El 4 de junio de 1975 se puso en marcha un plan económico demencial que generó caos social y preparó el terreno para el brutal ajuste contra los asalariados que practicó la última dictadura cívico-militar.
Por José Luis Cutello
Si no se analizan las condiciones históricas de la época, es muy difícil comprender por qué un gobierno peronista pergeñó un plan económico como el “Rodrigazo”, que intentó beneficiar al empresariado y perjudicar al eslabón más débil de la cadena productiva, el asalariado.
A mediados de 1975, la presidenta María Estela Martínez ya había concretado un cúmulo de decisiones erróneas: contra la opinión de muchos justicialistas, mantuvo como comandantes en jefe del Ejército y la Marina a Jorge Videla y Eduardo Massera. Orlando Agosti, quien en 1951 había participado en la intentona golpista de Benjamín Menéndez, fue nombrado al frente de la Fuerza Aérea.
En febrero, el presidente provisional Italo Luder firmó el decreto secreto 261/1975 que permitía a las FF.AA. la “aniquilación de la guerrilla”. Y para colmo, 433 personas -en su mayoría civiles- habían sido asesinadas desde la agonía de Juan Perón por la Triple A, la organización parapolicial que regía el ministro de Bienestar Social, José López Rega.
En ese contexto, la economía daba señales de agotamiento, luego de haber soportado la crisis mundial petrolera de 1973. En mayo, el dólar se disparó, el costo de vida alcanzó en términos anuales un 80,5% y los precios mayoristas un 75,4%.
Así, la estadía en el Palacio de Hacienda de Alfredo Gómez Morales, el histórico ministro del General, comenzó a tambalear… El 2 de junio, “Lopecito” convenció a Isabel de que nombrara en su reemplazo a uno de sus colaboradores, el secretario de Seguridad Social Celestino Rodrigo, un ingeniero que hacía prácticas esotéricas como él.
Según cuenta una leyenda muy difundida, la noche anterior al anuncio de su plan, Rodrigo le dijo al “Brujo”: “Mañana me matan o empezamos a hacer las cosas bien”.
El flamante ministro difundió el 4 de junio un programa económico, que consistía en una devaluación asimétrica de la moneda que la llevó de 10 a 26 pesos-ley por dólar para el comercio exterior, a 30 pesos para el circuito financiero, y a 45 pesos para el turismo.
Asimismo, las tarifas eléctricas aumentaron entre 50 y 75%; el gas, entre 35 y 70%, la nafta común, 181% y la nafta especial, 172%. Y como “piedra de toque”, el Gobierno ordenó un techo para las paritarias de entre 38 y 45%, con lo cual los salarios se evaporaron en el aire.
La Argentina no tenía memoria de una inflación tal alta ni de un ajuste tan brutal de precios relativos, por lo cual cayó de inmediato en recesión y acabó con un ciclo de 12 años de crecimiento sostenido inauguro por Arturo Illia.
En tanto, las reservas disminuyeron de 1.400 a700 millones de dólares y la deuda externa trepó a 10 mil millones.
El plan, cuyo mentor fue el banquero Ricardo Zinn (famoso autor del eslogan “Achicar el Estado es agrandar la Nación”), tuvo como fin licuar las deudas empresarias como sucedió con la devaluación de Eduardo Duhalde, tras la hecatombe de la Convertibilidad. El otro fin no declarado fue ganar apoyos para la dictadura que luego integraría como secretario de José Alfredo Martínez de Hoz.
En ese marco, los gremios consiguieron aumentos del 100 por ciento, pero el Ministerio de Trabajo amenazó con no homologarlos. La relación estalló: El 27 de junio, la CGT lanzó un paro por 48 horas y una manifestación que enfrentó, por primera vez en la historia, a un gobierno peronista reclamando la renuncia de López Rega y Rodrigo.
Con otros fines, las principales asociaciones patronales, coordinadas por el entonces titular de CARBAP, Jorge Aguado, lanzaron un lock out. La suerte de la democracia estaba echada.
El mismo día del paro, se realizó una reunión de mandos del Ejército en la Capital Federal, donde se rechazó intervenirla CGT a pedido de Isabel. Un día después Jorge Rafael Videla y Roberto Viola sumaron presión y sugirieron que denunciarían ante la prensa la integración de la Triple A.
“Lopecito” finalmente renunció y se exilió en Suiza el 19 de julio. El 21, cayó Rodrigo y su plan económico pasaba a la historia.
En resumen, en esos 49 tormentosos días, Rodrigo y Zinn prepararon el ajuste de lo que sería, a partir del 24 de marzo de 1976, la noche más sangrienta del país.
