El peronismo parecía ir hacia una división y disputar el poder local en la interna. La pelea parece derivar hacia los grises de la política, donde las necesidades de cada parte impondrían dejar de lado diferencias para negociar.
El PJ de Quilmes está por definir cómo sale a la cancha. Aníbal Fernández pareció “restar” importancia a una interna donde acaso tenga más por perder de lo admitido-, y por ahora lo suyos “imputan” a Francisco Gutiérrez su pertenencia al Polo Social. Detalle que no suena esencial, en un PJ variado, en año de “normalización”. Gutiérrez confiaba en la competencia como legitimador y como señal hacia arriba de control local. Entre sus aliados se desliza la posibilidad de un acuerdo con los hasta hoy férreamente opositores, para garantizar la gobernabilidad. El camañismo, puntal del “Barba” en la puja electoral, sugiere firmar un “cese de hostilidades”: no serán aliados los derrotados en las pasadas elecciones, pero se pide un freno al “combate” legislativo, vía el aval de la cúpula del partido.
Funcionarios de Gutiérrez sugirieron un posible cambio de sello si el oficialismo no auxilia las urgencias de Quilmes –como la construcción de viviendas- y si el Frente Para la Victoria local no contribuye a la marcha de su gestión. Dicen que al ARI le entusiasma la idea de seducir a nuevos desencantados con los Kirchner. Pero parece sólo un mensaje. El gobierno comunal no recibió el apoyo nacional esperado. Ahora se menciona la crisis económica como causa de la escasez de aportes para Quilmes, pero el motivo principal, según el común de las sospechas, es político. Desgastado por un proyecto de reforma fiscal que permanece trabado en el Concejo Deliberante, sería lógico que la gestión ensaye otras soluciones. Los llamados telefónicos a referentes nacionales de la Coalición Cívica, para convencer a sus ediles quilmeños, no dieron resultado, pero un aumento de tasas más medido sería factible de ser apoyado por los “lilitos”.
ARBITRAJE K
Las gestiones entre el intendente de Quilmes, el ministro Aníbal Fernández y Néstor Kirchner, y el auspicio del diputado Carlos Kunkel, allegado al gobierno de buena relación con el “Barba”, muestran un intento por destrabar la situación local. Gutiérrez hizo campaña sin ayuda de la boleta de Cristina, lograda a último momento, y obtuvo un triunfo meritorio pero difícil de administrar. Entre el peronismo gobernante -con el que hay fricciones-, y el soporte parcial del ARI local, el “Barba” se debate para garantizar la gestión. La prometida tolerancia y el restablecimiento institucional, no fueron tan difíciles como un mínimo acuerdo con los propios “compañeros” de partido, mucho más antagonistas, por lejos, que el ARI o el Pro. El panorama es contradictorio y tiene como trasfondo un año difícil donde los conflictos políticos modificaron todo el cuadro. El kirchnerismo perdió aliados y hay intendentes que tal vez no se alejaron por falta de oferta sólida.
Villordo pasó al duhaldismo junto un grupo de concejales quilmeños. Aníbal negó que su equipo se divide para jugar mejor, pero no le creen. La enemistad “irreconciliable” entre Kirchner y Duhalde, no se traduce en la excelente relación entre kirchneristas y duhaldistas en Quilmes.Dos o tres nombres se fogonearon como posibles candidatos anibalistas para la interna local – como Fiezzi o Meizner-, sin ser refrendados. El camañismo sugiere una lista única: el peronismo saldría a la cancha con Fernández en la representación seccional, y Gutiérrez con el sello local, arbitrados desde arriba, tal vez para poner un poco de orden en uno de los principales distritos del sur.
El Lanús que fue de Manolo y hoy gobierna Díaz Pérez está en una situación similar. Allí el hombre de llegada al poder es Pampuro, y podría ser quien obtenga la seccional. El “manolismo” –herido con el kirchnerismo- estudiaría las posibilidades del “peronismo opositor”, teóricamente duhaldista.
En esta lucha, el kirchnerismo hoy investido en la representación formal partidaria, no parece inquieto por cuestiones ideológicas que agitó en algún momento. El aire renovador o “transversal” se devuelve a la tradición del peronismo, y los caciques hacen valer su poder.
Por Ariel Kocik

