Un grupo de periodistas de San Martín, entre ellos Mara Fernández Brozzi, dicta un curso a los reclusos del penal ubicado a la vera del Camino del Buen Ayre. La colega afirmó que por fomentar el pensamiento crítico no gozan de la simpatía del personal del sistema penitenciario, pero que el esfuerzo vale la pena para que los privados de la libertad conozcan otras opciones y tengan más posibilidades cuando las rejas se abran.
La periodista Mara Fernández Brozzi dicta un taller de periodismo social en el Servicio Penitencial de José León Suárez, donde funciona la Unidad número 48. Además, los reclusos participan de cursadas de poesía y música promovidas por la Universidad Nacional de San Martín.
A través de una salida transitoria del penal, el pasado 15 de diciembre, cinco de los diez integrantes del grupo Rimas de Alto Calibre pudieron tocar en el Campus de la UNSAM. Entre ellos estuvo Diego Tejerina, un interno que estuvo 11 años encerrado.
“Rimas de Alto Calibre pertenece a un taller de música, que forma parte del terciario universitario de la UNSAM. Los integrantes de la banda también forman parte del taller autogestionado de periodismo social”, dijo Fernández Brozzi a La Noticia Web.
¿Cómo surgió la posibilidad para que los chicos puedan tocar en la Universidad de San Martín?
Fue promovido por la propia Universidad de San Martín. El jueves pasado tuvimos el último día de clases de este año. Luego de nuestro cierre fuimos hasta la UNSAM a acompañar a los chicos. No conozco muchos más detalles porque lo promovió la Universidad y el taller de música.
¿Qué se puede hacer para que los chicos puedan reinsertarse en la actividad civil?
La reinserción es complicada. Vivimos en una sociedad que estigmatiza. Tienen una marca de por vida. No es sencillo para quienes recuperan la libertad poder reinsertarse en un trabajo. Estadísticamente no te puedo dar un número, pero muchos vuelven al delito porque se les cierran puertas permanentemente. Nuestra idea cuando comenzamos el taller fue establecer puentes entre el afuera y el adentro. Pero la realidad no es tan buena como la que todos deseamos.
Imagino que los talleres fortalecen espiritualmente, muestran una ventanita de esperanza, y vos trabajas para alimentar esta posibilidad.
Nuestro taller es autogestionado y no tiene los requisitos de algún otro de extensión universitaria. El nuestro es uno de los más numerosos en la Unidad 48, tenemos cerca de 70 alumnos por jueves, y que se van renovando. Nosotros no pusimos como requisitos que sean estudiantes universitarios, entonces la mayoría de los chicos que vienen son de pabellón de población, los de peor conducta, entre comillas. Vimos que este año muchos vinieron por primera vez, y se fueron quedando, descubrieron que escribir les gustaba y que tenían muchas cosas para sacar. Y hoy muchos dicen que tienen ganas de dedicarse al periodismo cuando salgan. Descubrieron un costado que no sabían que tenían.
¿Cómo se encara la cursada, qué se les enseña a los chicos?
El taller surgió hace un año y medio, por pedido del centro de estudiantes. Nos juntamos un grupo de compañeros y nos decidimos a dar el taller, que surgió por una necesidad de ellos. El taller de periodismo no deja de ser una excusa para aprender entre todos. Hacemos clases teóricas, con lo básico del periodismo, las cinco dobleve, pirámide invertida, crónica, entrevista, pero también hacemos hincapié en visibilizar lo que pasa ahí adentro, lo bueno y lo malo.
¿Transita el periodismo o va hacia la literatura?
Es periodismo. Aparecen notas con poesía en una revista que ya tiene tres números, que se llama Hablando desde el silencio, pero la base es el periodismo.
¿Y las autoridades cómo toman que ustedes puedan llegar a fomentar cierta mentalidad crítica?
Tuvimos muchos problemas con el servicio. No están contentos con el taller, si bien no lo exponen abiertamente. Muchas veces quisieron cancelar el taller, tuvimos impedimentos para entrar. Pero somos tercos y seguimos insistiendo. Este año conseguimos que las chicas de la Unidad 46 puedan venir a cursar el taller. Hasta ahora hay seis chicas. Esa fue una batalla ganada al servicio porque las mujeres no tenían absolutamente nada y hoy el taller es mixto.

