La exclusión del radical Arjol del armado en Misiones y el desacuerdo en Corrientes profundizan el malestar con Lule Menem y Karina Milei. Entre los aliados crece la idea de que el Gobierno ya no cumple ni promete.
La alianza de Javier Milei con sectores de la oposición moderada muestra cada vez más signos de desgaste. El caso del diputado misionero Martín Arjol es una señal: después de haber respaldado al oficialismo votando a favor del veto presidencial al aumento jubilatorio -gesto que le valió su expulsión de la UCR-, fue dejado fuera de las listas por decisión de Karina Milei y Lule Menem. Sin embargo, hay preocupación en sectores del gobierno respecto a otros casos y cómo eso podría afectar la gobernabilidad.
El enojo del legislador radical no es aislado. «Lo que están haciendo con nosotros no tiene nombre. Dicen que quieren fortalecer primero el partido, y después generar los acuerdos. ¿Cómo pretenden cerrar acuerdos con tantos heridos?», lanzó un dirigente desplazado del armado. La decepción avanza incluso entre quienes, como Arjol, fueron de los primeros en abrazar la estrategia libertaria, posaron con Milei en la Casa Rosada y participaron del asado de «los 87 héroes».
En Tucumán, el radical, Mariano Campero, siguió una línea similar: tras haber coqueteado con un cargo nacional, votó en contra del oficialismo en dos proyectos sensibles -el aumento para las universidades y la emergencia del Hospital Garrahan-. El problema, advierten varios aliados, no es solo la falta de recursos o de apoyo, sino la exclusión de los acuerdos electorales en sus provincias.
Lo que parecía una advertencia aislada se convirtió en una crisis cuando se rompió el pacto con Gustavo Valdés. La Libertad Avanza iba a respaldar a su candidato a gobernador a cambio de encabezar la lista de diputados. Todo parecía cerrado, pero Lule Menem pidió a último momento encabezar esa nómina y hasta vetó al hermano del mandatario por considerarlo «muy casta».
La ruptura no solo sorprendió a los operadores locales: dejó sin margen a quienes intentan sostener una alianza nacional sólida. En el entorno de Valdés y otros gobernadores como Ignacio Torres, Gustavo Sáenz y Alfredo Cornejo, cunde la desconfianza. «A los gobernadores los cerrás con plata o con política. Y política es listas y alianzas electorales. ¿Qué carajo me importa un concejal si necesitamos avanzar con la agenda nacional?«, se quejó en diálogo con el Diario AR un dirigente del ala caputista del oficialismo.
Las diferencias internas dentro del Gobierno también se volvieron inocultables. La tensión entre la estrategia de Karina Milei y el sector que responde a Santiago Caputo -que busca acuerdos pragmáticos para sostener la gobernabilidad nacional-, se agudizó. «El Congreso está fuera de control”, admiten cerca del asesor presidencial, donde advierten que sin acuerdos duraderos, la gobernabilidad está en riesgo.
En este escenario, muchos aguardan la intervención directa del Presidente. Aunque Milei suele esquivar el «barro de la rosca», fue él quien ordenó cerrar el pacto con Cristian Ritondo en la provincia de Buenos Aires. Por eso, varios en Casa Rosada apuestan a que el mandatario vuelva a “bajar el martillo” si el Congreso se vuelve ingobernable o si necesita reunir votos para blindar sus vetos.
Los aliados, sin embargo, ya no esperan promesas: esperan gestos. Sospechan que el Gobierno volverá a buscarlos con urgencias, cuando necesite revertir las derrotas legislativas. Para entonces, algunos heridos ya habrán decidido caminar por fuera.
