Ambos compartieron actividades en San Isidro durante el mes de mayo. Con la casi confirmada presencia del possismo en el cuarto oscuro con boleta corta, en el oficialismo local dicen que habrá libertad de acción para elegir presidente y gobernador. Pero los resquemores con Massa y Macri resonarán largo rato. El ex motonauta olfateó con habilidad el panorama. Saben que en el conurbano cada voto cuenta.
Por César Morielli
En las últimas semanas, actividades institucionales y fotos con muchas sonrisas entre el intendente de San Isidro Gustavo Posse y el gobernador bonaerense Daniel Scoili, llamaron la atención de más de uno. Desde ambas trinchera detienen en seco cualquier sospecha sobre posibles acuerdos. Pero lo electoral no quita lo político.
El pasado 12 de mayo, en el Hipódromo, el precandidato a presidente acompañó al sanisidrense, que por entonces todavía era precandidato a gobernador de Buenos Aires, en el egreso de la primer camada de 74 oficiales de la Policía Local. Se percibió buena convivencia y no hubo chicanas en los discursos. Algo extraño teniendo en cuenta los dardos que históricamente lanza el possismo.
Más tarde, ya con el anuncio de Posse de declinar sus intenciones bonaerenses (de hecho se conoció su decisión un par de días después del acto antes mencionado), ambos volvieron a compartir un evento social en las tribunas del Hipódromo al celebrarse el Gran Premio 25 de Mayo. En esa ocasión, también, Scioli fue distinguido por haber aumentado el Fondo de Reparación al Turf. Fue el segundo capítulo de las buenas vibras entre ambos.
¿Pero qué une al possismo y el sciolismo más allá de la convivencia en el marco institucional? Un acuerdo electoral es inviable. Referentes de ambos espacios le bajan la espuma a las fotos. Pero es cierto que hay intereses en común. Más allá de lo que declara en los micrófonos el intendente, sobre la importancia de presentar una oposición unida, en San Isidro no moverán un dedo para sumarle votos al PRO o al Frente Renovador (si es que Massa no se baja antes de las PASO). Pero eso no es todo, aunque nadie lo dice, quedó resquemor con el macrismo, que hizo un fuerte desplante y nunca le abrió las puertas a Posse luego de su salida del FR. En cuanto al espacio del tigrense, todavía hay sangre en el ojo por el menosprecio a la precandidatura de Posse cuando aún militaba las filas renovadoras. Además se cuela un conflicto local con los Galmarini, que siempre cascotearon a la gestión local. Es decir, con el PRO y el FR hay animosidad personal.
Posse buscará una nueva reelección, y seguramente lo hará cono boleta corta, sin enganches. ¿Qué le ofrecerán al fiel electorado de San Isidro que no duda en elegir el apellido y refrendar la gestión cada cuatro años? En estas estrategias, poco importa lo que se dice “on the record”. Scioli olfateó y arrimó el bochín. El possismo no hará campaña ni por Macri ni por Massa, y las chicanas al ex motonauta bajarán a niveles gélidos. ¿Habrá devolución de favores más adelante? Imposible saberlo. Pero el possismo no dará una ayuda por mera filantropía.
Los sondeos marcan que en la provincia, con subidas y bajadas, los números de Scioli y Macri oscilan por encima del 30 %. Todo está pareja. Cada voto del conurbano vale. San Isidro tiene aproximadamente 200 mil electores, y una inclinación en la balanza puede ayudar a hacer una diferencia en la Región Norte.
LaNoticiaWeb sabe que hubo al menos dos reuniones entre Posse y Scioli. Rápidas y sin demasiados rodeos. El candidato local del sciolismo es Santiago Cafiero, curiosamente quién mayor nivel de conocimiento tiene en la oposición. Desde su entorno dicen que todo se trata de una campaña de prensa del possismo, y que son más optimistas que nunca con la coyuntura actual para ganar en el distrito. ¿Pero no tendrá Cafiero algún lugar importante a nivel nacional si Scioli es presidente? Dicen que ni siquiera piensan en eso, que el gran objetivo es gobernar San Isidro. El actual gobernador no va a planchar la campaña del nieto de Don Antonio, de hecho en estos desembarcos en San Isidro estuvo acompañado por él y participó de la comitiva en el helicóptero oficial.
Lo atractivo estos días es observar las cosas que pueden unir a Scioli con Posse, los intereses en común, y los adversarios políticos que comparten. Después, todo es cuestión de eufemismos: tregua, alto el fuego, acuerdo, o elegir el mal menor.

