El nuevo Congreso estará dividido entre el oficialismo libertario y la oposición, con un puñado de legisladores clave que definirán la gobernabilidad y el rumbo de las reformas que impulsa Javier Milei.
La fuerte polarización que dejaron las urnas el domingo se trasladará al Congreso a partir del 10 de diciembre. Dos grandes bloques concentrarán el poder parlamentario: el oficialismo, acompañado por el PRO, y la oposición más dura. En el medio, un conjunto menor de legisladores quedará en una posición estratégica, con la llave para habilitar las sesiones y definir la agenda legislativa. Ninguno de los espacios principales podrá avanzar sin negociar con ese núcleo intermedio, todavía en formación, que dependerá en buena medida de la orientación política que adopte el Gobierno.
“Hay decenas de diputados y senadores de otros partidos con los que podemos encontrar acuerdos básicos. Nos alegra que en muchas provincias la segunda fuerza no haya sido el kirchnerismo, sino los oficialismos locales, actores racionales y procapitalistas, a los que uno más uno les da dos”, celebró Javier Milei durante su discurso de la noche electoral. Y remató con una propuesta de apertura: “Queremos convocar a la mayoría de los gobernadores con representación parlamentaria para discutir en conjunto estos acuerdos. En definitiva, ahora sí podremos traducir en leyes las consignas del Pacto de Mayo”.
Para poder concretar las reformas impositivas y laborales que prometió en campaña, el Presidente necesitará sumar al menos 25 diputados más, además de los 104 que reunirán los libertarios y sus aliados naturales. Si bien se trata de un avance significativo frente a la escasa representación con la que debió gobernar en sus dos primeros años, todavía quedará lejos del quórum. La oposición más dura, conformada por Unión por la Patria y la izquierda, alcanzará aproximadamente 103 bancas.
En el sector intermedio se ubican cerca de 50 legisladores: el bloque de Miguel Pichetto (Encuentro Federal), los representantes de Provincias Unidas, los gobernadores peronistas no kirchneristas, el radicalismo, la Coalición Cívica y los exlibertarios del MID y Coherencia. Tanto el oficialismo como la oposición deberán conquistar, al menos, la mitad de ese grupo —alrededor del 10% de la Cámara— para poder abrir el recinto y aprobar proyectos. En ese equilibrio residirá la gobernabilidad.
En Diputados, la disputa quedará marcada por dos polos claros: el oficialismo libertario con sus aliados y, en la vereda opuesta, Unión por la Patria junto a la izquierda.
Entre ambos polos, unos 50 diputados de distintas procedencias —UCR, Coalición Cívica, Encuentro Federal, exlibertarios y representantes provinciales— se ubicarán como el punto de equilibrio de la cámara. Ese heterogéneo grupo puede dividirse en cuatro sectores, de acuerdo con su relación con Milei:
- Los cercanos a Milei
Son los espacios que mantuvieron la coordinación más estrecha con el oficialismo: los radicales que se escindieron de su bloque tras mostrarse públicamente con el Presidente, sus colegas que conservan el sello de la UCR y los dos representantes del MID, que habían llegado al Congreso junto a los libertarios, pero se apartaron luego por diferencias con el entorno menemista. - Los gobernadores acuerdistas
Integran este grupo Gustavo Sáenz (Salta), Hugo Passalacqua (Misiones), Marcelo Orrego (San Juan), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Rolando Figueroa (Neuquén). Antes de las elecciones, y pese a haber competido en distintos frentes, mantuvieron vínculos de cooperación con el mileísmo. Superado el proceso electoral, podrían volver a adoptar una actitud negociadora. - Las Provincias Unidas y afines
Allí se agrupan Encuentro Federal, los mandatarios de Provincias Unidas (Chubut, Jujuy, Santa Fe, Santa Cruz, Corrientes y Córdoba), los radicales no alineados y los restos de la Coalición Cívica. En los primeros meses de gestión alentaron el diálogo con el Gobierno, pero el tono confrontativo de Milei hacia el Congreso los llevó a tomar distancia. - El sector esquivo
En el extremo más crítico se ubican los cuatro exlibertarios que conformaron el bloque Coherencia y la cordobesa Natalia de la Sota, quienes se convirtieron en obstáculos recurrentes para los proyectos del Poder Ejecutivo.
El oficialismo y sus aliados lograron retener un tercio del cuerpo legislativo, suficiente para bloquear leyes incómodas y sostener eventuales vetos presidenciales. Es un capital político importante tras un año en el que el Congreso le impuso tres leyes que todavía no se implementan: la emergencia en discapacidad, el financiamiento del Hospital Garrahan y de las universidades. Estos temas volverán a ser materia de negociación con el centro político, que busca recuperar protagonismo.
