El Presidente reunió a su círculo más cercano en la Casa Rosada y recibió críticas de gobernadores que reclaman diálogo real.
El presidente Javier Milei encabezó este martes la primera reunión de la mesa política nacional, un nuevo espacio de coordinación que integró a seis de sus funcionarios de máxima confianza. El encuentro se realizó desde las 9.30 en la Casa Rosada y se extendió durante más de dos horas. La decisión se tomó después de la dura derrota de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, con el objetivo de recomponer la estrategia del oficialismo y ordenar el proceso interno.
Estuvieron presentes la secretaria general Karina Milei, el jefe de Gabinete Guillermo Francos, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, el asesor presidencial Santiago Caputo, el titular de la Cámara de Diputados Martín Menem y el vocero Manuel Adorni. El propio Milei asumió la conducción directa de la mesa, en un intento de reforzar su liderazgo frente a las tensiones internas.
Aunque el Gobierno buscó mostrar fortaleza, la convocatoria generó ruido en varias provincias. Mandatarios opositores señalaron que nunca recibieron una invitación formal y cuestionaron la forma en que el oficialismo encaró la iniciativa. El gobernador correntino Gustavo Valdés advirtió que “no queremos un diálogo para la foto”. Aclaró que el verdadero objetivo debía ser “un diálogo profundo donde podamos resolver y aportar nuestros puntos de vista”.
En paralelo, Axel Kicillof reclamó un contacto institucional directo con el Presidente. “Le pedí a Milei que me llamara y no lo hace porque no se atreve. Yo nunca le falté el respeto, nunca lo insulté, y no estoy de acuerdo en nada, me parece un personaje repudiable, pero institucionalmente tenemos que tener un diálogo respetuoso”, afirmó el mandatario bonaerense.
La conformación de la mesa política se interpretó en el oficialismo como un mecanismo transitorio, destinado a enfrentar una coyuntura complicada. El resultado adverso en Buenos Aires encendió alarmas dentro de La Libertad Avanza y aceleró el armado de un espacio más amplio para tomar decisiones. El futuro de esta mesa dependerá de si logra ordenar al Gobierno o queda como una señal fugaz de reacción tras la derrota electoral.
