarios incumplieron los compromisos asumidos. Esta vez, la dirigencia amarilla insistió en que se les permita tener presencia en determinadas secciones electorales, tanto en tareas territoriales como de fiscalización, roles que no pudieron desempeñar en la elección anterior. Fuentes que integran el equipo de campaña señalaron que existen conversaciones en curso para lograr ese acuerdo, aunque admiten que hay resistencia en algunos distritos clave.
El debate cobró fuerza luego del ascenso de Diego Santilli como primer candidato de la coalición, lo que reactivó el aparato del PRO, que puso su estructura al servicio de la elección. El conflicto se intensificó la semana pasada, cuando referentes ligados a Patricia Bullrich y Cristian Ritondo expresaron su descontento ante las trabas impuestas por los libertarios para permitirles participar en la fiscalización del partido en La Matanza.
La fiscalización, en el centro de la disputa
La incorporación de Santilli modificó los equilibrios internos entre LLA y el PRO. El espacio liderado por Ritondo en la provincia de Buenos Aires tomó impulso y busca mayor protagonismo. El “Colorado” volvió a recorrer el conurbano bonaerense y a defender las ideas de Javier Milei en los medios, con la intención de aportar su red territorial al control de las urnas el próximo domingo. Los amarillos no quieren repetir lo ocurrido en septiembre, cuando lograron involucrarse en la fiscalización apenas horas antes de la votación.
Aun así, persiste un canal de diálogo entre las partes, y en el PRO confían en alcanzar una participación más activa en los comicios nacionales. Esa era, precisamente, la meta de la ampliación de la mesa política bonaerense encabezada por Karina Milei y Sebastián Pareja, a la que se incorporaron –tras la derrota de septiembre– figuras como Santiago Caputo, Ritondo, Santilli, Bullrich, Guillermo Montenegro, Diego Valenzuela, Ramón Lanús y Maximiliano Bondarenko. En cambio, José Luis Espert ya no forma parte de ese esquema.
Por fuera de esa estructura, el sector identificado con Santilli y Ritondo abrió contactos con referentes territoriales cercanos a Pareja. En La Matanza, sin embargo, el intento fracasó y derivó en cruces públicos con el equipo de coordinación municipal que lidera Luis Ontiveros, quien sostuvo que el proceso anterior fue exitoso: “En todas las elecciones aparecen los cuervos y oportunistas que buscan tirar operaciones. Después del 26 de octubre desaparecen”, afirmaron desde ese espacio. De todos modos, admiten que en otros municipios podrían concretarse avances, con legisladores e intendentes articulando tareas en cada sección electoral.
¿Figura clave o posible chivo expiatorio?
También circulan versiones dentro de LLA que apuntan a cierta falta de compromiso hacia la candidatura de Santilli, luego de la salida de Espert. Según esa interpretación, algunos sectores libertarios temen que un buen desempeño en las urnas posicione al “Colorado” como el salvador de una nueva derrota, fortaleciendo su peso político dentro de la alianza y frente a la Casa Rosada.
Por el contrario, una mala elección dejaría a Santilli bajo la lupa como responsable de no haber logrado revertir la caída legislativa tras el escándalo narco, mientras que figuras como Sebastián Pareja o Santiago Caputo quedarían menos expuestas. Este último, de hecho, suena con fuerza para tener un rol clave en la reconfiguración del gabinete de Milei después del 26 de octubre, lo que podría otorgarle aún mayor influencia en el nuevo esquema de poder.
