Necesitamos una corriente de pensamiento inspirada por todos aquellos que creen en el bien común, que aman su patria, que tienen valores, que sienten que un futuro mejor es posible, que den participación real a los jóvenes, que descarten de plano la hipocresía y reconozcan los problemas para intentar solucionarlos.
Por Horacio Roberto Gracía, precandidato a Intendente
Tarde tranquila. Terminan de irse mis últimos nietos. Hoy, día en familia. Unos mates con mi señora y ahora un rato de reflexión, como siempre aprovechando la computadora como un elemento para interactuar conmigo mismo y de paso compartirlo con quienes lean mis notas, con mis vecinos de San Martín.
Pensaba en un diálogo que tuve esta semana con unas vecinas que concurrieron al Centro de Estudios. Con ellas hablamos de la problemática del distrito, de salud, educación, seguridad, valores y otras cosas más, y sentí que esperaban respuestas inmediatas, o soluciones mágicas, como si el enunciado de medidas fuera garantía de cumplimiento. O no pudieran presentarse problemas complejos y en ocasiones no previsibles. Y esto me llevó a la idea de que muchas veces no nos permitimos crecer, porque crecer es libertad. Cuando uno deja la casa de los padres gana en libertad y asume compromisos individuales. Y en esto se basa el crecimiento como ser humano, en cambiar la seguridad y protección por libertad y decisión.
Pero esto que ocurre a nivel individual no se transmite a la sociedad como conjunto. Siempre en una tradición caudillezca se espera al líder, "que todo lo sabe, que todo lo puede", para que nos conduzca y nos muestre el camino, identificándolo con todo lo bueno por sus seguidores y con todo lo malo por sus detractores. Siguiendo personas y no ideas. Muchas veces no siendo objetivos y transformando militancia en fanatismo.
Necesitamos una corriente de pensamiento inspirada por todos aquellos que creen en el bien común, que aman su patria, que tienen valores, que sienten que un futuro mejor es posible, que dé participación real a los jóvenes, que descarte de plano la hipocresía y reconozca los problemas para intentar solucionarlos. Eso no reside en un líder carismático sino en un conjunto de hombres y mujeres que crean en una idea, en un proyecto, y sepan transmitirlo y llevarlo adelante con eficiencia, sentido común y honestidad.
Tanto para un gobierno como para la oposición, se necesita personas comprometidas en cada uno de los partidos, con las ideas de sus doctrinas respectivas, que muchas veces no se cumplen por sus dirigentes.
Es necesario producir trasvasamientos y no dificultarlos, una dirigencia, con dirigentes y pueblo consustanciados en un proyecto, diálogo constructivo y no pelea salvaje ante cualquier tema. El futuro es hoy. Creo que debemos madurar, necesitamos estadistas, pero simples, eficientes, con sentido común, y honestos en las diferentes áreas de gobierno. Si seguimos abonando al salvador de la Patria, el líder todopoderoso, posiblemente seguiremos sin solucionar los problemas de fondo de nuestro querido país.
Como siempre digo, no espero se comparta mi criterio, acepto el del otro y crezco con el disenso.
