“Basta de disputas internas” es la consigna que empieza a prevalecer en el oficialismo del Senado, en medio de las presiones del sector alineado con Karina Milei y la posición que sostiene la jefa del bloque libertario
En el oficialismo buscan bajar la tensión interna y ordenar la convivencia política en el Senado, luego de semanas marcadas por roces y versiones de enfrentamientos. En ese contexto, un gesto de Patricia Bullrich hacia Karina Milei habría sido clave para descomprimir la situación dentro del espacio que lidera Javier Milei.
Durante una conversación entre ambas, la jefa del bloque oficialista en la Cámara alta intentó acercar posiciones y transmitir una señal de distensión. Según reconstruyen en el entorno libertario, expresó: “No tengo ninguna ambición, en el lugar que ustedes quieran yo voy a estar; pero cortémosla con las peleas porque no le hacen bien nadie”. La frase funcionó como punto de partida para recomponer el vínculo.
Tras ese intercambio, en el Senado comenzó a percibirse un clima más ordenado dentro de la bancada alineada con el Poder Ejecutivo. Si bien públicamente nunca hubo choques abiertos entre Bullrich y la secretaria general de la Presidencia, durante febrero y marzo circularon versiones sobre un malestar creciente de Karina Milei por la exposición que había ganado la senadora.
El trasfondo de ese enojo, según distintas versiones, estaba ligado al protagonismo que Bullrich había adquirido al capitalizar los avances legislativos del Gobierno durante las sesiones extraordinarias.
Uno de los episodios que más irritación generó fue un video difundido tras la aprobación de la reforma laboral en el Senado, el 12 de febrero. En esas imágenes, la legisladora celebraba el logro junto a su bloque, con escenas en los pasillos y dentro del recinto, acompañadas por la canción Vogue, de Madonna.
La reacción de Karina Milei no tardó en hacerse visible. Uno de los gestos más comentados fue la decisión de frenar el ingreso de Diego Valenzuela, cercano a Bullrich, a un área clave de Migraciones dentro del Ministerio de Seguridad.
A pesar de esas señales, la senadora no modificó su estrategia y continuó con una fuerte presencia pública. Se mostró activa tanto en su rol legislativo como en distintos escenarios: desde Expoagro, en contacto con el sector agropecuario, hasta el festival Lollapalooza, donde buscó acercarse a un público más joven, además de mantener una intensa actividad en redes sociales.
Su despacho en el Senado también ganó centralidad como espacio político. Allí recibió, entre otros, al gendarme Nahuel Gallo, tras su regreso al país luego de más de un año detenido en Venezuela, y a familiares de Germán Giuliani, quien permanece bajo custodia del régimen chavista.
En paralelo, mantuvo encuentros de perfil más reservado pero con fuerte contenido político, como una reunión con miembros de la YPO en el Salón Illia. En ese ámbito, la senadora defendió la gestión de Javier Milei y su enfoque ideológico, y dejó en claro su respaldo a una eventual reelección.
Las tensiones también se reflejaron dentro del bloque oficialista, donde comenzó a consolidarse un sector más cercano a Karina Milei, con una postura más dura en las negociaciones parlamentarias. Según describen desde la propia bancada, ese grupo cuestionaba los acuerdos que impulsaba Bullrich, tanto con la vicepresidenta Victoria Villarruel como con otros espacios aliados.
Entre los senadores identificados con esa línea aparecen Nadia Márquez, Joaquín Benegas Lynch, María Eugenia Orozco y Agustín Coto, a los que se suma Juan Carlos Pagotto, alineado con Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem, figuras cercanas a la secretaria general de la Presidencia.
Con el correr de las semanas, el conflicto empezó a descomprimirse. La señal de acercamiento de Bullrich y una redistribución de poder dentro del Senado —con Pagotto al frente de la comisión de Acuerdos y Coto en Asuntos Constitucionales— ayudaron a encauzar la situación y a evitar una escalada mayor.
De fondo, algunos analistas ven en estos roces una disputa a futuro por la candidatura en la Ciudad de Buenos Aires en 2027. En ese esquema, Karina Milei impulsaría a Manuel Adorni, aunque su situación reciente genera interrogantes, mientras que Bullrich aparece como una figura con peso propio que podría interferir en esos planes.
La senadora, sin embargo, descarta esa hipótesis. En conversaciones privadas, aseguran que sostuvo: “No tengo razón para desafiar a nadie. Ya me ofrecieron el oro y el moro para ser candidata a jefa de gobierno y dije que no. Que se queden tranquilos, donde quieran que esté yo voy a estar”.
Por ahora, el oficialismo logró recomponer la calma interna. El desafío será sostener ese equilibrio en un escenario político que sigue mostrando señales de fragilidad.
