La histórica marca de galletitas Tía Maruca dejará de producir en su planta principal de San Juan y avanzará hacia un esquema de tercerización, en un intento por sostener su actividad frente a la baja del consumo y las dificultades financieras.
La decisión implica el abandono de la fabricación propia en la planta de Albardón, que durante años fue el núcleo productivo de la empresa. A partir de ahora, la firma operará bajo la modalidad “a façón”, encargando la producción a terceros para reducir costos y mantener su presencia en el mercado.
Pese al cambio, la fábrica no cerrará. El establecimiento fue adquirido por el empresario Juan Carlos Crovela y continuará en funcionamiento con sus casi 300 trabajadores, aunque dejará de producir para la marca fundada por Alejandro Ripani y pasará a abastecer a otras compañías del sector.
El giro responde a una estrategia defensiva en un contexto económico adverso, donde muchas empresas del rubro optan por estructuras más flexibles para sobrevivir. En este caso, Tía Maruca busca sostener su lugar en las góndolas sin afrontar los costos de una planta propia.
Durante su etapa de mayor crecimiento, la empresa llegó a concentrar cerca del 5% del mercado local de galletitas, tras la adquisición en 2017 de la planta que pertenecía a PepsiCo y la incorporación de nuevas marcas a su portafolio.
Sin embargo, el deterioro financiero se arrastra desde hace años. En 2019 la firma ingresó en concurso preventivo por deudas millonarias y, en 2025, cerró su planta de Chascomús en medio de conflictos laborales y atrasos salariales.
En 2024, el ingreso del grupo Argensun Foods, que adquirió el 50% de la compañía, permitió ordenar las cuentas y avanzar en una reestructuración. Ahora, con este cambio de modelo productivo, la marca busca adaptarse a un escenario cada vez más exigente sin desaparecer del mercado.