Dentro de ese variado espacio existen distintos grados de cercanía con el Gobierno. Los dos sectores radicales —la “Liga del Interior” y el bloque oficial de la UCR— han mostrado más afinidad con el oficialismo que con la oposición, lo que los convierte en interlocutores accesibles para Milei. Junto a los exlibertarios del MID, suman 11 votos. A ellos se agregan los gobernadores acuerdistas Gustavo Sáenz, Hugo Passalacqua, Marcelo Orrego, Osvaldo Jaldo y Rolando Figueroa, con otros 12 apoyos. Hasta las últimas elecciones fueron aliados circunstanciales de los libertarios, a quienes respaldaron cuando el Congreso se mostraba adverso. Superada la contienda, podrían volver a un rol dialoguista.
El núcleo más impredecible está integrado por Encuentro Federal, los mandatarios de Provincias Unidas (Chubut, Jujuy, Santa Fe, Santa Cruz, Corrientes y Córdoba), los radicales independientes y los remanentes de la Coalición Cívica: 22 votos capaces de inclinar la balanza en cualquier dirección. En los primeros meses fueron promotores del diálogo, pero la tensión creciente con el Congreso y la falta de flexibilidad del oficialismo deterioraron esa relación.
En el flanco más crítico aparecen los exlibertarios del bloque Coherencia y la diputada Natalia de la Sota, que tras romper con Milei —entre ellos Marcela Pagano, Lourdes Arrieta, Carlos D’Alessandro y Gerardo González— se convirtieron en voces opositoras dentro del recinto y dificultaron la agenda legislativa del Poder Ejecutivo.
Si Milei lograra sumar el respaldo de los radicales dispersos, quedaría a solo 14 votos del quórum. Los gobernadores acuerdistas podrían aportar otros 12, aunque el Presidente deberá seguir buscando apoyos entre los representantes provinciales o sus antiguos aliados. En ese mismo desafío está también el kirchnerismo, que enfrenta el mismo laberinto numérico.
Cámara de Senadores
En la Cámara alta, la dinámica se repite: el oficialismo y sus aliados reunirán 24 bancas, mientras que el peronismo duro alcanzará 28. En el medio se ubicarán los bloques no alineados, que suman 20 escaños y definirán buena parte de las votaciones.
- El filolibertario
El formoseño Francisco Paoltroni se apartó del bloque libertario tras la postulación de Ariel Lijo a la Corte Suprema, pero volvió a actuar como aliado y se mostró públicamente junto a los candidatos de Milei en la última elección. En las últimas votaciones acompañó a La Libertad Avanza. - Los gobernadores acuerdistas
Los senadores que responden a Gustavo Sáenz, Rolando Figueroa y Hugo Passalacqua buscan preservar la estabilidad en sus provincias y mantener un diálogo fluido con la Casa Rosada, por lo que podrían facilitar consensos con el Poder Ejecutivo. - Las Provincias Unidas
Este grupo agrupa a los legisladores cercanos a los gobernadores que impulsaron el espacio con proyección nacional hacia 2027. Su objetivo es establecer una agenda federal centrada en el desarrollo del interior productivo y la disciplina fiscal, marcando límites a Milei. - El radicalismo pivote
Será el sector más decisivo, capaz de inclinar la balanza en cualquier sentido. Sin su acompañamiento no habrá quórum, pero su apoyo tampoco será suficiente por sí solo. Dentro del bloque conviven figuras más cercanas al Gobierno, como Carolina Losada, con voces críticas, como Flavio Fama, exrector universitario.
El Senado reflejará el mismo equilibrio inestable que Diputados. Los bloques no alineados totalizarán 20 bancas; el oficialismo y sus aliados, 24; y el peronismo, 28. El cambio más significativo tras las elecciones es la pérdida de poder del PJ, que pasó de 34 a 28 senadores y dejará de tener capacidad de bloqueo, algo inédito en las últimas cuatro décadas.
Aun con el respaldo de todas las fuerzas provinciales, Milei necesitará al menos dos votos radicales para aprobar sus reformas. El esquema de negociaciones será múltiple: no alcanzará con un solo interlocutor, sino que el Presidente deberá desplegar flexibilidad y moderación para tejer acuerdos con cada uno de los espacios que no integran los polos enfrentados.
En esa avenida del medio confluyen perfiles diversos: el formoseño Francisco Paoltroni, que volvió a alinearse con el oficialismo; los gobernadores dialoguistas Passalacqua, Sáenz y Figueroa, con cuatro senadores; los mandatarios de Provincias Unidas —Ignacio Torres (Chubut), Martín Llaryora (Córdoba) y Claudio Vidal (Santa Cruz)—, con cinco; y el radicalismo, con 10 bancas clave para habilitar sesiones y avanzar con las reformas.
La UCR, fiel a su tradición, mantendrá diversidad interna: convivirán figuras más cercanas al Gobierno, como Carolina Losada, con referentes críticos como Flavio Fama, quien se opone abiertamente a la “motosierra libertaria”.
El domingo electoral, Milei se presentó con traje y corbata y pronunció un mensaje orientado al consenso. Su desafío político central será sostener esa nueva versión: la del presidente que, tras haber hecho de la confrontación su sello distintivo, intenta ahora moderarse para poder gobernar.
