El premio Nobel de la Paz celebró la designación de Jorge Bergoglio como nuevo líder de la Iglesia Católica y negó que haya tenido vínculos con la dictadura militar. Verbitsky lo había acusado de colaborar con la detención de dos seminaristas. Repercusiones de todo tipo y la respuesta que había dado el ahora Papa.
“Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura argentina, pero Bergoglio no”, declaró Adolfo Pérez Esquivel en diálogo con la cadena de noticias británica BBC. El ganador del premio Nobel de la Paz rechazó las críticas a la designación del arzobispo de Buenos Aires como Santo Pontífice y explicó que no existe vínculo alguno entre Bergoglio y la dictadura.
Tras el anuncio del Vaticano de la elección de Francisco, algunos referentes cuestionaron el pasado del nuevo Papa. En las redes sociales, el piquetero kirchnerista Luis D’Elía fue uno de los más duros. También hubo mensajes de la periodista del programa 678 Cynthia García y de la decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, Florencia Saintout. Además, Horacio Verbitsky se expresó en un artículo periodístico.
“A Bergoglio se lo cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía", recordó Pérez Esquivel en la entrevista concedida a la BBC.
En tanto, el administrador apostólico de la Diócesis Merlo-Moreno, monseñor Jorge Casaretto, replicó a un sector del kirchnerismo que el ex arzobispo de Buenos Aires y actual papa "intercedió por sacerdotes" ante los máximos responsables de la última dictadura militar, contra la acusación de que fue "cómplice" del régimen. Además, planteó volver a tratarse "como hermanos y no como enemigos", al tiempo que destacó la labor del ex arzobispo de Buenos Aires que permitió la multiplicación de los denominados "curas villeros" en los últimos años.
"Bergoglio fue interpelado por la Justicia y quedó claro que él intercedió por dos sacerdotes (durante la última dictadura): uno de ellos murió y el otro mantiene buenas relaciones con Bergoglio", enfatizó Casaretto.
En la misma línea, la ex defensora del Pueblo porteña y ex secretaria de DDHH de la Cancillería durante la gestión de Rafael Bielsa, Alicia Oliveira, aseguró que el flamante Papa "no entregó a nadie" durante el régimen dictatorial y que incluso tiene "una visión muy dura" sobre el Proceso.
En su relato, la abogada y amiga desde hace 40 años apuntó que durante la dictadura a ella la dejan cesante y desocupada. "Jorge venía a mi casa dos veces por semana. Me contaba lo que estaba pasando, su preocupación eran los curas de la villa", comentó en Radio del Plata.
"Cuando los secuestran (a los curas), Jorge empieza a hacer gestiones con Massera. Jorge no entregó a nadie, él no entrega a la gente. Tiene una visión muy dura sobre la dictadura. La diferencia estaba en que tenía un cargo muy importante en la Iglesia y no lo podía dejar", concluyó la mujer que integró en su momento el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).
La ex legisladora Graciela Fernández Meijide, quien fuera integrante de la CONADEP, también rechazó las acusaciones que vinculaban a Bergoglio con el gobierno militar. "No tengo ningún dato que lo relacione con una cuestión de colaboración con la dictadura, para nada. Sé por Alicia Olivera que Bergoglio ayudaba a gente a salir del país", comentó. "Me sorprenden algunos comentarios que escuché, con esa visión conspirativa que tenemos los argentinos. Pensar que el nombramiento del Papa es "para perjudicarnos". Si lo nombraron debe ser por su eficacia para solucionar problemas muy gruesos", apuntó la activista de Derechos Humanos.
LA ACUSACIÓN DE VERBITSKY Y LA DEFENSA DE BERGOGLIO
El periodista de Página/12 y director del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Horacio Verbitsky, consideró que Bergoglio, será “un sucedáneo de menor calidad, como el agua con harina que las madres indigentes usan para engañar el hambre de sus hijos”.
En una columna publicada hoy, sostuvo que el nuevo Pontífice de la Iglesia Católica es un “populista conservador” que tratará de introducir cambios cosméticos con sus dotes actorales. Recordó el caso del sacerdote Orlando Yorio, “quien denunció a Bergoglio como el responsable de su secuestro y de las torturas que padeció durante cinco meses de 1976”.
En su libro El Silencio, Horacio Verbitsky relata el secuestro a los sacerdotes tercermundistas Francisco Jalics y Orlando Yorio por un Grupo de Tareas de la Armada en mayo de 1976. Verbitsky escribe un textual de Emilio Fermín Mignone, viceministro de Educación de la Nación en el gobierno de Juan Carlos Onganía e “intelectual descollante”, cuya hija Mónica también había sido secuestrada. “Una semana antes de la detención –dice Mignone--, el arzobispo Aramburu le había retirado las licencias ministeriales, sin motivo ni explicación. Por distintas expresiones escuchadas por Yorio en su cautividad, resulta claro que la Armada interpretó tal decisión y, posiblemente, algunas manifestaciones críticas de su provincial jesuita, Jorge Bergoglio, como una autorización para proceder contra él. Sin duda, los militares habían advertido a ambos acerca de su supuesta peligrosidad. ¡Qué dirá la historia de estos pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas!”.
Verbitsky cuenta que, tras la liberación de los sacerdotes, Bergoglio se encontró con Mignone en una misa en la Catedral. “Intenté hablarle, pero Mignone tenía una posición tomada y no quiso escucharme”. Según una amiga de Bergoglio, que no coincide con las posiciones espiritualistas del cardenal, dijo por entonces que, cuando los secuestraron, “Bergoglio averiguó que los tenía la Armada y fue a hablar con Massera, quien los saludó en forma campechana para menoscabarlo”. La misma fuente dijo que Bergoglio amenazó a Massera con denunciar los hechos. Al día siguiente, los sacerdotes fueron liberados. Allí aparece otro reclamo de quienes señalan a Bergoglio en este hecho y lo que indican es que, si así fueron los hechos, el cardenal, entonces, esperó cinco meses para reclamar.
Bergoglio hizo su descargo varios años después, en las páginas del libro autobiográfico. Allí recordó que ambos jesuitas estaban organizando otra congregación. “Vivían en el llamado barrio Rivadavia del Bajo Flores. Nunca creí que estuvieran involucrados en ‘actividades subversivas’ como sostenían sus perseguidores, y realmente no lo estaban. Pero, por su relación con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de caza de brujas. Como permanecieron en el barrio, Yorio y Jalics fueron secuestrados durante un rastrillaje. (…) Afortunadamente, tiempo después fueron liberados, primero porque no pudieron acusarlos de nada, y segundo, porque nos movimos como locos. Esa misma noche en que me enteré de su secuestro, comencé a moverme. Cuando dije que estuve dos veces con Videla y dos con Massera fue por el secuestro de ellos”, se defendió el cardenal, que en ese momento era la principal autoridad de la provincia jesuítica de Argentina y Uruguay, un cargo, ayer y hoy, muy influyente.
