Entusiasta de la literatura, la filosofía e integrante del programa radial futbolero de Urbana BA:«Decime que se siente», Fab Spina, nos comparte una mirada repleta de matices, del fútbol como metáfora en un recorrido por el interior del país. Desde potreros de tierra, pasando por las plazas de las ciudades hasta las canchas sintéticas. La pasión por la pelota y esa imperiosa necesidad de formar una comunidad emocional a través del Mundial y nuestra Selección Argentina.
La primera vez que Roberto Arlt vio un partido de fútbol, fue en la final del Sudamericano de 1929 en Buenos Aires, disputada entre Argentina y Uruguay.
En sus Aguafuertes porteñas escribió:
“..Una naranja podrida reventó en el cráneo de un lonyi; cuarenta mil pañuelos se
agitaron en el aire, y Ferreira de una magnífica patada hizo el primer goal. Ni un
equipo de ametralladoras puede hacer más ruido que esas ochenta mil manos que
aplaudían el éxito argentino. Tanta gente aplaudía tras mis orejas, que el viento
desalojado por las manos zumbaba en mis mejillas.”…
Hace unos meses, en un viaje que hice por San Juan y La Rioja, recorriendo Parques Nacionales, caminando y admirando bellezas naturales increíbles, además de la flora y la fauna nativas, entendí la muestra de quienes somos. Vibrando como en otros viajes. Que sorprende por donde vayas, de Sur a Norte y de Los Andes al Atlántico.
Esta vez el viaje fue en auto, transitando rutas deshabitadas, sin señal telefónica, sin estaciones de servicio, casi sin cruzar otros vehículos. Compartí rutas con jabalíes, ñandúes, carpinchos, mulas, zorros, y bastante más. De vez en cuando aparecían pueblos o caseríos, con nombres que no recuerdo, pero hay algo que sí recuerdo y me movilizó, por el sentimiento que me atraviesa desde muy pequeño: En todos los rincones de Argentina donde hay una mínima socialización, el fútbol tiene un lugar.
Siempre hay una cancha, los pueblos pueden tener cien casas de cemento o cinco refugios de adobe, pero todos tienen su campo de juego, con arcos de caño o de madera, con superficie de césped, de tierra, de piedras, de arcilla. Desde la llanura hasta las sierras, en algún hueco de monte selvático o en un valle cordillerano, el campito para jugar y una pelota nunca faltan.
Perpetuamente una soga con ropa tendida, en la que se exhibe una camiseta de algún equipo y/o una casaca de la selección. En las tardecitas, cuando afloja el calor, los potreros se pueblan de chicos y grandes corriendo atrás de la redonda. Las plazas con arcos improvisados entre las arboledas, fluyen de niños gritando goles con relatos imaginarios y anhelos de estadios llenos. Es ese cuerpo esférico, que rebota, que rueda y toma gran velocidad, la pelota, el primer regalo que recibe cada pibe – y ahora también las pibas – nacidos en esta tierra.
Benedictus de Spinoza en el siglo XVII, hubiera dicho sin temor a equivocarse, que el fútbol es parte de la sustancia que compone la idea de ser argentino.
El césped sintético gastado de las canchitas del conurbano, las veredas y el cemento porteño, la aridez del desierto cuyano, la inmensidad de las arenas en las playas patagónicas, cada uno se convierte en escenario de ese juego mágico que es parte del entramado cultural, que sudamos, que nos construye. Cuando un jugador se pone la casaca celeste y blanca y sale a la cancha en un Mundial, lleva consigo el grito de todos esos goles, de esas plazas y potreros de cada rincón del país.
Cantamos el himno, no como una cuestión patriótica, lo entonamos con el alma, al igual que cada gol, porque el fútbol es un lenguaje que charlamos y debatimos, desde la cuna hasta el cajón. Desde la racionalidad hasta la fe y el espíritu que forma nuestra naturaleza. Como los cóndores que merodean las altas cumbres, como las rutas que unen los pueblos perdidos en toda la extensión del territorio nacional, el fútbol habla de nosotros.
Cada cuatro años el mundo parece afianzar la idea de su circunferencia, la vida se sube a la forma de un balón. Como dijo el escritor mexicano Juan Villoro – exponente de metáforas de la iglesia del fútbol -:»Con cada Mundial, Dios se vuelve redondo».
Argentina late, alienta, desde cada esquina y ventana de las ciudades, desde cada placita de barrio y de cada pueblo. Y rebalsa de emociones genuinas.
«Estamo con vo Leo», estamos con ustedes muchachos. Nuestros sueños son los suyos, nuestro grito, su grito. Ganaremos, perderemos, lucharemos, viviremos.
Si querés esnobearla, apagá la tele y ya fue. Pero también se puede ver que, si algo desborda de emociones genuinas, la cuestión no es tan trágica, y en todo caso, es un viejo debate que venimos teniendo desde la Grecia de A.C. y tampoco lo vamos a terminar en Qatar en el siglo XXI.
Roberto Arlt, fue un novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor argentino. Aguafuertes, artículos literarios que se publicaban semanalmente en el diario El Mundo desde 1928 hasta 1933.
Benedictus o Baruch Spinoza (1632 - 1677) fue un filósofo neerlandés de origen sefardí hispano-portugués.
Juan Villoro, escritor y periodista, nació en la Ciudad de México en 1956. Es una de las figuras más relevantes de la literatura mexicana en los últimos 40 años. Un apasionado por el fútbol.
