En su crítica, el titular del Pro aseguró que ambios pliegos deberán pasar por el Senado cuando reanude su actividad.
En horas de la noche del miercoles, el presidente del Pro, Mauricio Macri rechazó con contundencia la designación de Ariel Lijo y de Manuel Garcia Mansilla como jueces de la Corte Suprema por decreto. Según indicó el ex mandatario «la confianza en la justicia y en las instituciones es una condición indispensable para la estabilidad de la democracia».
Cerca de las 11 de la noche, el ex presidente compartió un informe de la Fundación Pensar, en la que se rechaza a los dos jueces propuestos por el gobierno para integrar la CSJN: “La experiencia empírica me indica que la designación de jueces a través de un mecanismo como el utilizado por el gobierno no es correcta. Ratifico mi posición de que los jueces que ocupen los cargos más altos del Poder Judicial no pueden ser objeto de tanto rechazo”, expresó.
“La confianza en la justicia y en las instituciones es una condición indispensable para la estabilidad de la democracia y la prosperidad del país. Mi posición es la mayoritaria dentro del Pro, como quedó plasmada en el informe producido por la Fundación Pensar”, puntualizó Macri, en un comunicado que difundió a través de su cuenta de X.
En el texto de su comunicado, el expresidente parece hacer referencia a su intento de nombrar, en diciembre de 2015, a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz con el mismo instrumento utilizado por Milei: “La experiencia empírica me indica que la designación de jueces a través de un mecanismo como el utilizado por el gobierno no es correcta”, advirtió.
Durante su mandato presidencial, Macri designó por decreto a Rosenkrantz y Rosatti. Sin embargo, frente a una ola de críticas, el exmandatario debió recurrir al procedimiento ordinario y envió los pliegos al Congreso para su tratamiento. Ambos jueces llegaron a la Corte una vez que el Senado les prestó acuerdo con los dos tercios de los presentes, como establece la Constitución. Según Macri, ambos candidatos no generaban un “debate” ni fueron cuestionados como ocurrió con el caso de Lijo. Y, por eso, terminaron siendo avalados por la Cámara alta.
