Tras la salida de Marco Lavagna, el Ejecutivo ratificó que no aplicó el cambio metodológico previsto y confirmó que diseñará un nuevo índice una vez cerrado el proceso de desinflación.
La controversia en torno al INDEC no se cerró con la renuncia de Marco Lavagna. Por el contrario, el Gobierno profundizó su postura y dejó en claro que descartó la fórmula que impulsó el exdirector y avanzó en el diseño de un nuevo sistema para medir la inflación. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que ni él ni el presidente Javier Milei avalaron la metodología que estaba lista para entrar en vigencia.
El eje de la discusión se concentró en el momento y en la base técnica del cambio. Caputo sostuvo que el nuevo índice se apoyó en una encuesta de hogares que ya no reflejó los hábitos actuales de consumo. “La Encuesta Nacional de Hogares en la que se basa el nuevo índice no es de ahora, es de 2017, 2018, en el medio pasaron una pandemia, un montón de cosas”, explicó en una entrevista televisiva.
Desde el Palacio de Hacienda remarcaron que el problema no pasó por la decisión de actualizar el IPC, sino por hacerlo en medio de un proceso de baja de la inflación. El ministro lo sintetizó con una definición clara: “Si vamos a hacer esto, lo lógico es terminar el proceso de desinflación con la misma medición que venimos midiendo siempre y realizar una nueva encuesta de hogares que refleje los cambios actuales”.
En ese marco, el Gobierno confirmó que impulsará una nueva encuesta de gastos e ingresos de los hogares, con el objetivo de construir una fórmula distinta a la propuesta por Lavagna. Caputo insistió en que el índice preparado resultó “nuevo pero desactualizado”, ya que los patrones de consumo actuales difirieron más con los de 2018 que con los de etapas anteriores.
El ministro también rechazó versiones sobre tensiones internas o maniobras sobre los datos oficiales. “No hay nada que ocultar”, aseguró, y explicó que Lavagna había quedado comprometido con una fecha de implementación que el Ejecutivo nunca convalidó. “Marco quería cambiar el índice y ya tenía una fecha. El Presidente, desde el minuto uno, tuvo una bajada de línea que era que se haga cuando ya esté el proceso de desinflación terminado”, señaló.
Caputo apuntó además contra la oposición y la responsabilizó por el impacto financiero que rodeó la discusión. Habló de “un ataque político fenomenal” que afectó al riesgo país y a las expectativas inflacionarias. En ese contexto, sostuvo que la salida del titular del INDEC se dio en buenos términos y buscó despejar dudas en los mercados. “Se están diciendo muchas mentiras”, afirmó.
Mientras tanto, el Ejecutivo ratificó la continuidad del esquema actual para medir la inflación y anticipó que el índice de enero se ubicó en niveles similares a los del mes previo. En paralelo, respaldó al nuevo titular del organismo estadístico, Pedro Lines, a quien Caputo definió como “intachable” y destacó como un técnico respetado dentro del instituto.
Así, la polémica por el INDEC abrió una nueva etapa, con el compromiso oficial de avanzar hacia otra fórmula de medición, aunque sin plazos definidos. El Gobierno apostó a cerrar primero la etapa de desinflación y postergó cualquier modificación hasta contar con una base estadística que refleje los hábitos de consumo actuales.
