Con un mensaje que admite las dificultades del presente y promete un futuro más prometedor, La Libertad Avanza transita la etapa final de una campaña marcada por tensiones y reacomodamientos. Haber concentrado gran parte de los esfuerzos en justificar la situación económica actual y en manejar la controversia en torno a un candidato vinculado con un empresario investigado por narcotráfico complicó la posibilidad de enfocarse plenamente en la competencia electoral.
El caso de José Luis Espert obligó a relanzar toda la estrategia, y el impacto de este giro recién podrá medirse el 26 de octubre. Con Diego Santilli convertido en el nuevo referente visible de la lista —aunque su nombre no figure como primer candidato ni se modifiquen las boletas— el PRO recuperó un protagonismo que parecía diluirse. Aun así, Mauricio Macri decidió no involucrarse en la campaña, una determinación tomada antes del cierre de alianzas en la provincia de Buenos Aires. El expresidente suele mantener distancia en estas instancias, más allá de las interpretaciones políticas que puedan surgir.
En la Ciudad de Buenos Aires, el panorama tampoco es alentador. Los dos candidatos impulsados por Macri —Fernando De Andreis y Antonela Giampieri— ocupan el quinto y sexto lugar en la lista conjunta del PRO y La Libertad Avanza, y ambos enfrentan un escenario incierto respecto a su ingreso al Congreso, especialmente Giampieri.
La situación económica, la ruptura de lo que fue Juntos por el Cambio, la escasa notoriedad del candidato principal a Diputados y el estreno de la boleta única de papel son factores que amenazan con debilitar el desempeño de la coalición.
Aunque se prevé un resultado aceptable para La Libertad Avanza, está lejos de alcanzar los niveles que Juntos por el Cambio supo obtener en su momento. La candidata a senadora Patricia Bullrich podría ubicarse entre los 40 y 45 puntos, pero en la categoría de Diputados, con Alejandro Fargosi, la intención de voto aparece considerablemente más baja.
El desconocimiento del candidato y la novedad del sistema de votación empujan las proyecciones hacia los 30 puntos más que hacia los 40. En los días previos al cierre buscarán revertir esa tendencia para garantizar la entrada de al menos seis diputados.
De Andreis definió los próximos comicios como una «elección binaria», apelando al voto útil e instando a los simpatizantes de Cambiemos a no dispersar su apoyo en otras opciones derivadas del mismo espacio. Según explicó, es una suerte de reedición del balotaje.
«La alianza violeta y amarilla que formamos LLA+PRO tendrá, el 26 de octubre, un virtual balotaje contra el kirchnerismo, pero también contra otras listas que, incidentalmente, lo benefician: Lousteau, Manes, Ocaña, los candidatos de la Coalición y otros rostros electorales dividirán el voto y favorecerán la hegemonía tóxica del peronismo», escribió en X.
Desde el PRO insisten en que esas «falsas vías del medio son funcionales al kirchnerismo». En la Ciudad de Buenos Aires, el espacio de Juntos por el Cambio se fragmentó en al menos seis listas diferentes, lo que dispersa un voto que entre 2015 y 2021 permaneció unificado. Evitar fugas que podrían significar hasta diez puntos de pérdida será clave para La Libertad Avanza.
No obstante, los desafíos van más allá de la política interna. En los distritos donde ya se utiliza la boleta única, el voto en blanco suele tener una incidencia mayor que en los que mantienen el sistema tradicional. Se espera que haya confusión, sobre todo en las ocho provincias donde se eligen dos categorías —diputados y senadores—, como sucede en la Ciudad.
En el PRO reconocen que buena parte del electorado desconoce cómo se utiliza la boleta única, por lo que en las próximas semanas se lanzará una campaña de información para enseñar su uso, ahora sin la posibilidad de votar una lista completa de un solo golpe. A esto se suma otro obstáculo: el primer candidato a diputado, Alejandro Fargosi, no cuenta con gran nivel de conocimiento ni atractivo electoral.
La Libertad Avanza apostó a la fuerza de su marca política, aunque esa ventaja podría no alcanzar para compensar la debilidad de un postulante que ni siquiera participó en el debate con sus adversarios. Un dato clave en un sistema que facilita el corte de boleta y obliga a los espacios a sostener el voto con mayor esfuerzo.
