El filósofo e investigador de la UBA afirmó ante LaNoticiaWeb que “el sistema de la economía y la globalización hoy está en una crisis que probablemente sea terminal”. Agregó que “una parte de la sociedad comienza de ver de otro modo el papel del Estado”.
El presidente habló del posmodernismo y esta semana hizo referencia a cómo algo tan pequeño como un virus puede hacer tambalear todo un sistema económico y de producción que se sustenta en los principios del individualismo, egoísmo y acumulación de riqueza. Difícilmente el capitalismo desaparezca, ¿pero creés que hay principios que se resquebrajarán? ¿O los empresarios son antes que nada empresarios y no se correrán de su lógica acumulativa?
SI algo queda claro de esta pandemia, es que el sistema de la economía, la globalización, el capitalismo, hoy está en una crisis que probablemente sea terminal. Por lo menos una de sus formas del capitalismo: el neoliberalismo, que supuso debilitar el Estado, desahuciar los estados de bienestar, transformar a las sociedades en bienes mercantiles. Por eso la salud dejó de ser un derecho garantizado por el Estado para transformarse en una mercancía. El dominio del dinero financiero transformando la vida del sistema hasta un punto tal que lo único que hoy genera valor es la transformación del dinero, que es ficcional y abstracta. Pero también modos de sobreexplotar al planeta. Es una crisis civilizatoria. Cuando el presidente habla del posmodernismo, habla del hiperindividualismo, al egoísmo, a la desocialización que produjo el neoliberalismo, a la precarización de la vida. No sé si hay un más allá del capitalismo, pero sí hay que pensar urgentemente el día después y buscar otros modos de producción. El coronavirus proviene del reino animal, pero son el producto de la industrialización brutal que el sistema produjo sobre el cuerpo animal, desde la macro granjas donde se produce el interfaz del no humano al humano. Pero también el avance sobre la naturaleza salvaje. Hay que repensar el tipo de industrialización del agro. Se necesitan otros modos de cooperación y producción, ir contra la tendencia de la producción sistemática de soja, que está ligada a la deforestación, vinculado a ese interfaz. Está en crisis un sistema civilizatorio.
¿Cuán necesaria es esa reformulación?
Se vuelve imprescindible que los estados reformulen la relación con la economía, los mercados y con los empresarios. La tendencia natural, el ADN del capital, es la reproducción de sí mismo y de la maximización de la ganancia, no piensa en términos altruistas, en el otro, en términos solidarios. Piensa en su propia rentabilidad. El único que puede intervenir sobre el egoísmo estructural es el Estado, regulando, participando activamente en nudos de producción clave en la vida de las sociedades. No implica que el Estado controle desde afuera. Estos meses de caída de la actividad económica y la emisión de gases, mostró cómo la naturaleza puede recomponerse a sí misma. Pero si no revisamos las formas de producción, vamos a cometer los mismos errores. Ojalá sea un aprendizaje importante.
En momentos en que la imagen de un presidente cosechó grandes aceptaciones desde distintas clases sociales, vuelven a surgir convocatorias a cacerolear, levantando banderas de la antipolítica como bajar los sueldos políticos. ¿Una parte de la sociedad no necesita siempre sostenerse de algo para diferenciarse de un proyecto de Estado fuerte y distributivo?
Este acontecimiento modificó nuestra vida y hasta nuestros cuerpos, se suspendió aquello a lo que estábamos habituados, el tiempo transcurre de otra manera. Hay quienes repiensan certezas y sentido común. Pero no se borran las contradicciones dentro de las sociedades, la desigualdad, los mecanismos a través de los cuales se genera el sentido común y la subjetividad. Se pone en evidencia también la profunda desigualdad, el vaciamiento del Estado, los límites de un proyecto de economía que nos está llevando a la masacre. Pero eso no quiere decir que sigan proliferando formas ideológicas opuestas a la idea de un Estado social, con una sociedad más solidaria, un ingreso más equitativo, una redefinición del vínculo con la naturaleza. Pone en evidencia los racismos, la xenofobia. No me asusta que un porcentaje de la sociedad salga a cacerolear, que no se ofenda porque se fugaron decena de miles de dólares, o porque se benefició la rentabilidad de los amigos de quien fue presidente cuatro años. Una parte de la sociedad no quiere ver, tiene una suerte de obstáculo epidemiológico que no le permite ver más allá de sus narices. También hay que tenerlo en cuenta a la hora de pensar todo eso. Una parte de la sociedad comienza de ver de otro modo el papel del Estado, que la salud sea un bien público. Habrá que hacer un esfuerzo para remarcar la importancia de la solidaridad social y el rol de un Estado presente y solidario.
¿Fue casualidad que estas convocatorias hayan surgido luego de que el Presidente apuntara a los masivos despidos que están haciendo empresas con altos ingresos anuales?
No es casualidad que las convocatorias surgieran después de ese discurso del presidente. O después de lo que dijo en el sanatorio del gremio de camioneros. El poder real conoce los peligros para su propio poder discrecional, que genera esta experiencia inédita que pasa gran parte de la humanidad. El capitalismo financiero neoliberal tiene plena consciencia que, después de cuatro décadas, se rompió el sentido común generado por ese mismo neoliberalismo. Hoy Alberto Fernández representa la otra posibilidad, incluso para no pensar fuera del sistema, sino dentro del sistema donde el mercado sea intervenido por el Estado, y que el Estado distribuya mejor la riqueza que se genera en la sociedad. Esto implica que actúan para debilitar el poder del gobierno, el caudal de reconocimiento público gigantesco que tiene Alberto Fernández. Buscan generar una suerte de rechazo de la política e incentivar esa tendencia a la anti política, que vive en un núcleo nada despreciable de la sociedad. Se trata de nuevo de una enorme disputa por el sentido común. Ojala que esta experiencia sirva para revisar profundamente el tipo de sociedad que estamos construyendo. Reconstruir un Estado social tiene que hacerse en común de una profundización de la democrático, de la participación. Uno de los peligros en la salida a esta crisis es que se recree la fuerza del Estado pero bajo una lógica de Estado autoritario. El Estado debe representar los intereses democráticos de la sociedad, que el Estado intervengan en beneficio de los derechos del conjunto de la sociedad, respetando las libertades individuales y colectivas, las formas de organización, y se recree a sí misma generando una proliferación de miradas críticas que hacen a la riqueza de la democracia. Cuidado con llamar a la bestia negra de un Estado autoritario salvador, que venga a sacarnos la angustia ante la consecuencias del virus. El Estado debe ser intervenido democráticamente, que no vaya contra las libertades.
