En el gobierno analizan hacer inminentes anuncios luego de los datos de incremento de precios del mes de febrero. Massa tiene respaldo del kirchnerismo y todavía no se filtró ninguna información sobre las medidas que podrían tomarse. Una posibilidad firme es subir las tasas de interés para evitar fugas al dólar blue.
En febrero, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió un 6,6% respecto a enero. El segmento de productos “regulados” subió 5,1%, el de “estacionales” un 3,3%, y el IPC núcleo (sin regulados ni estacionales), subió un 7,7%, según informó el martes el INDEC. Es un indicador alarmante que llevó la suba al 13% en los dos primeros meses del año, y a la interanual hasta el 102%.
El Jefe de Gabinete Agustín Rossi y el Ministro de Economía Sergio Massa reconocieron que el número los sorprendió y que no se acerca a las previsiones que tenía el gobierno de bajar la inflación al 3 % en marzo. Atribuyeron los aumentos récord por dos meses consecutivos a los efectos de la sequía y cuestiones estacionales que impactaron en la producción de los alimentos.
El secretario de Política Económica del Ministerio de Economía Gabriel Rubinstein reconoció que “el dato de inflación de febrero es sin duda muy malo. En particular, en febrero resultó muy fuerte el impacto de la carne, que subió 19,5% por efecto de la grave sequía que estamos atravesando”, dijo el funcionario de Economía en un y agregó que «las condiciones climáticas están afectando en la producción y los precios de los alimentos».
En Gobierno se debaten inminentes anuncios de medidas para tratar de bajar la inflación y evitar que los coletazos de la crisis financiera internacional afecten al sistema bancario y sistema financiero argentino, en medio de las internas entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner por la definición de las candidaturas.
Como dato político, además, vale aclarar que el Presidente se encuentra en reposo luego de una intervención por una hernia de disco lumbar.
Rubinstein aseguró que el Gobierno sigue «trabajando en políticas fiscales y monetarias que sean consistentes con tasas de inflación mucho más bajas junto a políticas de ingresos (acuerdos con empresas y otras) que coadyuven a frenar los aspectos inerciales de las altas tasas de inflación”.
Pero el dato que más preocupa al gobierno es «una muy importante incidencia de los aspectos inerciales ligados al alto grado de indexación prevaleciente» entre los formadores de precios.
El Ministerio de Economía con Sergio Massa a la cabeza piensa medidas para mejorar la situación. El referente del Frente Renovador cuenta con el respaldo político de kirchneristas y albertistas. Cerca de Cristina saben que es el único que puede tener alguna competitividad en las elecciones presidenciales, y buscan preservar su figura aunque la coyuntura económica sea mala.
El paquete de anuncios es inminente, y aún no se conocen detalles.
Entre las posibilidades aparece una nueva suba de la tasa de interés para aplacar los efectos de la «inercia inflacionaria» y de la crisis financiera internacional, que pegó a las acciones y a los tipos de cambio financieros CCL y MEP que el Gobierno impuso como herramientas para contener el cepo cambiario alineado al resto de las variables en el marco del acuerdo ratificado esta semana por la refinanciación de la deuda con el FMI.
El dato que más preocupó al gobierno fue, justamente, la suba de la inflación núcleo, que pasó de 5,4% en enero a 7,7% en febrero.
La inflación núcleo es tomada como ancla de la inflación, por la autoridad monetaria, porque es la que mide la evolución de los precios despejando factores estacionales y que por su composición tiende a sostenerse con menos volatilidad en el mediano plazo. Sus movimientos ofrecen una mayor certeza de cómo es la inercia inflacionaria.
El Banco Central mantiene desde hace seis meses su tasa de política monetaria en 75%. La última corrección fue el 15 de septiembre de 2022 cuando la elevó desde el 69,5% previo.
Desde esa fecha pudo sostenerla por la desaceleración inflacionaria de noviembre y los resultados de diciembre y enero, meses en los que la inflación núcleo se había mantenido en parámetros consistentes con la política monetaria. Pero esta brusca variación le quita margen de maniobra al BCRA que tiene que cumplir con el acuerdo con el FMI de sostener «tasas positivas» de interés como una de las herramientas para frenar la inflación.
