Un equipo que tocó fondo, las decisiones inexplicables del entrenador y una clasificación que pende de un hilo. Un proceso que metió al equipo a Rusia por la ventana y nunca encontró un funcionamiento de juego. ¿El fantasma de Italia 90 o Corea-Japón 2002?
Por Marcial Ferrelli
Nunca es bueno hablar o escribir en caliente. Un rato después es mejor o no sé, pero estoy decidido a hacerlo.
El asunto es que lo que digito en el teclado se repite siempre, desde hace meses, es «la misma cantinela» diría mi abuela María Florinda. Es redundante decir que la selección jugó mal, fue apático en la entrega, perdió por goleada, cosas cada vez peores que giran sobre un eje, a la deriva y sin respuestas en ningún eslabón de la cadena.
Desde la línea superior de la organización que maneja el fútbol, las desprolijidades se suceden desde la comisión normalizadora y aquel «argentinezco» 38 iguales por la presidencia de la A.F.A, hasta este «papelón» decadente que nos hunde en el ostracismo del fútbol, del que alguna vez fuimos potencia.
Nos persigue el estigma Diego, tanto tanto que se le metió a Lio Messi y lo convierte en su kriptonita, cada vez que se calza la 10 de Argentina. La comparación permanente del quién es mejor, traspasó las fronteras del Pelé o Maradona, nos invadió y se convirtió en un maleficio sin salida para el crack del Barcelona.
En la timba del fútbol y los tiempos, a Messi lo perjudica la era de las redes sociales, una presión extra que Diego nunca tuvo que soportar más allá de los medios escritos, que no se viralizaban con tanta velocidad.
No hay duda de que los dos partidos de «la pulga» ante Islandia y Croacia, han sido malo y malísimo respectivamente. Semblante bajo, sin respuestas en la zurda, desconectado del mundo, de todo y de todos. Duele porque todos creímos, como siempre, que éste sí, que ahora que llegaba descansado y a punto para llevarse puesto al que se le cruzara. Haber lucido el traje de salvador ante Ecuador, lo puso a pelearle mano a mano, el próximo balón de oro a Cristiano, el Lex Luthor de turno. Pero Messi no está ¿Messi se fue?
Párrafo aparte para el otro responsable de la desidia que atraviesa el alma de este plantel. Jorge Sampaoli, una adquisición por TV Compras a la madrugada. Nos endeudamos y recibimos el producto, con las ventajas y los beneficios de haber ganado una Copa América y ser el sucesor de Bielsa en una selección sin historia. El fabuloso marketing nos enchufó un técnico, que nunca había dirigido en el país y que nunca había sido jugador. Pura fórmula numérica y formaciones innovadoras, seguimiento a jugadores que luego descartó por otros averiados, posiciones inventadas y un sinfín de metros recorridos al borde del campo, sin ver lo que hacían sus dirigidos. Nunca en 13 partidos, jugó dos seguidos con la misma formación y optó por no jugar amistosos preparatorios. En un Mundial las improvisaciones se pagan caro, la confusión genera caos y los objetivos se derrumban.
Los optimistas de siempre, acudirán a la memoria mundial y descansarán en la carrera en Italia 90, con un Diego cascoteado, aguerrido y mucha suerte en los resultados, pero finalista. Los de la otra vereda, la mayoría, no dejan de pensar en la angustiante eliminación en el 2002, el bielsismo ilustrado que sobrevuela el recuerdo colectivo.
Las plegarias son el factor común de un pueblo desgarrado emocionalmente con el resultado ante Croacia. Si hay algo de fortuna para la selección, Nigeria le puede dar la última vida. La de la gloria o el drama. La actitud valdrá el aliento de millones de argentinos.
