La victoria de Juan Monteverde en las elecciones legislativas de Rosario sacudió el tablero político en un año cargado de tensiones.
La victoria de Juan Monteverde en las elecciones legislativas de Rosario sacudió el tablero político en un año cargado de tensiones. El referente de Ciudad Futura alcanzó el 30,5% de los votos en una competencia ajustada que dejó al libertario Juan Pedro Aleart en segundo lugar y a la candidata del gobernador Maximiliano Pullaro en el tercero. La elección expuso el cansancio de muchos votantes con las fórmulas tradicionales y reforzó la expectativa de un peronismo que intenta reagruparse.
Monteverde, que nació en la militancia social, construyó su espacio con un trabajo territorial que se extendió por años. Su agrupación surgió de proyectos cooperativos, una escuela y experiencias comunitarias que derivaron en una propuesta política distinta. Esa historia ganó relevancia cuando, después de varias campañas, logró imponerse en la tercera ciudad más grande del país. El festejo llegó con una arenga encendida y una definición que pareció anticipar la disputa presidencial: “Hoy el pueblo de Rosario le ganó al intendente, le ganó al gobernador y le ganó al presidente. ¡No vamos a parar hasta que reine en el pueblo el amor y la igualdad!”.
La noche electoral reservó más sorpresas. Pasadas las diez, Monteverde recibió una llamada que no aguardaba. Cristina Fernández de Kirchner lo felicitó y conversó con él sobre la crisis de representación y el desafío de sostener la unidad del campo nacional y popular. Fue el primer contacto directo entre ambos. Ciudad Futura y el peronismo comenzaron a aproximarse cuando el PJ provincial se fragmentó y quedó sin figuras competitivas. El acercamiento derivó en la confluencia electoral que facilitó este triunfo.
En la provincia de Santa Fe, la suma de las listas peronistas rozó el 40% de los votos. De las quince ciudades más pobladas, el peronismo se quedó con nueve, entre ellas Rafaela, Reconquista y Villa Gobernador Gálvez. Granadero Baigorria entregó un resultado singular, ya que allí se impuso una lista del Movimiento Evita. En Melincué, un candidato libertario ganó pese a estar detenido por acusaciones de fraude con cheques y créditos de una mutual. Esa imagen dejó un contrapunto insólito entre la renovación política y la incertidumbre institucional.
Mientras tanto, en Formosa, Gildo Insfrán retuvo su hegemonía. La lista que encabezó alcanzó un 67% en la elección de convencionales constituyentes, muy lejos del ex libertario Francisco Paoltroni y de La Libertad Avanza. El proceso de reforma constitucional surgió después del fallo de la Corte Suprema que anuló la reelección indefinida. Pese a las críticas, Insfrán reforzó su liderazgo y obtuvo un resultado que, aunque previsible, envió un mensaje claro sobre la capacidad del peronismo para defender su poder territorial.
El domingo electoral también dejó una señal en la provincia de Buenos Aires. Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner se reunieron con intendentes en La Plata. Durante cuatro horas, discutieron estrategias para consolidar un frente común. El encuentro derivó en un principio de acuerdo: las candidaturas se definirán con un criterio de competitividad, con el objetivo de “que el peronismo resulte triunfante en ambas elecciones”.
El caso de Rosario expuso un fenómeno que atraviesa varias provincias. Ciudad Futura logró convertirse en un ejemplo de construcción política que rechazó la urgencia y apostó por procesos prolongados. Monteverde repite en conversaciones privadas una frase de inspiración latinoamericana: “La mayor victoria de los de arriba es habernos convencido a los de abajo que lo que no se consigue rápido y fácil no se consigue nunca”. Esa definición revela el sentido profundo de su proyecto, que apuesta por transformar la relación entre dirigentes y ciudadanos.
El triunfo también alteró el clima en la Casa Rosada. El Gobierno enfrentó días complejos por la presión sobre el dólar y la volatilidad de los mercados. Un informe de JP Morgan impulsó el desarme de posiciones en pesos, que meses atrás el propio banco había promovido. El documento encendió las alarmas en el equipo económico, que evaluaba hasta dónde llegarían los riesgos de fuga y el impacto sobre la estabilidad cambiaria. La dolarización de carteras y la caída de la confianza volvieron a tensionar la coyuntura, mientras el oficialismo insistió en señalar al peronismo como responsable de la incertidumbre.
En la política nacional, la figura de Cristina Fernández de Kirchner mantuvo un magnetismo singular. Su diálogo con Monteverde y con Insfrán reveló un intento de recomponer la gravitación del peronismo en un escenario fragmentado. Sin embargo, la duda sobre la viabilidad de su liderazgo en una próxima contienda presidencial persiste. Muchos observadores señalaron que la experiencia rosarina expuso un síntoma profundo: la necesidad de caras nuevas y proyectos con raíces en la sociedad.
La combinación de crisis económica y recomposición política delineó un panorama incierto. La oposición liberal se replegó ante derrotas en distritos clave. El peronismo, en cambio, buscó capitalizar el desgaste del oficialismo y retomar la iniciativa. Rosario funcionó como una señal anticipada. La pregunta sobre 2027 empezó a circular con más fuerza en cada rincón del mapa político argentino.
