Después de pasarse horas hablando de “la derecha” y la “vuelta al 2001” que representa la oposición política, ante una orden de arriba, el justicialismo oficialista suspendió peleas o chicanas y se abroqueló en torno al proyecto “nacional y popular”, aunque a la vez duhaldista y menemista, a juzgar por los nombres que lo representan y respondieron a esos rótulos en los años noventa. Quedó sellada la unidad electoral entre Francisco Gutiérrez y Aníbal Fernández.
Fue el ministro Aníbal Fernández quien trajo la “novedad” y la comunicó en un plenario de su agrupación: la unidad que no llegaría por nada del mundo, se produjo en menos que canta un gallo ante una indicación del comando central. Aníbal Fernández y Francisco Gutiérrez, “enfrentados” por cuestiones ideológicas en el modo de entender el movimiento que les da lugar a ambos, optaron por suspender tales preocupaciones para darse la mano en las elecciones, sumando voluntades de otros signos políticos poco relacionados con Arturo Jauretche o con Rodolfo Walsh.
SE CAE LA SESIÓN
El intendente Gutiérrez debía responder a una interpelación solicitada por 17 concejales, entre los que se encontraban los que responden a Aníbal Fernández, pero los cambios de planes hicieron cambiar pareceres. El bloque de Fernando Rizzi, y el de Unión Celeste y Blanca representado por Eduardo Miranda y Carlos Posch, permitieron hacer caer la sesión para que el funcionario designado por el intendente no tuviera que bajar a dar explicaciones al Concejo Deliberante. Se plegaron a la ausencia el presidente del cuerpo Gustavo Filareti y el concejal Alberto De Fazio.
UNA COMEDIA CÍCLICA
En tan disciplinada actitud, el peronismo local le dio la bienvenida al ex presidente Néstor Kirchner, en su primera visita al distrito, demostrando que la coherencia y los enfrentamientos pueden dejar paso a una prolija obediencia cuando está en juego la fuente de votos que permite tales “desencuentros” luego devenidos en fraternos compañerismos.
Más allá de que viejos conocedores del mapa bonaerense lo habían advertido como algo inevitable, el caso particular de Gutiérrez es complicado por haber sido votado por su expresa promesa de encarnar algo distinto y opuesto a la gestión anterior, más identificado con el Polo Social que con el justicialismo, y luego afirmar que solo habría unidad si los sectores que “estuvieron contra el pueblo” hacen “una autocrítica”.
Tales desvelos quedaron atrás para proteger del avance de “la derecha” al “modelo” defendido por Scioli y por Kirchner, artífices de las políticas de los años noventa, que hoy encarnan indicadores de pobreza similares pero en nombre de “la izquierda” o del “modelo nacional y popular”. Y en el mismo lodo, todos manoseaos. Algunos observadores suelen sorprenderse cuando la prensa hace un elemental ejercicio de recordar el pasado reciente de quienes acostumbraron a los bonaerenses a sus volteretas y saltos olímpicos, pulverizando la confianza en los partidos políticos y las ideas. Simplemente no puede dejar de hacerlo, como actor que pretende ayudar mínimamente a comprender los problemas.
“SOLDADOS DEL PUEBLO”
Entre los que acompañaron a Kirchner, definido como un “soldado incondicional del pueblo” –soldado que batalló diez años en filas menemistas, mientras se sumergía la cabeza de ese pueblo-, se encontraban el Ministro del Interior, Florencio Randazzo; el gobernador Daniel Scioli; el vicegobernador Alberto Balestrini; el secretario de Obras Públicas, José López; el Ministro de gobierno bonaerense, Eduardo Camaño; los diputados nacionales Carlos Kunkel y Diana Conti; el diputado provincial Daniel Gurzi; el titular de la UOM, Antonio Calo; el padre Luis Farinello; los Intendente Alberto Regueiro y Carlos Rossi, de Lomás de Zamora.
No hace falta ser un tremendo conocedor de la política para detectar que entre los que se emocionaron cuando Néstor los invitó a marchar “juntos a la consolidación de este modelo que está cambiando el país”, se encuentran activos duhaldistas y menemistas restaurados que, antes de amenazar con vueltas al pasado, deberían empezar por reconocer que son parte esencial del mismo y activadores de esa bomba de tiempo en que se convirtió el país a fines de los años noventa.
Por Ariel Kocik

