La Casa Rosada quedó expuesta en un escenario de crisis autoinfligida. La derrota parlamentaria más dura desde diciembre, un traspié comunicacional que alteró a los mercados y una interna oficialista sin conducción clara dibujaron el retrato de un Gobierno atrapado en su propio método.
La Casa Rosada quedó expuesta en un escenario de crisis autoinfligida. La derrota parlamentaria más dura desde diciembre, un traspié comunicacional que alteró a los mercados y una interna oficialista sin conducción clara dibujaron el retrato de un Gobierno atrapado en su propio método.
El Gobierno de Javier Milei atravesó su semana más crítica, marcada por un encadenamiento de errores políticos y comunicacionales que exhibieron el costado más vulnerable de su proyecto. A la derrota legislativa inédita en el Senado se sumó un episodio insólito que obligó al ministro de Economía, Luis Caputo, a salir de urgencia a desmentir predicciones alarmistas que él mismo había transmitido en privado. Todo ocurrió en medio de una estrategia oficial que insiste en la confrontación permanente, pero que empieza a mostrar signos de fatiga y aislamiento.
En el Senado, el oficialismo sufrió su primera paliza parlamentaria de magnitud: con 42 senadores sentados —cinco más que el quórum necesario— se aprobaron aumentos a jubilaciones, la emergencia en discapacidad, una prórroga de la moratoria previsional y un rediseño de las transferencias automáticas a las provincias. El combo representa un impacto fiscal de 1,3 puntos del PBI, justo el margen que el Presidente necesita para sostener el superávit comprometido ante el Fondo Monetario Internacional. Desde la Casa Rosada calificaron la sesión de “ilegítima” y la describieron como un “golpe institucional”, en un reflejo que mezcló la impotencia con la negación de los hechos.
La secuencia parlamentaria fue en gran medida el resultado de errores propios. La relación con los gobernadores —a quienes Milei llamó “nido de ratas” en varias ocasiones— quedó quebrada. El pacto fiscal del que el oficialismo renegaba hace apenas meses se volvió, súbitamente, una trinchera imposible de sostener. Varios mandatarios provinciales que habían votado los proyectos económicos en diciembre, esta vez se alinearon con la oposición para sancionar las nuevas leyes. La vicepresidenta Victoria Villarruel, que en su momento intentó mediar, terminó presidiendo la sesión y recibiendo ataques del propio dispositivo libertario. El Gobierno, en lugar de prevenir la rebelión, pareció propiciar las condiciones para que ocurriera.
El periodismo tradicional habla de la “derrota” de ayer con frases como: “Duro revés para el gobierno”, “Golpe autoinflingido”, “torpeza política”, etc.
Permítanme disentir y decir que lo de ayer, es lo mejor que pudo haber pasado.
La casta política NO VA A CAMBIAR nunca.
Son…— totocaputo (@LuisCaputoAR) July 11, 2025
Tras la votación, el Presidente profundizó el tono de confrontación: “La casta política quiere volver al déficit fiscal para financiar su fiesta”, advirtió. Y redobló la amenaza: “Nosotros vamos a vetar todas estas leyes, una por una”. En la misma línea, Caputo buscó relativizar el impacto institucional de la derrota y aseguró: “Ayer fue lo mejor que nos pudo haber pasado”.
En paralelo, el ministro Caputo protagonizó un episodio que encendió las alarmas en los mercados. Fue el conductor Alejandro Fantino quien reveló una conversación privada en la que el funcionario, según su versión, aventuraba turbulencias macroeconómicas si avanzaban los proyectos de los gobernadores. El fragmento circuló editado y fuera de contexto, pero el daño ya estaba hecho: el dólar cripto subió, se dispararon las consultas en los bancos y el riesgo país tuvo un rebote inmediato. Caputo se vio forzado a romper su silencio, aclarar en redes sociales y salir en televisión a negar el pánico que él mismo había alimentado. La secuencia fue tan amateur que dejó al descubierto la fragilidad de un equipo económico que no controla su propio mensaje.
Mientras tanto, la dinámica interna del oficialismo sumó otra fractura. Santiago Caputo, el principal operador político de Milei, ensayó un repliegue y avisó que no intervendrá en el cierre de listas. La hermana presidencial, Karina Milei, decidió tomar el control del armado electoral con los Menem como aliados, mientras se deteriora el vínculo con Victoria Villarruel y se intensifica la pelea con Patricia Bullrich. La Casa Rosada, sin un sistema de contención política ni un liderazgo claro en la gestión parlamentaria, terminó atrapada en la lógica de la confrontación sin estrategia.
El resultado es un Gobierno que se encapsula en la retórica de la “casta”, mientras sufre derrotas legislativas que no previó y episodios de mala praxis comunicacional que terminan agravando la incertidumbre económica. “No vamos a permitir que nos roben el esfuerzo de los argentinos”, dijo Milei, mientras Caputo proclamaba: “Quedó clarísimo quiénes están del lado del cambio y quiénes quieren seguir con los privilegios de siempre”. La semana expuso una evidencia incómoda: no hay adversarios más peligrosos para Javier Milei que los errores no forzados que comete su propio espacio.
Pésimo día en los mercados
En los mercados, la conmoción política se tradujo en números: el índice S&P Merval cayó cerca del 2 %, mientras que los bonos soberanos en dólares perdieron en torno al 1 %, reflejando el nerviosismo por el paquete legislativo que comprometió el superávit fiscal. En simultáneo, el dólar experimentó subas notorias: el oficial avanzó más de 0,6 % hasta ubicarse cerca de $1.262, y el dólar blue trepó hasta los $1.300, un nuevo pico nominal para esta coyuntura .
De ese modo, mercados que ya operaban con cautela se tensaron aún más, sumando presión sobre un Gobierno que ahora debe contener no solo la política, sino también la economía.
