Guillermo González, sociólogo y columnista de «Decime que se siente» de Urbana BA, nos aporta su punto de vista sobre la herramienta tecnológica que cambió la sustancia del juego del fútbol. A pesar de las innovaciones que se implementaron para el Mundial de Qatar, sigue generando suspicacias. La selección se vio perjudicada en el primer partido ante Arabia, por el nuevo sistema semiautomático de fuera de juego. ¿El aficionado ve con buenos ojos el VAR o ya se había acostumbrado a convivir con el error humano?
La ineludible respuesta al título de esta nota, ha sido dada ya tiempo atrás por el cantante Carlos Solari —más conocido como el Indio Solari—, con la frase certera e implacable: “todo un palo, ya lo ves”.
El VAR apareció hace algunos años para acabar —o cuanto menos reducir a una mínima expresión— las jugadas polémicas, producto de fallos arbitrales dudosos o cuestionables. Sin embargo, ya con un cierto recorrido, debemos lamentarnos que lejos de haber cumplido con dicho objetivo, más bien ésta tecnología, haya suscitado un sinfín de nuevas polémicas, las cuales además, se han visto especialmente exacerbadas durante el transcurso de la actual Copa del Mundo, por la combinación del nuevo off side semiautomático y la extrema rigurosidad con que los árbitros señalan penales, allí donde ni siquiera es posible observar “mancha”.
Tal es así que nos topamos actualmente frente a una dicotomía de incertidumbre: la de saber que cualquier selección, en un determinado momento, pueda verse perjudicada por jugadas de fuera de juego milimétricos, que dejan muchísimas dudas, —como por ejemplo el de Lautaro Martínez en el debut mundialista, sancionado por un hombro, que para colmo de males, el VAR tomó mal al último hombre saudí—. O de ser beneficiadas por penales imposibles de justificar —como el de Arabia Saudita frente a Polonia—.
Situaciones que desvirtúan por completo el juego, obligándonos a los hinchas a gritar los goles con mesura o lo que es peor, atragantarnos luego de las anulaciones de los mismos, y a los futbolistas, a marcar con una distancia más propia de una perimetral judicial que de un deporte de contacto, por temor a que ante cualquier roce o mínimo soplido, pueda derivar en un penal “imposible de cobrar”, pero que efectivamente sancionan, por ver la jugada una y mil veces y en todas las velocidades, una atrocidad que la tecnología aplica en el fútbol moderno.
Párrafo aparte para subrayar la escasa convicción que exhiben los árbitros, aspecto no menor, que juega un papel fundamental a la hora de evaluar la problemática, dado que estos suelen muy notoriamente dejarse influenciar por el Video Asistant Referee. De este modo, nos encontramos con escasísimos casos en los que luego de acceder a ver la jugada en el monitor —aun cuando la misma no amerite sanción alguna y todos los televidentes, nos estemos escandalizando en tiempo real por lo absurdo de la polémica—.
¡¡Réferis!! tengan el valor de descartar las “sugerencias” del control central y sostener su postura inicial.

“Pocas cosas son tan interesantes como que un árbitro se equivoque. El error humano nos constituye, y el VAR interrumpe la emoción, pues tienes que esperar minuto y medio para poder gritar. Sin embargo, solucionará algunos conflictos, si se usa de manera moderada para corregir abusos, quizá tres veces por juego, aunque su principal intención es recuperar la credibilidad de la FIFA” Juan Villoro – Escritor mexicano.
Fragmento de la conferencia “futbol e identidad social” organizada por UNAM
Ahora bien, surgen algunas preguntas que seguramente no tengan respuestas categóricas, pero sobre las que quizás sea necesario que la comunidad futbolística toda reflexione:
¿Está en la esencia del fútbol desde que se inventara la ley de fuera de juego, el anular los goles por presuntos adelantamientos que precisan de un calibre para medir «milímetros más, milímetros menos»? (¿A cuánto estamos de un offside de oreja?)
¿Son menos gravosas las polémicas suscitadas vía VAR, con multiplicidad de árbitros
evaluando una jugada e infinidad de repeticiones?
¿Generan menos suspicacias e indignaciones que antaño las equivocaciones con las
nuevas herramientas y facilidades brindadas por la tecnología?
¿Ganó el fútbol en justicia desde que se incorporó el VAR? O mejor dicho, ¿nos
sentimos ahora más seguros por la supuesta “garantía de justicia” que la herramienta
implicaría?
Si la mayor parte de estos interrogantes son contestados de forma negativa, tal vez sea hora de barajar y dar de nuevo, porque el VAR, colisiona contra el espíritu del juego, lo ralentiza y vuelve eternos los partidos. Además le quita naturalidad a los festejos y tiene un evidente efecto psicológico en el equipo que se siente perjudicado con la decisión.
Por favor: No conviertan al fútbol en otro deporte.
