El índice de precios subió 2,3% en octubre y acumuló un aumento del 24,8% en el año. A pesar del freno en la actividad, los valores no mostraron señales de desaceleración. El consumo sigue deprimido, los salarios no recuperan poder adquisitivo y la pobreza continúa en alza.
Los precios al consumidor aumentaron 2,3% en octubre respecto de septiembre y 31,3% interanual, según el Indec. En los primeros diez meses del año acumularon un alza de 24,8%. Fue el sexto mes consecutivo sin que la inflación muestre señales de desaceleración, en un contexto de actividad económica estancada.
El rubro que más subió fue Transporte, con un incremento del 3,5%. También incidieron los ajustes en combustibles, prepagas e internet, que sostuvieron la presión sobre los precios regulados. Los alimentos, aunque mostraron cierta estabilidad en promedio, mantuvieron dispersión entre productos y regiones.
Distintas consultoras privadas advirtieron que el freno de la economía no logró contener la inflación. Desde Econviews explicaron que la demanda interna continúa en retroceso y que “la pérdida del poder adquisitivo refuerza la idea de que la caída del consumo lleva a que las empresas no puedan convalidar la suba de precios”. Sin embargo, ese enfriamiento no alcanzó para quebrar la inercia inflacionaria.
Invecq coincidió en que la economía está “planchada”. Los últimos indicadores mostraron una caída del 0,7% en el EMAE de junio, una contracción del 2,3% en la industria y un descenso del 1,8% en la construcción. El empleo urbano también se redujo, con menor actividad en sectores clave como automotriz, cemento y alimentos.
El deterioro social acompañó la tendencia. Un hogar de cuatro integrantes necesitó 1.213.798,81 pesos para superar el umbral de pobreza en octubre, un 3,1% más que en septiembre y un 23% más que un año atrás. Para no caer en la indigencia, el mismo hogar debió contar con ingresos por al menos 544.304 pesos. Un informe de Unicef advirtió que tres de cada diez hogares con niños no logran cubrir sus gastos básicos.
En paralelo, los indicadores de consumo minorista registraron bajas consecutivas. Las ventas se redujeron 2,2% en agosto y el ingreso disponible de los asalariados formales cayó 11,9% interanual en el primer semestre. El deterioro de la demanda interna repercutió de manera directa en la producción, que sigue sin mostrar señales de recuperación.
La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, subió de 2% a 2,2% y encendió alertas entre los analistas. Para los economistas, este movimiento refleja la persistencia de aumentos en bienes y servicios que no dependen de factores transitorios. El traslado a precios del dólar y las tarifas sigue contenido, pero no eliminado.
Desde el plano monetario, el Banco Central continuó con la baja de tasas de referencia, que ya se ubican en torno al 35%. La autoridad monetaria busca aliviar el costo financiero, aunque los analistas dudan de que esa estrategia reactive la economía antes de fin de año. Según Invecq, “el costo de sostener tasas reales elevadas fue una actividad poco dinámica, golpeada por el corset financiero”.
El panorama político tampoco aportó calma. La combinación de inflación estable en torno al 2% mensual y una economía sin crecimiento se tradujo en malestar social. En la provincia de Buenos Aires, donde la industria y la construcción tienen un peso decisivo, el producto bruto geográfico cayó 2,2% en 2024, por encima de la contracción nacional del 1,3%.
Los analistas coincidieron en que el Gobierno enfrenta un dilema: mantener la inflación baja a costa del estancamiento o arriesgarse a reactivar la economía con el riesgo de que los precios vuelvan a acelerarse. Por ahora, la estrategia parece ser sostener el freno. Pero cada mes que pasa, el costo social se agranda.
En este escenario, el exministro Julio De Vido volvió a quedar detenido, una noticia que reactivó tensiones políticas dentro del peronismo. Mientras tanto, la economía sigue sin señales de despegue y la inflación completó su sexto mes sin ceder, en una Argentina cada vez más quieta.
