¿Hay plata? Quedó en evidencia lo desmedido del operativo de seguridad de Patricia Bullrich, pero esta vez no por la represión, sino porque solo había 40 jubilados manifestándose, frente a una inmensa cantidad de oficiales, móviles y vallas.
Como cada miércoles, un grupo de jubilados volvió a movilizarse en el centro porteño para reclamar por mejoras en sus haberes y condiciones de vida. Pero esta vez, lo que llamó la atención no fue el reclamo, sino el desmedido despliegue de fuerzas de seguridad que rodeó la manifestación.
Una cantidad inusual de efectivos de Prefectura y Policía Federal copó la zona del Congreso, con presencia visible en las esquinas y cortes de tránsito que generaron más caos que prevención.
Alrededor de cuarenta jubilados, algunos con bastones y pancartas caseras, se encontraron rodeados por un operativo propio de una marcha masiva. Testigos relataron que los manifestantes realizaron una maniobra simbólica, dando una vuelta a la manzana con el objetivo de desorientar al dispositivo policial, que respondió redoblando su despliegue y cerrando varias calles del microcentro.
“Era ridículo —comentó un cronista—, había más del triple de uniformados que manifestantes”.
Por momentos, el tránsito sobre la Avenida Entre Ríos estuvo completamente interrumpido durante al menos diez minutos, mientras los agentes montaban un cerco preventivo. Sin embargo, la movilización se disolvió rápidamente, sin incidentes ni provocaciones.
Lo curioso es que, incluso después de que los jubilados se retiraran, el operativo seguía activo: las camionetas seguían estacionadas y los efectivos continuaban en la zona, como si esperaran una nueva “amenaza”.
