Finalmente hubo Unidad en San Martín y el katopodismo abrió la lista a candidatos del kirchnerismo más ortodoxo. Pero en sectores K cercanos a Hernán Letcher hay malestar y desconfianza. Pensaban poder participar en las PASO por legítimo derecho. El concejal y Lauro Grande podrían compartir bancada en el Concejo Deliberante desde diciembre.
La lista del oficialismo de San Martín, con Gabriel Katopodis buscando revalidar su gestión y con el jefe de Gabinete Fernando Moreira al tope de la nómina de concejales, tuvo muchas idas y venidas durante el cierre de listas del día sábado.
En todos los distritos hubo que priorizar el acuerdo entre intendentes, kirchnerismo, peronismo y el desembarco de los massistas. En el medio, organizaciones sociales y gremios pujaban por lugares. Muchos actores y pocos escalones.
La lista de San Martín terminó demostrativa del acuerdo nacional y bonaerense. Un hombre de confianza del intendente al tope, una sabbatellista segunda, alguien del massismo en tercer lugar, una militante feminista del Movimiento Evita en el cuarto, y el diputado provincial Lauro Grande por La Cámpora en quinto lugar. Recién en el sexto escalón apareció otra dirigente del katopodismo puro.
Tras las negociaciones de última hora entre Katopodis y Máximo Kirchner, fue el diputado provincial Lauro Grande el encargado de cristalizar el acuerdo en San Martín con el propio intendente y sus principales dirigentes.
La nueva coyuntura lo dejó a Lauro sin posibilidades de reelección. A partir de ahí, Grande priorizó tener un lugar como concejal en San Martín. Katopodis aceptó la lógica de repartir el segundo y quinto espacio para el kirchnerismo más duro. El primer cupo femenino entonces fue para la sabbatellista Romina Gassmann, por lo que Carolina Pedelacq, del Movimiento Evita, quedó relegada al cuarto escalón, por gentileza de la agrupación Lealtad y Solidaridad que cedió su lugar.
En la tarde del sábado la militancia kirchnerista que acompañaba a Letcher estuvo inquieta y nerviosa. Ya el viernes habían presentado avales ante el Frente para poder participar de la PASO por legítimo derecho bajo el argumento de que Katopodis se fue y volvió dos veces. Y no pararon de acusarlo de traidor en los últimos meses.

Las negociaciones entre katopodistas y kirchneristas fueron encabezadas por Lauro Grande. Fue el diputado empoderado por Máximo para llevarlas a cabo.
El concejal Letcher acató lo indicado por La Cámpora y prometió militar las fórmulas Fernández-Fernández y Kicilof-Magario, pero perdió protagonismo o se retiró literalmente de las negociaciones con el oficialismo local. Él y su entorno habían asegurado hasta el último día que iban a poder competir en las PASO.
“En 2015 fuimos a las PASO, en 2017 fuimos a las PASO. No nos molesta. Es una herramienta que se puede usar. En 2011 también hubo PASO en San Martín. Son herramientas posibles. Venimos trabajando. Eso no quiere decir que no dialoguemos con todos los sectores dentro de la política de San Martín”, había dicho Lauro Grande en Radio UrbanaBA, hace 15 días.
Lo cierto es que Hernán Letcher recibió un llamado importante el día viernes. Le dijeron que debía postergar sus aspiraciones de presentarse ante las urnas. El concejal había sido candidato en 2015 y perdió la interna. Tenía legítimas aspiraciones y construcción territorial para reclamar la participación. Y quienes lo rodean confiaban en su estrecha relación con Máximo Kirchner para conseguir un lugar en la PASO. Pero primó la necesidad de tener listas de consenso en los territorios.
Letcher tiene mandato por dos años más en el Concejo Deliberante, y seguramente desde diciembre compartirá bancada con Lauro Grande. ¿Pero cómo quedaron las relaciones entre ambos luego del cierre de listas?
En la militancia letcherista hay enojo. Por whatsapp circularon muchos mensajes en estas horas. Dicen no querer trabajar por la boleta del intendente. Es la misma metodología que se usó en 2015 luego de perder la interna.
No saben si decirle traidor a Katopodis o a su propia conducción. Al fin y al cabo, desde la mesa chica de La Cámpora bajaron la orden de unificar, en sintonía con los tiempos del nuevo contrato social que exige Cristina.

