¿Quién llega mejor al balotaje? Difícil tener una respuesta. Hay un dato: tanto en las PASO como en la primera vuelta los favoritos perdieron. Hay otro dato: las encuestas que mostraban como favorito a Sergio Massa después del 22 de octubre quedaron atrás y ahora lo que se ve es una paridad mucho más marcada o, incluso en muchos caso, a Javier Milei como ganador.
Eso puede explicarse desde dos perspectivas: el ministro de Economía no quiere llegar como el máximo favorito en las encuestas y que su militancia y aparato electoral se relaje o, efectivamente, el acuerdo con Mauricio Macri y Patricia Bullrich le garantizó un importante traslado electoral de Juntos por el Cambio al candidato libertario.
Cómo sea, la contienda se vislumbra más que pareja y el margen de error se hace más angosto. Desde allí se explica la cautela de Milei para dar entrevista luego de haber derrapado en la pantalla de A24.
También limitaron el número de voceros propios y dejaron en manos de un amplio elenco de macristas la comunicación del mensaje de “cambio vs. continuidad”. Es una campaña tan atípica que la promoción de un candidato la hacen los rivales a los que venció y en lugar de exaltar sus virtudes alertan sobre el daño mayor que su triunfo podría evitar.
Desde los comandos de campaña de La Libertad Avanza entendieron que el show de la motosierra, los mimos con Fátima y las barbaridades como la venta de órganos o renunciar a la paternidad tienen un techo del 30%.
Despejado de la campaña eso, la idea es que Milei sea minucioso para seleccionar qué entrevistas brindar y evitar lo mayor posible los errores no forzados. Que el esfuerzo lo haga Massa, que se ubique él bajo los reflectores y que se enfrente a la crítica por su manejo de la economía.
Con esa impronta, el candidato libertario cerrará su campaña en Córdoba, provincia que consideran crucial para ganar el balotaje y donde buscarán que se repita la fórmula del fernet (70/30) como lo hizo Mauricio Macri en 2015, cuando derrotó a Daniel Scioli en segunda vuelta.
Justamente allí, en el centro del país, radica el mayor miedo de la Unión por la Patria. En ese subcontinente que va de Mendoza a Entre Ríos, atraviesa San Luis, Córdoba y Santa Fe, y tiene como anexo distante a CABA, Massa tuvo malos registros y quedó, matemáticamente, lejos de valores competitivos para un balotaje.
Las luces rojas en el tablero de la campaña massista se nutren de sondeos que coinciden en anticipar un resultado abierto. Uno de los tantos informes que leen en el PJ, que confeccionó Hugo Haime, da pistas sobre los componentes que pueden determinar el resultado electoral: “el miedo a”. Según Haime, el miedo a Milei es apenas un poco más alto que el miedo a Massa, entendido esto último como un combo diverso que incluye, como elementos negativos, la continuidad de un gobierno crítico y la influencia del kirchnerismo.
Ahí es donde muchos dirigentes del Frente Renovador repiten que se “perdió la agenda” y que ahora está más marcado el miedo a la continuidad de un Gobierno que fracasó por completo que a outsider desconocido con marcada inestabilidad emocional.
Además, Massa se encuentra con otra dificultad: el clima social lo señala como ganador y eso potencia, por un lado, el temor a la continuidad, y por otro, vuelve más laxo el miedo a Milei, lo que puede derivar en que haya una migración al voto blanco o, incluso a LLA, de votantes que creen que ya ganó Massa. El dato aparece en las mediciones: el voto se reparte parejo pero ante la consulta de quién ganará la elección, la mayoría cree que será Massa. Puede ser un boomerang para el candidato peronista.
Uno de los éxitos de su campaña hasta ahora es haber sido capaz de venderse como un cambio posible, como si no tuviera culpas por este presente agobiante para una enorme mayoría de la población. Y, sobre todo, de que él será el presidente, diferenciándose de la debilidad política del actual mandatario, Alberto Fernández. La foto de Massa solo en el Congreso gráfica esa búsqueda que intenta cautivar a un electorado por fuera del peronismo orgánico.
Volviendo al mapa. Casi el 45% del “voto libre” se concentra en la franja amarilla. Entre Córdoba, CABA, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Mendoza, juntan 3,8 millones de los 8,7 millones huérfanos de la general. Por eso, Massa se enfoca en esos territorios para ir, con perfil moderado, en busca de un votante neutro que pueda verlo como un dirigente no K pero, además, como alguien que puede hacer un gobierno mejor que el del Frente de Todos (FdT).
