Las elecciones legislativas del próximo fin de semana anticipan una reconfiguración en el Senado, aunque el nuevo mapa político difícilmente pueda definirse por completo durante la noche del domingo. La gran incógnita radica en cómo se repartirán las bancas que dejan y podrían ganar la Unión Cívica Radical (UCR) y el PRO, con gobernadores y legisladores divididos entre tres caminos posibles: sumarse al Gobierno, mantener su identidad tradicional o migrar al espacio en formación –y muy publicitado– Provincias Unidas, donde los mandatarios no siempre coinciden al votar proyectos sensibles.
El centenario partido atraviesa una etapa de tensiones internas, marcadas por una fuerte disputa entre los gobernadores y senadores que respaldaron a la Casa Rosada en los primeros meses de gestión, y aquellos que prefirieron negociar cargos y comisiones con los sectores más afines al kirchnerismo. La amplitud de posiciones explica las dudas sobre quiénes integrarán finalmente Provincias Unidas y si ese armado se presentará como interbloque. A diferencia de Diputados, ese espacio ya tiene presencia en la Cámara alta, aunque dista mucho de reflejar las fotos y los discursos difundidos en los últimos meses.
Algunos mandatarios jugaron en varios frentes a la vez, estrategia que podría repetirse el próximo 10 de diciembre. Esa misma lógica, en ocasiones, acelera o frustra la aprobación de una ley. También es cierto que dentro de la UCR hay dirigentes que se alejaron de las reuniones del bloque, desafiaron a sus autoridades y profundizaron las divisiones internas. En síntesis, los recientes movimientos confirman el rol de “furgón de cola” que la UCR parece no poder abandonar.
Actualmente, la bancada radical cuenta con 13 integrantes bajo la conducción del correntino Eduardo Vischi, un legislador que durante más de un año se mostró incluso más alineado con el oficialismo que los propios libertarios. Sin embargo, tras el fracaso del acuerdo electoral en su provincia, pasó a ser uno de los opositores más activos a la hora de abrir el recinto en contra del Gobierno. Esa transformación fue consecuencia directa de los errores políticos de la Casa Rosada, que pasó de proyectarse como ganadora –en alianza– a quedar relegada a un cuarto lugar.
Los 24 escaños en juego corresponden a Ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego, Entre Ríos, Chaco, Salta, Santiago del Estero, Neuquén y Río Negro. En el distrito porteño, la UCR pone en juego la banca de Martín Lousteau, quien se acercó rápidamente a Provincias Unidas y buscará continuar en el Congreso desde Diputados. En Tierra del Fuego, el que intentará renovar es Pablo Blanco; en Entre Ríos, dejará su lugar Estela Maris Olalla; y en Chaco, hará lo propio el respetado Víctor Zimmermann.
De este modo, de los 13 senadores actuales, el radicalismo podría quedarse con nueve o diez, en el mejor de los escenarios. La chubutense Edith Terenzi, ya incorporada a Provincias Unidas, podría contarse como una más. Lo incierto es cómo se reorganizará el nuevo bloque, históricamente atravesado por disputas internas que parecen no tener fin. Otros, más pragmáticos, prefieren no participar de reuniones si antes no vislumbran un negocio u “oportunidad”.
El PRO tampoco escapa a los conflictos entre sus representantes en la Cámara alta. Hace pocos días, el entrerriano Alfredo De Ángeli dejó la presidencia del bloque sin demasiado protagonismo, cerrando su paso con el recuerdo de la Resolución 125 como su momento de mayor exposición pública. Fue reemplazado por el misionero Martín Goerling, quien demostró manejar con mayor destreza los tiempos y resortes de la “Casa”. La larretista Guadalupe Tagliaferri, una de las figuras más destacadas del macrismo en el Congreso y luego relegada, también dejará su banca.
De las ocho bancas en juego, el PRO arriesga dos. Y, como en el caso radical, las definiciones dependerán de lo que resuelva Mauricio Macri tras conocer los resultados del domingo. En ese mismo plano, muchos observan con atención los movimientos de la Casa Rosada y se preguntan si Provincias Unidas logrará disputar espacios de poder o si, finalmente, todo quedará igual, con los mismos nombres y las mismas bancadas que ya conocemos.
