La combinación de déficit en bienes, servicios y atesoramiento marcó un octubre crítico y proyectó un 2025 con una fuga turística sin precedentes.
El Gobierno enfrentó en octubre un deterioro marcado del frente externo. La cuenta corriente registró un déficit de USD 2.599 millones, la cifra más alta desde 2017. La falta de divisas del agro, luego del impulso que generó el esquema de retenciones al 0%, dejó expuesto un desequilibrio que afecta a todas las variables: comercio exterior, turismo, pagos de deuda y demanda para atesoramiento.
El BCRA mostró un panorama más frágil que el que insinuó el récord exportador de septiembre. Ese mes, el sector agrícola ingresó USD 7.000 millones por el incentivo temporal del tipo de cambio diferencial. Sin embargo, el organismo aclaró que el beneficio adelató cobros que correspondían a octubre. Por ese motivo, el balance de bienes terminó en un rojo de USD 677 millones, a pesar de que el Indec había marcado un superávit devengado muy reducido.
La cuenta de servicios también profundizó la presión externa. El gasto de los argentinos en el exterior y el déficit del transporte aéreo provocaron un rojo de USD 1.008 millones en turismo. Al mismo tiempo, los pagos de intereses de la deuda sumaron otro negativo de USD 916 millones, lo que dejó a todas las cuentas en terreno negativo.
El movimiento de divisas para atesoramiento completó el cuadro. La demanda trepó a USD 5.434 millones, el segundo nivel más alto del año. Ese flujo superó por amplio margen el desequilibrio de la cuenta corriente. Desde la flexibilización parcial del cepo, la formación de activos externos acumuló USD 29.929 millones, con un promedio mensual de USD 4.276 millones. El dólar barato incentivó compras de billetes y viajes al exterior, y alimentó la expectativa de una futura corrección del tipo de cambio.
En ese marco, el turismo se consolidó como el factor más dinámico del drenaje de divisas. Las consultoras anticiparon un 2025 complicado. Según el Ieral, “el saldo de viajeros fue récord en los primeros nueve meses de 2025, con un déficit mayor al de 2017, que reflejó una situación atípica de altísimo nivel de turismo emisivo”. Hasta septiembre, salieron del país 9,7 millones de argentinos y solo ingresaron 4,1 millones de visitantes, un desequilibrio de 5,6 millones de personas.
El instituto calculó que el año podría cerrar con una salida de entre USD 11.000 y USD 13.000 millones por turismo emisivo, mientras que el receptivo sumaría apenas USD 4.000 millones. El saldo quedaría así entre USD 7.000 y USD 9.000 millones, un nivel superior al del ciclo 2015-2018 y comparable con los picos de los años noventa.
La tendencia continuó en octubre. Ese mes, viajaron al exterior 1,2 millones de residentes. El Indec informó un déficit de 549.700 personas y un rojo turístico de USD 364,6 millones. El Central detalló que “los egresos brutos por consumos de bienes y servicios pagados con tarjetas, viajes y pasajes […] fueron de USD 831 millones en octubre”, una cifra que incluyó gastos con tarjetas por USD 592 millones, servicios de transporte por USD 131 millones y giros de operadores turísticos por USD 108 millones.
El escenario generó comparaciones con la década del ’90, cuando el tipo de cambio estable impulsó un fuerte aumento del turismo emisivo. Para el Ieral, la situación volvió a repetirse. Destinos como Brasil, Chile, Miami, Punta Cana y Madrid lideraron el crecimiento, con incrementos de ventas en doble dígito en las principales agencias.
Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo en Fundar, vinculó el fenómeno actual con otros ciclos de déficit externo y consideró que “en otros déficits (1980, 1981, los ’90, 2015, 2017 y 2018), la demanda de dólares no fue sostenible. ¿Es distinto ahora? Hay algo nuevo: la ayuda de Trump a Milei”.
El economista Ricardo Delgado planteó la incógnita central del verano: “¿Cuál sería el tipo de cambio que lleve de una salida de USD 1.000 millones mensuales a la mitad […]? La probabilidad de que se revierta la tendencia es baja por las perspectivas, con lo cual es un tema con el que vamos a seguir conviviendo por un tiempo. Eso genera la necesidad de obtener dólares de manera genuina”, explicó.
Con desequilibrios simultáneos en bienes, servicios, deuda y atesoramiento, el balance cambiario cerró uno de los meses más críticos del año. El frente externo volvió a mostrar que el dólar barato se convirtió en un imán para la salida de divisas, tanto por turismo como por ahorro, y dejó al Gobierno sin capacidad de mostrar superávits gemelos en el corto plazo.
