Es notable como el centenario partido radical pretende esconder parte de su propia historia.
Para empezar, su comienzo fue revolucionario. Nacieron tirando tiros en la revolución del Parque.
Hoy sus dirigentes, que integran Cambiemos, se instalan de nuevo en la polémica con la teoría de los dos demonios.
Es bueno, entonces, para los más jóvenes, repasar sus antecedentes golpistas en la historia.
Desde siempre los personalistas, que seguían a Hipólito Yrigoyen, se diferenciaron de los antipersonalistas de Alvear.
Alvear fue para los radicales lo que Menem fue para el peronismo.
Hoy el presidente Mauricio Macri dice admirar a otro ex radical, Arturo Frondizi. Ya vamos a explicar de quien se trata.
La triple A, que desde las organizaciones armadas se la atribuyeron a Lopez Rega y que tuvo componentes de las Fuerzas Armadas y Policía, tuvo su correlato anterior, solo que más sanguinario. Sus jefes fueron tres radicales unionistas: Enrique Mathov, Ernesto Sanmartino y Miguel Angel Zavala Ortiz. Los tres con amplia llegada a la embajada de Inglaterra.
Fueron conspiradores contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, apoyaron el levantamiento de un coronel Suarez, afiliado al radicalismo. En 1951 estuvieron mezclados en el intento de golpe de Benjamín Menéndez que, entre otros, costó la vida del cabo Fariñas cuando intentaron asesinar a Perón y a Evita. Y lo más grave fue que apoyaron el asesinato en masa del 16 de junio de 1955, donde Zavala Ortiz fue el único civil que desde un avión ametralló gente.
Los radicales lo premiaron, lo hicieron canciller del gobierno de Arturo Humberto Illia y Carlos Perette que, junto con el de Néstor Kirchner, fue el menos votado de la historia.
Como canciller, Zavala Ortiz uso todos sus recursos con la embajada inglesa para hacer intervenir a EE.UU y evitar el primer intento de retorno de Perón, que fue detenido en Rio de Janeiro y enviado de vuelta a España.
El hijo de Mathov fue procesado en la caída de Fernando de la Rua por los muertos que dejó el último presidente radical.
Sanmartino, Mathov y Zavala Ortiz fueron los que inventaron que Perón era nazi.
Por si alguien no lo sabe o tiene dudas, Argentina fue el segundo país del mundo en reconocer al Estado de Israel. El presidente era Juan Perón, y el primer embajador argentino, el padre del actual director de la Biblioteca Nacional del gobierno de Macri.
Cuando los militares derrocaron a Illia y después de Onganía y Levingston, apareció el gobierno pro soviético de Alejandro Agustín Lanusse, y sin ningún empacho, así como en el 76, los radicales aportaron funcionarios en distintos niveles.
El 26 de marzo de 1971 el dictador Lanusse se hace cargo del gobierno y después que Arturo Cordon Aguirre fuera nombrado ministro del interior, el radicalismo le ofreció su mejor cuadro. Era el doctor Arturo Mor Roig que, entre otros, tuvo de compañero en el gabinete al gorila y violador de la tumba de Evita, Francisco Manrique.
Otro radical se hizo cargo de Defensa, Aldo Ferrer, que también fue funcionario kirchnerista.
El ahora devenido en periodista Luis María del Pablo Pardo, también fue ministro en aquel tiempo. Y Rubens San Sebastián que, como ministro de Trabajo de Onganía, fue el que le entregó las obras sociales a los sindicatos, queriendo conquistar con esto al movimiento obrero, también fue compañero de los radicales en el gabinete.
Es interesante saber que Lanusse, Videla y Viola fueron instrumentados por los rusos contra otros que en el Ejército eran sostenidos por EE.UU
Emilia Menotti, biógrafa de Frondizi, escribe textualmente sobre la participación de Arturo Frondizi en la conspiración de los radicales el 16 de junio de 1955:
“…con respecto al movimiento del 16 de junio Bernardo Larroud que intervino en todo el proceso, comenta que Frondizi, aunque no participó en la conspiración, se mantuvo informado sobre todos los pasos por las noticias que le acercaban sus amigos, entre ellos, Candiotti, que en esa oportunidad ocupó la Estación Cuyo.”
La Estación Cuyo en aquella época permitía tener el control de todas las emisoras de radio del Estado.
Pero otro radical, Ricardo Balbín, dice textualmente refiriéndose a aquellos sucesos:
“Al caer la tarde del dia 15 de junio de 1955, cuando todavía estábamos enredados en discusiones sobre la Iglesia y el Estado, Frondizi me avisó que al día siguiente se largaba la cosa.” “Se supo después que hasta el propio Perón se sorprendió y gracias al aviso de Frondizi no concurrí a mi oficina.”
Es interesante ver como todos juegan a que no sabían y que el otro le avisó, pero lo cierto es que conspiraron en la mayor masacre de la historia.
En tiempos más cercanos la alarma que hoy le causa a los integrantes de Cambiemos lo que pudo haber hecho La Cámpora, es parecido al asombro que la sociedad no radical tenía con la Junta Coordinadora en época de Alfonsín.
El presidente constitucional Juan Domingo Perón sufrió durante la tercera presidencia el intento de copamiento del cuartel de Monte Chingolo por parte del ERP. Uno de los que escapó, Enrique Gorriarán Merlo, fue el jefe del intento de toma de la Tablada con apoyo de la SIDE y con fuertes acusaciones al radical Becerra en la Casa Rosada.
Como se ve, cuando se habla de los dos demonios, hay que tener memoria. Y por las dudas le recuerdo que la actual ministra de Seguridad de la Nación y ex ministra de Trabajo del presidente radical De la Rua, Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, fue integrante, junto con su hermana, ya desaparecida, de Montoneros con fuerte vinculaciones a Rodolfo Galimberti, que terminó trabajando en la SIDE en la época de Mnem. Mientras que el actual ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, fue integrante de la Juventud Peronista cuando la conducía en Canca Gullo.
Y que el presidente de la Cámara Argentina Israelita, Mario Montoto, el ex secretario y furrier de Mario Firmenich, hoy próspero empresario de seguridad, vinculó a Patricia Bullrich para que el gobierno de Macri haga negocios por la compra de armas al estado de Israel.
¿Cómo conviven en Cambiemos con uno de los dos demonios?
A lo mejor, está Gómez Centurión que representa a la otra parte y los muchachos del centenario partido encontraron un equilibrio.
Terminemos esto con las primeras estrofas de la marcha partidaria:
¡Adelante radicales, adelante sin cesar!
Pero no tan adelante, que se enoja el General!
