Javier Milei regresó de su viaje a Italia en medio de una tormenta política. La sesión del Senado presidida por su vice, Victoria Villarruel, desató una nueva disputa por la expulsión del senador Edgardo Kueider. La falta de un traspaso formal de mando y acusaciones de «invalidez» en la sesión revelan fracturas en La Libertad Avanza que podrían complicar la gobernabilidad y paralizar el Congreso
Luego de pasar el fin de semana en Italia, donde participó en un evento de derecha y buscó fortalecer sus relaciones con la primera ministra Giorgia Meloni, el presidente Javier Milei regresó al país con la agenda nacional marcada por las tensiones políticas. La más notable es la creciente fricción con su vice, Victoria Villarruel, exacerbada por la reciente sesión en el Senado que derivó en la expulsión del senador Edgardo Kueider.
El conflicto se agravó luego de que Milei denunciara una supuesta «invalidez» de esa sesión, presidida por Villarruel mientras el mandatario se encontraba de viaje. «Lo que puedo notificar y verificar es que la doctora Villarruel fue informada. El GDE donde se le comunica que yo voy a estar de viaje ella lo recibe el martes», declaró Milei desde Roma. Según su interpretación, Villarruel, al presidir el Senado en simultáneo con su rol de presidenta interina, violó la división de poderes: «La sesión es inválida», sentenció.
El desencuentro entre ambos dejó expuestas fisuras en la cúpula del Gobierno y en las filas de La Libertad Avanza (LLA). Mientras Milei reforzaba sus críticas desde el exterior, Villarruel, al regreso del Presidente, tuvo que salir a aclarar su posición. «No estoy participando de ningún armado político y cuando lo haga, lo haré donde el Presidente Milei me lo pida. Soy parte del espacio que gobierna nuestro país desde su misma fundación», publicó en su cuenta de X para desmentir rumores de una ruptura.
El detonante de este enfrentamiento fue la expulsión de Kueider, detenido en Paraguay por llevar una suma de dinero no declarada. La sesión en la que se votó su salida generó polémica, ya que Kueider presentó un recurso de amparo argumentando que la votación carecía de validez por la ausencia de un traspaso formal de mando entre Milei y Villarruel.
El senador riojano Juan Carlos Pagotto, cercano a los Menem, fue uno de los primeros en advertir sobre posibles reclamos legales. Por su parte, Bartolomé Abdala, quien ocupó brevemente la presidencia del Senado durante la sesión, negó cualquier irregularidad. «Para nosotros es una sesión válida», sostuvieron desde el entorno de Villarruel.
La incertidumbre se extiende ahora al Congreso. La expulsión de Kueider podría darle su banca a Stefanía Cora, una dirigente de La Cámpora, lo que debilitaría aún más la capacidad de LLA para aprobar sus proyectos. Este escenario pone en riesgo el quórum en el Senado y reduce las chances de que el oficialismo avance con su agenda legislativa.
En paralelo, surgen interrogantes sobre la posibilidad de convocar a sesiones extraordinarias. Aunque el vocero presidencial, Manuel Adorni, había confirmado esta medida, la falta de consenso podría llevar a que el recinto permanezca inactivo durante el verano. Si esto ocurre, Milei podría optar por nombrar a los jueces Ariel Lijo y Manuel García Mansilla en la Corte Suprema mediante decreto, evitando el debate legislativo.
Mientras tanto, las críticas en redes sociales no cesan. Desde sectores libertarios, algunos apoyaron a Villarruel, mientras que otros cuestionaron el respaldo que recibió de agrupaciones como «Partido Moderado«, liderado por Walter Eiguren Hernández. Villarruel negó cualquier vínculo con ese espacio, afirmando que “no hay lugar para la moderación” y reafirmando su lealtad al Presidente.
La escalada de tensiones entre Milei y Villarruel no solo refleja las luchas internas del oficialismo, sino también una posible crisis institucional que podría afectar el rumbo del Gobierno. La falta de consensos y los conflictos políticos internos ponen a prueba la estabilidad de una administración que, aún en sus primeros meses, enfrenta múltiples frentes abiertos.
Si estas diferencias no se resuelven, el binomio presidencial podría enfrentar una fragmentación difícil de revertir, complicando aún más la gobernabilidad y dejando al Congreso en una situación de parálisis. La falta de respuestas del Gobierno a estas tensiones internas podría agravar aún más el escenario político del país.
