Cuando las cosas no están claras, es bueno volver nuestra mirada al origen para reencauzar las acciones. El momento fundacional del Peronismo fue el 17 de octubre de 1945 y allí, las primeras palabras de Juan Domingo Perón, su consigna más potente para su pueblo allí reunido fue, ¡trabajadores únanse!
¿Pero cómo llegar a la unidad? No suele ser un punto de partida, pero sin ella no hay posibilidad de triunfo popular. Tampoco se trata solo de la CGT, que en agosto parecería que llegará a algún tipo de acuerdo.
El peronismo presenta hoy distintos agrupamientos, el kirchnerismo, el PJ, el Movimiento Evita, etc., lo cual no sería grave si se estuviera dispuesto a aceptar las leyes del juego democrático, en el cual se va a una interna y donde cumpliendo el apotegma peronista, el que gana conduce y el resto acompaña.
Pero no seamos ingenuos. En esta división –y no es la primera en nuestra historia- hay más proyectos personales que discusión política. También tengamos en cuenta que opera nuestro enemigo, nombrémoslo sin abajes ni agachadas, es Macri y su gobierno que juega a mantener esas diferencias, con «carpetazos», con aprietes y con negocios.
Si miramos para adentro del campo popular –y es necesario que así sea- podemos concluir que perdimos las elecciones de 2015 porque dejamos de convocar al conjunto y confiamos más en las redes sociales y comprar espacios en los medios de comunicación que en los militantes. En esos militantes que, muchos de ellos por primera vez, pusieron todo: voluntad, dinero, creatividad para que esto no ocurriera. Y ahí reconozcamos una deuda.
También es necesario que contemplemos que si le pagamos a los fondos buitres y en seis meses nuestro enemigo –representado por Macri- pudo avanzar lo que a la dictadura de Videla y al menemismo le llevó años, es porque una parte de nuestra dirigencia defeccionó, votó y miró para otro lado.
Hoy los medios de comunicación insisten en mostrar la disgregación peronista asociándolas a las denuncias de corrupción, repitiendo el esquema que siguieran en 1955 cuando acusaron a Perón de haberse llevado millones de dólares y a Isabel Perón por malversación de fondos, porque de lo que se trata no es de perseguir un corrupto –que nadie podría oponerse- sino a identificar al peronismo con el ilícito y la corrupción. Si ese hecho existe y se tienen pruebas de ello –nos referimos a pruebas materiales y no solo mediáticas- es una cuestión policial que espera resolución judicial, y no un espectáculo de escavadoras y helicópteros que nada muestran.
Debemos hablar de política, que no es cháchara sino, por ejemplo, por que le compramos gas a Chile, que no es productor del mismo sino que lo importa de Bolivia –nuestro histórico proveedor- a 7 millones de dólares el BTU –que es la unidad de medida- mientras que su productor boliviano lo vende a 3 millones de dólares el BTU, pero resulta que la empresa que compra el gas en Chile y se lo vende a Argentina es la Shell, empresa de la cual no solo fue CEO Juan José Aranguren- actual ministro de Energía y responsable de la operación- sino que posee acciones de la misma compañía… o sea, participa de sus beneficios y vos pagas más el gas. ¡Ah, si tenés frío, el ministro te aconseja que uses pullover! Y el adalid del republicanismo. Elisa Carrió, mira otro canal.
Si somos tan «sinceradores», hablemos de como creció la economía real, la productiva, esa que genera puestos de trabajo de gente que luego consume en el mercado interno –y por ejemplo, le compra leche a sus pibes- pero lo que encontramos es una política que eliminó alrededor de 170.000 puestos de trabajo… y todavía no se ha dado la última palabra al respecto.
Tampoco se puede ignorar que hay una creciente pauperización de la población, de la cual tenemos una muestra insospechada. Los productos que tienen su lugar en el mercado, como si dijéramos la Coca Cola o las Aspirinas –que son marcas comerciales- son denominados por el marketing como «vacas lecheras» y precisamente ese rubro en La Serenísima era la leche, a nadie hay que explicarle de que se trata o que beneficios posee, sin embargo ha sido necesaria una campaña publicitaria para incrementar su consumo, pues, depende la provincia donde se mida, el mismo bajó entre el 25 y 30%.
Desde la abuela de Piluso en adelante, la convocatoria a tomar la leche es para los pibes, con lo cual el hecho publicitario nos revela que en una de las economías del G20 hay pibes que comienzan a pasar hambre.
Cuando «estábamos mal» discutíamos si los trabajadores debían pagar el impuesto a las ganancias –te acordás Hugo- y ahora que vos guardás silencio, el sinceramiento de Macri nos obliga a discutir la pérdida de puestos de trabajo y el hambre.
Todo ello hace que frente a la sociedad y frente a los requerimientos electorales del 2017 se logre una unidad real y no formal del peronismo. Si no todos, al menos la mayoría. Y recordemos lo que decía Roque Sáenz Peña –autor de la ley por la cual seguimos rigiéndonos en el voto- ¡sepa el pueblo votar! Y nosotros, junto al periodista Roberto Navarro, le agregamos ¡no nos tomen por boludos!
