El oficialismo consiguió 15 votos para respaldar los gastos y la ejecución presupuestaria del último año.
La sesión de este martes en el Honorable Concejo Deliberante de Tigre no solo dejó aprobada la rendición de cuentas 2025 de la gestión de Julio Zamora. También terminó por exhibir un nuevo reordenamiento político dentro de La Libertad Avanza en el distrito, con consecuencias directas sobre la gobernabilidad local.
Tal como se especulaba en la previa, el oficialismo necesitaba apoyos externos para validar los números de la administración municipal. Finalmente, Zamora logró reunir 15 votos afirmativos contra 7 negativos, consiguiendo el respaldo de un sector de los concejales libertarios y de Juntos por Tigre para aprobar los gastos y la ejecución presupuestaria del último ejercicio.
El bloque oficialista aportó sus nueve votos con Miguel Escalante, Alejandro Ríos, Denis Rafar, Analía Padua, Cecilia Ferreira, Lucas Gianella, Adriana Paludi, Marilina Silva y Federico Stachowiak. A ellos se sumaron cinco concejales de La Libertad Avanza Tigre: Sofía Bravo Adamoli, Diego Avancini, Ximena Pereyra, Claudio Baumgarten y Milagros Rocío Rodríguez, además del edil de Juntos por Tigre, Marcelo Barrios.
En la vereda opositora votaron en contra los concejales de Fuerza Tigre Luis Samyn Duccó, Mariela Lomes, Sebastián Rovira, Adriana La Magna, Juan Manuel Reboredo Rodríguez, junto a Juan Furnari y Josefina Pondé, dos dirigentes libertarios cuyo posicionamiento representó la principal novedad política de la jornada.
La votación estaba rodeada de expectativa porque podía funcionar como termómetro del nuevo escenario libertario local. En las últimas semanas, la irrupción de Miguel Schmukler, dirigente cercano al ministro de Economía Luis Caputo y avalado por el armado nacional de La Libertad Avanza, comenzó a modificar el equilibrio interno del espacio violeta en Tigre, desplazando del centro de la escena al ex candidato a intendente Segundo Cernadas.
Hasta ahora, el sector político referenciado en Cernadas había acompañado de manera sistemática las iniciativas del zamorismo, incluidas anteriores rendiciones de cuentas y proyectos sensibles para la gestión, como el desarrollo urbanístico de nuevas torres en el distrito. Sin embargo, el rechazo de Furnari y Pondé marcó un cambio respecto de esa lógica de acompañamiento y dejó al descubierto tensiones dentro del espacio libertario.
La incógnita previa giraba justamente en torno a si el nuevo alineamiento libertario implicaría un endurecimiento opositor hacia Zamora o si algunos sectores continuarían garantizando gobernabilidad. El resultado terminó mostrando una convivencia de ambas posiciones: mientras un grupo de concejales libertarios acompañó al Ejecutivo, otro tomó distancia y votó en contra.
Durante el debate, el presidente del bloque opositor, Sebastián Rovira, cuestionó con dureza la gestión municipal y apuntó contra obras aún inconclusas, como el teatro de Don Torcuato y el polideportivo de General Pacheco. También reclamó mayor transparencia en licitaciones, compras municipales y ejecución de obras públicas, además de cuestionar la falta de información pública sobre funcionarios municipales.
Pese a las críticas, Zamora volvió a reunir los votos necesarios para sostener su administración en el Concejo Deliberante. Sin embargo, la sesión dejó un mensaje político que excede los números: el esquema de acuerdos que durante años sostuvo parte de la gobernabilidad local parece entrar en una nueva etapa, atravesada por disputas internas libertarias y reacomodamientos de cara al escenario electoral que viene.
