La autoridad monetaria soltó parte del corset financiero que había impuesto a los bancos. Busca más liquidez en el sistema y un alivio en el costo del crédito en medio de una economía desigual y con morosidad en alza.
El Banco Central decidió aflojar una de las principales herramientas de control monetario. A partir de abril, reducirá los encajes bancarios con el objetivo de liberar pesos, empujar a la baja las tasas de interés y oxigenar una economía que mostró señales débiles en sectores clave. La medida impactará sobre los grandes bancos, que concentran la mayor parte de los depósitos.
La decisión implicó dejar sin efecto el esquema que había endurecido las exigencias en 2025. Ese refuerzo transitorio sobre los encajes en bonos venció a fines de marzo y no tuvo continuidad. Con ese movimiento, el organismo que conduce Santiago Bausili dio una señal clara al mercado: priorizó la liquidez en un contexto de crédito frenado.
Desde el sistema financiero interpretaron la medida como un intento directo de influir sobre el costo del dinero. Menos encajes implican más fondos disponibles para prestar. Esa mayor oferta presiona a la baja las tasas, un punto que el Gobierno buscó corregir tras un inicio de año con endurecimiento monetario.
Fuentes oficiales explicaron el alcance de la medida. «Esta baja afecta cuentas vista, cauciones tomadoras y Fondos Money Market. Los encajes de cuentas a la vista quedan en 45% (desde el 50% actual): 31,5% en efectivo y el resto en bonos», señalaron. El recorte liberó recursos que antes quedaban inmovilizados.
En el Central descartaron un impacto directo sobre la emisión. Argumentaron que los bancos podrán integrar parte de esos encajes con títulos públicos. De ese modo, el movimiento no implicó necesariamente más pesos en circulación inmediata, aunque sí mejoró la disponibilidad dentro del sistema financiero.
La flexibilización no surgió de forma aislada. En los últimos meses, el BCRA avanzó con una serie de ajustes sobre el régimen de encajes. Tras las elecciones legislativas, eliminó exigencias mínimas en efectivo para depósitos a la vista y redujo el piso diario de integración. Luego habilitó un margen para compensar faltantes entre meses.
Sin embargo, mantuvo ciertos controles. Estableció un encaje del 20% para financiamiento externo de corto plazo entre entidades vinculadas. Buscó desalentar movimientos especulativos sin afectar el crédito de mayor plazo ni el comercio exterior.
El trasfondo de la medida expuso una preocupación creciente: la caída del crédito y el aumento de la morosidad en familias y empresas. Desde fines de 2024, los indicadores mostraron un deterioro sostenido. Al mismo tiempo, la actividad avanzó con fuertes desequilibrios. La industria y el comercio quedaron entre los sectores más golpeados.
En ese escenario, el Central optó por soltar liquidez. La apuesta apuntó a que más pesos en los bancos se traduzcan en tasas más bajas y mayor financiamiento, un intento por reactivar el circuito económico sin abandonar del todo el ancla monetaria. El resultado dependerá de la reacción del sistema financiero y de la confianza en un contexto todavía frágil.
