El Gobierno logró reunir las firmas necesarias en Diputados para avanzar con el proyecto que suspende las PASO, tras intensas negociaciones. Sin embargo, la incertidumbre persiste, ya que aún debe alcanzarse el cuórum el jueves para que la sesión se lleve a cabo. El oficialismo confía en el apoyo de sus aliados, pero la oposición mantiene su postura firme
El proceso para reunir las 58 firmas necesarias en la Cámara de Diputados y dictaminar el proyecto que propone suspender las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) este año requirió un operativo de cinco horas, con coordinación entre el Congreso y la Casa Rosada.
En las intensas negociaciones participaron el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y el asesor Santiago Caputo. Sin embargo, a pesar de haber logrado el dictamen, aún no se sienten victoriosos y advierten que enfrentan otro desafío: conseguir el cuórum el jueves a las 12. Si la sesión se lleva a cabo, la propuesta será aprobada con más de 140 votos.
Las reuniones de bloque del lunes no fueron favorables para La Libertad Avanza (LLA). En Unión por la Patria (UP) prevaleció la estrategia de no dar cuórum, mientras que en las bancadas radicales no se definió una postura, aunque muchos de sus miembros expresaron su deseo de evitar votar dos veces este año. Solo el grupo de radicales violeta garantizó su apoyo incondicional a Javier Milei.
«El radicalismo fue el problema mayor, porque el plan era que nos dieran las firmas y el cuórum, para que luego se sumen los votos de UP y facilitar la sesión en el Senado. El problema es que la UCR está cada vez más difícil. Es un año electoral y cada uno piensa en su futuro«, señaló una fuente oficialista cercana a las negociaciones.
Ante la falta de apoyo radical, el Gobierno recurrió a los gobernadores de UP, como Ricardo Jalil (Catamarca) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero), cuyos representantes firmaron el dictamen para eliminar las PASO. Según el reglamento, las cinco firmas que aportaron permitieron que el despacho del oficialismo avanzara.
El grupo oficialista que impulsó el dictamen organizó las tareas de presión. Menem contactó a los jefes de bloque para apurar las gestiones e incluso tuvo una fuerte discusión con Germán Martínez, de Unión por la Patria, advirtiéndole que cortarían el diálogo por un tiempo. Además, el riojano sostuvo una conversación clave con el radical Rodrigo De Loredo, ya que un sector de su fuerza política se mantenía firme en su negativa a firmar.
Los radicales se mostraron contrariados por las tácticas de los libertarios. «Nos mandaron un borrador el lunes a la noche con dos artículos, y el segundo decía que Milei podía definir el cronograma electoral. No íbamos a aceptar que den por hecho nuestro apoyo«, explicó una referente de la bancada. Una de las concesiones del Gobierno para obtener el dictamen fue dejar el nuevo cronograma sujeto a lo dispuesto en el Código Electoral.
Finalmente, el gobernador radical Alfredo Cornejo retomó su propuesta de unas primarias optativas, pero en el último momento sumó la firma en disidencia de Lisandro Nieri. Francos, junto con su segundo Lisandro Catalán, se encargó de negociar con los gobernadores. Catalán, sin ocultar las gestiones, fue fotografiado con su jefe y con Toto Caputo, junto a un grupo de mandatarios, entre ellos Jalil.
Santiago Caputo también realizó contactos con gobernadores afines para suavizar sus posiciones y se mantuvo muy involucrado en el seguimiento de la negociación, que se desarrollaba mientras el plenario de comisiones discutía el proyecto. Los diputados solían comentar qué funcionario había estado en contacto con ellos durante ese proceso.
Se llevaron a cabo varios sondeos, algunos de ellos para solicitar consejos o para recibir sugerencias en una negociación que parecía estar a punto de fracasar. De hecho, algunos referentes libertarios consultaron en la Casa Rosada si no sería mejor suspender el plenario y adoptar una postura victimista. Sin embargo, para el equipo negociador, esa no era una opción viable.
Una de las gestiones clave fue con el gobernador Martín Llaryora, para lograr que suavizara las posiciones de sus aliados locales, Juan Brügge (Democracia Cristiana) y Oscar Carreño (ExPro). Ambos pertenecen al bloque Encuentro Federal, que tiene representantes del oficialismo cordobés. Ninguno de ellos quería ser el último en firmar. La contribución de la UCR y de los gobernadores Jalil y Zamora fue fundamental, rompiendo lo que se percibía como una «cortina de hierro».
Pese al festejo, entre los libertarios persiste una cautela, ya que el jueves la sesión deberá comenzar con al menos 129 bancas ocupadas, y como ocurrió el martes, existe incertidumbre sobre si se alcanzará ese número. Si UP cumple su compromiso de no dar cuórum, LLA necesitará un acuerdo más amplio con el resto de las fuerzas opositoras, algo que aún no está asegurado.
«Si hay cuórum, sacamos la ley con más de 140 votos, porque se sumarán todos los de UP que están a favor. Pero antes necesitamos la ayuda de los aliados», expresaron preocupados desde el oficialismo. Se generó cierto revuelo al conocerse que algunas firmas radicales fueron en disidencia, lo que dejó abierta la posibilidad de que algunos díscolos pudieran no apoyar la iniciativa.
En UP, los emisarios de los gobernadores que no firmaron y el grupo del Frente Renovador están dispuestos a votar a favor de la suspensión de las PASO si la sesión se lleva a cabo. Esto podría representar casi la mitad del bloque, aunque pocos estarían dispuestos a colaborar con el cuórum. En este sentido, Jalil y Zamora serían los únicos dispuestos a colaborar. Tal vez, con ellos, sea suficiente para alcanzar el cuórum necesario.
