Se inicia una transición que algunos quieren acelerar. Los que no se quieren ir, los que se quieren ir de manera ordenada y los que los quieren sacar a los empujones.
El kirchnerismo y el peronismo disidente pujaban en la noche del domingo por capitalizar la elección legislativa, que oficializó la irrupción del intendente de Tigre, Sergio Massa, en el escenario nacional y la confirmación del caudal electoral del 30 por ciento del oficialismo.
El massismo reunirá un bloque propio en la Cámara baja que podría llegar a 19 legisladores, luego de este resultado, pero el kirchnerismo mejoró la performance de las PASO del 11 de agosto, lo que le alcanzó para mantener su peso en el Senado nacional y sumar al menos cinco diputados a su bloque.
Frente a la muy mala elección de 2009, el oficialismo no necesitaba mucho para mejorar su performance, pero el mapa político muestra que son pocos los distritos en los que logró imponerse después de una década de estadía en el poder.
Los gruesos errores políticos y de gestión económica que cometió el Gobierno nacional permitieron, primero el enrarecimiento del clima social y, luego, el surgimiento de Massa, que claramente ha capitalizado ese descontento.
Son ciertas las dos visiones en pugna: que el kircherismo, casi a pesar de sí mismo, aumenta el caudal electoral de las PASO; y que dos de cada tres argentinos han votado en contra de las políticas de la Casa Rosada y de su estilo.
Los gobernadores que han jugado hasta ahora dentro del espacio del kirchnerismo tuvieron suerte dispar, y en muchos casos el voto, castigó o avaló cada gestión. Idéntica situación se vivió en territorio bonaerense.
Tanto Massa como el kirchnerismo, encarnado en la candidatura de Martín Insaurralde vieron acrecentar su caudal de votantes, pero el intendente de Tigre se vio beneficiado por el “voto útil” de los peronistas disidentes y los independientes que en las PASO apoyaron a Francisco de Narváez, un empresario metido a político que hace tiempo perdió el rumbo.
Claro que Massa y De Narváez mantuvieron conversaciones hasta último momento para coincidir en un a lista, pero el primero siempre supo que los votos del hombre que en 2009 logró ganarle a Néstor Kirchner, indefectiblemente irían a su bolsa al final del día. El propio Daniel Scioli, que sostuvo la campaña del FpV, también negoció con Massa una lista única, pero el tigrense consideraba que era un “quintacolumna” dirigido por la Casa de Gobierno a aguarle la fiesta y, a último momento, lo despidió con un portazo. Si a esto se suma que, en efecto, hubo un acuerdo entre el massismo y el machismo en la provincia más poblada del país, queda en claro que todas las opciones electorales futuras caminan por el estrecho sendero del centro a la derecha.
El propio Mauricio Macri se apuró a lanzarse a la disputa presidencial este domingo y consideró abierta una nueva era política en la Argentina, según su lectura del resultado de los comicios. El machismo revalidó títulos en la Ciudad de Buenos Aires, donde será difícil para su “mesa chica” negar que la sucesión del jefe de Gobierno recaiga en la senadora electa Gabriela Michetti. Según lo que le dijo en el escenario de los festejos al “Flaco”, como contó que lo llama, “Gaby” parece haber decidido que atravesará el Jordán y terminará postulándose. Se verá.
En el ritual kirchnerista, Scioli fue quien cerró este domingo el acto en el que hablaron, vía teleconferencia, varios de los gobernadores que revalidaron títulos en sus provincias. Primero apareció el chaqueño Jorge Capitanich, luego el tucumano José Alperovich y, finalmente, el entrerriano Sergio Uribarri. El gobernador bonaerense no lo dijo, pero al menos se ubicó como quien pica en punta, lo que lo no impide que termine habiendo una interna que designe al candidato K para el 2015.
La llegada del trotskismo a la Cámara baja, con diputados provenientes de Mendoza, Salta y la Capital Federal, es un síntoma de la falta de respuesta política de las estructuras tradicionales, algo que se repite en el mundo sindical con el aumento de la representación de partidos de la izquierda combativa. Según como se vea, algo mal deben estar haciendo las dirigencias tradicionales y algo bien las combativas.
Este lunes comenzará un nuevo tiempo. Lo que luce como un glamoroso triunfo del massismo, y su indetenible impacto nacional, se verá moderado con el paso de las horas. Massa y la veintena de intendentes que lo acompañaron, sus “apóstoles”, deberán comenzar a caminar la provincia y el país para sumar voluntades. Los que apuestan a un rápido corrimiento hacia el massismo no conocen bien al peronismo. Se disparará una serie de carreras paralelas en las que no se querrá quedar ni muy atrás ni muy adelantado.
Entretanto, las semanas que llegan descorrerán el velo sobre la salud de la Presidenta, otra de las claves de una transición que tendrá todos los ingredientes. Y ninguna certidumbre.
