Por Miguel Saredi
Las dictaduras y los golpes militares, como todo hecho de violencia, lastima la historia y deja profundas cicatrices. Ese mazazo de la historia se replica con igual intensidad en las ciudades cosmopolitas y en el campo. En un apacible pueblo del interior y en el municipio de las barriadas pobres y los sectores más humildes.
Pero la historia, también, tiene hombres que sanan las Repúblicas heridas por los autoritarismos y la violencia institucional de los golpes militares. Esos hombres, también, trabajan por la democracia con el mismo ahínco, en cualquier lugar que estén.
Y a modo de ejemplo se levanta la figura de Francisco Larraza, quien repudió y sufrió el golpe del ’55 siendo intendente de Trenque Lauquen y el del ’73, de La Matanza.
Primero, en la calma de una ciudad de clase media rural, apegado a la tierra y a la tradición agropecuaria. Luego, en el caos urbano, desorganizado y ruidoso de La Matanza, Larraza dio batalla por la democracia con dos armas imbatibles: la libertad y el compromiso cívico. A la primera la puso contra las cuerdas cuando la dictadura de Aramburu-Rojas lo llevó a la cárcel, por el simple “delito” de ser peronista y defender la democracia siendo intendente de Trenque Lauquen. El segundo, cuando resistió hasta donde pudo el infausto golpe del ’76 y hasta que fue obligado a dejar su cargo de intendente de La Matanza, donde estaba desde hacía tres años. Aquel 24 de marzo el Palacio Municipal de San Justo amaneció tomado por militares que despojaron de democracia y libertad el recinto. Larraza fue obligado a abandonarlo.
Lo que ninguna de las dos dictaduras pudo hacer fue borrar esa impronta. Larraza marcó un camino de militancia y compromiso que fue un adalid para los que seguimos esos principios.
Por esas vueltas de la vida y de la historia, yo también fui concejal de Trenque Lauquen (1993/97) y de la Matanza (2017/2021). Seguí el principio de Larraza y de todos aquellos que hicieron de la política militante su compromiso con la Patria.
Hoy, desde la Matanza, donde gestiono y milito peronismo gracias a Fernando Espinoza, en tiempos de paz y de libertad para ejercer mi ideología, recuerdo y destaco la labor de Larraza como una síntesis de todos aquellos que defendieron a la Patria en toda la vasta geografía argentina.
Inspirados en la célebre frase de Almafuerte, que invitaba a “no te des por vencido ni aún vencido”, los hombres de la democracia –como Larraza- curaron la mortal herida de la dictadura gracias a personas. Y luego nosotros, los que tomamos la bandera y seguimos construyendo una patria libre y soberana.
Ah. Y a propósito: Almafuerte nació en San Justo y fue docente y maestro en Trenque Lauquen, donde hoy tiene allá su casa museo.
Los hilos de la historia jamás se enriedan y siempre, tarde o temprano, conducen al destino buscado.
Por Miguel Saredi
