A través de la emisión monetaria, el Gobierno ensaya medidas para revertir los resultados electorales que arrastran desajuste económicos por doquier.
El récord de inflación interanual, después de la hiper de Alfonsín, la tiene el gobierno de Mauricio Macri con el 57,5%. Con el dato de septiembre que arrojó ayer el INDEC (3,5), la gestión de Alberto Fernández se acercó mucho a éste último récord: la interanual quedó en el 52%.
Estos números, que golpean de lleno a los ya vapuleados bolsillos argentinos, es, sin dudas, una de las mayores preocupaciones del oficialismo. A pesar de ello, el Gobierno no para de echarle leña al fuego de la inflación.
Sucede que luego de haber perdido las PASO, y al margen de los cambios en el gabinete, Cristina Kirchner hizo un pedido explícito: aumentar el gasto para poner plata en los bolsillos de la gente. Ese gasto ya se está efectuando a través de todas las medidas que se vienen anunciando desde el 12 de septiembre y se seguirá profundizando hasta el 14 de noviembre. Todo esto financiado, principalmente, a través de la emisión monetaria, que aumenta la presión inflacionaria y pone en riesgo la tranquilidad en el tipo de cambio.
Ante este cóctel explosivo que tiene raíces electorales, el Gobierno ensaya tres herramientas elegidas para llegar con calma y “platita” a las generales.
La primera es el ya mencionado pedido de la vicepresidenta: aumentar el gasto y la emisión monetaria: el rojo fiscal del segundo semestre, más los gastos vinculados con los anuncios de campaña electoral, repercute de lleno en rojo de las cuentas públicas. Nítida respuesta al reproche de Cristina, que en su carta apuntó contra el ministro de Economía por haber subejecutado el presupuesto y no estar gastando lo estipulado en el presupuesto 2021.
La segunda, como escudo de la primera, es la profundización del cepo cambiario. Aquí la intención es evitar cualquier tipo de shock con el tipo de cambio antes de las elecciones. Si el dólar libre supera los $200 en este período será un número que impacte de lleno en las urnas. Por eso, para impedir que el dólar se mueva, el BCRA y el CNV dispusieron medidas la semana pasada para restringir aún más el acceso al billete estadounidense.
La tercera es similar a la segunda: tiene como fin frenar las consecuencias negativas que causa la primera herramienta que ensaya hoy el Gobierno. Ahí se explican los cambios en la secretaría de comercio. Con la salida de Paula Español y con el ingreso de Roberto Feletti, se renuevan los controles de precios, donde ya se anunció que se congelará el precio de 1247 productores hasta el año que viene. Se trata de alivios temporales para el bolsillo que no se sostienen.
Ayer tuvimos una excelente reunión con empresarios argentinos en la que, entre otros temas, informé cómo avanza la negociación con el FMI por la deuda que heredamos del gobierno anterior. pic.twitter.com/j4tHM6fZkl
— Alberto Fernández (@alferdez) October 13, 2021
Así las cosas, el Gobierno naufraga entre un timón que no tiene líderes definidos, y medidas económicas que acumulan más desequilibrios a una macro super endeble. Cómo si fuese poco, el contexto es es poco alentador: la derrota en las PASO terminó de expresar el descontento social hacia la clase política; y a esto se suma los cuestionamientos de la clase empresarial por el rumbo económico y el FMI, que ya comenzó a expresar su exigencias para llegar a un acuerdo: reforma laboral y previsional.
En rigor, el Gobierno de Alberto y Cristina llegará a las elecciones generales como puede: a los tumbos.
