El intendente de San Isidro sumó más de 100 mil votos en el distrito y pasó el 48%. Año tras año la gestión se acomoda a las necesidades y nuevas expectativas de los vecinos. Sus electores ya hicieron el cambio generacional de quienes acompañaron a su padre. Con ola de votos nacionales en contra o con opositores locales que bucean el mismo océano, Posse siempre gana.
Gustavo Posse cumplió con una tradición conocida en el distrito: festejó un triunfo electoral el pasado domingo en el bunker de la calle Francia. Pero los periodistas que trabajan en el distrito coinciden que, sin embargo, se lo vio más feliz y suelto de cuerpo que en ocasiones anteriores. “Siempre pensas en ganar la elección, pero uno se entrega a la gestión y a la relación con los vecinos”, expresó con alegría desbordante, como pocas veces antes.
San Isidro es Distinto. El slogan ya es viejo y cuando lo estrenaron hace unos cuantos años atrás pegó fuerte y provocó reacciones incluso afuera del distrito. Eran épocas anteriores a Cambiemos y la gestión buscaba adaptarse. La dinámica de la administración local siempre mostró buen tino para acompañar los cambios de humor sociales y la capacidad para mimetizarse con los nuevos desafíos.
“¿Cómo hará Posse cuando pierda su tradicional electorado, aquel que acompañó a su padre? Hoy en San Isidro hay chicos que nacieron cuando él ya era intendente”. Son válidas las incertidumbres de cierto sector opositor.
El intendente respondió con cambios en el gabinete, que comenzó a poblarse poco a poco con multipartidarios dirigentes sub 40, con agendas y energías muy diferentes a los antiguos funcionarios.
Algo similar comenzó a ocurrir en el Concejo Deliberante, donde además libró una batalla particular con un viejo aliado para poder tener a Andrés Rolón defendiendo las políticas públicas del oficialismo desde el recinto.
Año tras año, San Isidro se las ingenia para subir la vara, esquivar el desgaste, y mostrar nuevos logros de gestión. Y obras. Es un escenario imposible para cualquier espacio opositor. Ahora, luego del triunfo, en el Municipio se puso mira en el “Plan Maestro”, el nuevo gran objetivo para los próximos cuatro años. En los comicios pasados la consigna había sido terminar esas obras que no se ven, para poder disfrutar y mejorar la calidad de vida.
El domingo Posse llegó al 48% de los votos y cosechó la confianza de más de 100 mil vecinos. Creció 8 puntos respecto a las PASO del 11 de agosto. Apostó a lo que mejor sabe: escuchar a los vecinos y priorizar la agenda local. Pero sin abandonar Cambiemos ni escondiendo al presidente o a la gobernadora, que estuvieron de visita en el distrito durante la campaña.
Superó con tranquilidad, por 21 puntos, a la lista del Frente de Todos que encabezó el ex concejal Federico Gelay. Desde el entorno del empresario auguraban que la diferencia se había achicado a 10 mil votos en los días previos. La maniobra de campaña no funcionó y la distancia fue de 45 mil.
Más lejos aún quedó el vecinalismo de ConVocación por San Isidro, un espacio filo macrista, de centro, que pesca en la misma pecera electora. Terminaron a 30 puntos de distancia, restaron algunos votos respecto al desempeño de las PASO. Pero lo más importante, es que parecen quedarse sin recursos para convencer al sanisidrense. Esta vez optaron por acuerdos con otros sectores que trajeron suma cero.
El vecinalismo supo captar una gran cantidad de vecinos que quieren un cambio, pero parecen haber tocado techo y apostaron a los mismos mensajes y denuncias de siempre. En el peronismo otra vez fue insuficiente el aluvión de votos del ámbito bonaerense y nacional.
En su breve conferencia de prensa en el búnker de la calle Francia, Posse dejó indicios de lo que viene: volvió a referirse a su espacio vecinal, integrante de Cambiemos, plural, “frentista” en lo local, y con presencia de varios partidos como el radicalismo, el Pro, el peronismo, el socialismo e independientes. Llamó a seguir cerca de los vecinos y a trabajar cuatro años más para que San Isidro siga liderando el podio de las ciudades con mejores índices de calidad de vida. Las urnas dictaron sentencia una vez más.

