Los muros y las paredes se vuelven los más codiciados en tiempos electorales. Cómo se manejan y cuál es el valor actual que cobran los pintores.
Hay costumbres que, a pesar de la aparición de las redes sociales, todavía forman parte de la vida cotidiana en muchos espacios. Elementos que en medio de la hiperconectividad en la que estamos sumergidos, envueltos a través de internet, siempre van a ser codiciados y requeridos. El caso de las pintadas políticas, esas que forman parte del paisaje a lo largo y a lo ancho del conurbano bonaerense, es una de esas cosas que, seguramente, perdurarán para siempre.
Cualquier ciudadano, en algún momento de su vida, se habrá preguntado: ¿en qué momento pintaron esta pared?, ¿quiénes las pintan? ¿por qué acá en el paredón del barrio? Esos lugares, esos grandes muros de cemento, son, por lejos, los más buscados por los políticos que buscan instalarse en determinado territorio a la hora de realizar una campaña electoral. Lo más probable es que un paredón, que para muchos puede ser insignificante, es el elemento que más visibilidad puede darle a un dirigente.
Sin embargo, muchas veces esos muros produjeron disputas entre los pintores contratados por distintos candidatos, que también se peleaban por imponerse a la hora de realizar su trabajo. No es una tarea fácil, hay que tener organización y manejar ciertos códigos. ¿Cuánto se cobra? ¿Cómo es la metodología de trabajo? ¿Pintan paredones que ya fueron pintados? Muchos de los que trabajan en la actualidad, recorriendo los municipios con pintura, rodillos y pinceles, son los mismos que hace 15 o 20 años.

Los que trabajan de esto lo hacen casi siempre por la noche, es decir, cuando la mayoría de las personas están durmiendo. De esta manera, muchos evitan algún encontronazo con algún vecino que reclama por su pared o por disgusto, porque es cierto que, en muchas ocasiones, se pintan paredes que no forman parte de la vía pública, sino que son propiedad privada. Para no llegar a discutir o tener problemas con la Policía, es preferible hacerlo cuando casi nadie te ve.
Pero no es lo único que tienen en cuenta los pintores. Es que, dentro del rubro, se conocen entre todos, saben quién anda con quién y cuáles son los códigos de la calle que tienen que respetar. Por eso, a veces se eligen paredones que ya fueron pintados por otros colegas, no obstante, siempre se deja alguno libre para no tapar el trabajo del otro. Y cuidan que ninguno sufra «quejas» de los dirigentes que los contrataron. A veces no pasa. Y entra a aparecer la famosa «guerra de pintadas» en los tiempos electorales más calientes.

El costo del servicio contiene dos aristas: la zona donde se quiere pintar y la cantidad de paredes. Por ejemplo, una madrugada completa puede llegar a costar 40 mil pesos. Por ese dinero, en promedio, se pintan entre 25 y 30 paredes, aunque hay excepciones: por la misma cantidad, hay precios más baratos, pero «la diferencia es la calidad (pintura, dibujo y diseño)», apunta Carlos, un pintor escobarense que se dedica a esta actividad.
No obstante, el precio puede superar ese monto si se trata de un recorrido por algún municipio que no sea Escobar, Tigre, San Fernando o Malvinas. Cuando el político que los contacta es de otra zona del conurbano, el precio aumenta, aunque allí aparece la negociación que implica aumentar el valor a unos 60 o 70 mil pesos, pero con una mayor «tirada» de paredes a lo largo de la noche. En ese caso, se puede sumar alguna persona más, aunque a veces se mantienen los mismos.
La mayoría de los grupos que realizan este trabajo están integrados por tres o cuatro personas para poder acelerar los procesos -cada uno puede llevarse entre $5 y $10 mil en una noche-. Hay uno que blanquea las paredes que ya están escritas, otra pinta los nombres y un tercero que rellena con el color. El primero trabaja con mochilas fumigadoras cargadas de pintura blanca, algo que redujo el esfuerzo y el tiempo de trabajo. A veces hay una cuarta persona, que sirve de chofer con un vehículo, para realizar los traslados a distintos barrios.

Los trabajadores del rubro aluden que no tienen preferencia política por un candidato u otro, que la ideología queda en un segundo plano cuando se trata de trabajo. Por eso, un pintor puede realizar un mural del Frente de Izquierda y a la semana siguiente pintar una pared de Javier Milei. Y se trabaja con candidatos de mucho poder adquisitivo, que generalmente no tienen problemas para el pago, y con dirigentes locales o menos conocidos, que a veces buscan regatear algún precio.
Muchos entienden que, en épocas electorales como las que estamos atravesando, cuando muchos candidatos quieren imponer su figura para recaudar votos de los ciudadanos, el panorama se pone más tenso, aunque es el momento que, obviamente, más recaudación tienen. Y a veces esa demanda implica mayor organización, más inversión en la materia prima (pintura) y alguna u otra contratación de personal de refuerzo para llevar a cabo los trabajos.
Sin embargo, muchos se la rebuscan entre elección y elección con pasacalles, pintadas amorosas u otro tipo de actividades similares para poder subsistir en un conurbano que, a pesar de la llegada de la tecnología, no perderá las pintadas políticas clásicas en épocas de campaña. Pero eso es otra historia porque, en este 2023, en uno de los años electorales más candentes, la actividad está más requerida que nunca.
