La UIA advirtió por la baja en la producción y la pérdida de más de 60 mil empleos. Reclamó crédito, reducción de costos y una “apertura inteligente” en medio de la disputa por los tubos de Vaca Muerta y el avance de importaciones en textiles.
La Unión Industrial Argentina encendió una nueva señal de alarma. En la primera reunión de Junta Directiva del año, la central fabril expresó su inquietud por el rumbo de la actividad y el impacto en el entramado productivo. El diagnóstico incluyó el “desempeño negativo de la actividad” y la necesidad de revertir la “pérdida de tejido empresarial y pyme”.
El planteo se produjo en pleno proceso de apertura comercial impulsado por el Gobierno. En ese contexto, la entidad insistió con una “apertura inteligente” y reclamó medidas que resguarden la producción local frente al crecimiento de importaciones.
Los números que difundió el Centro de Estudios de la UIA reflejaron el deterioro. En diciembre, la producción industrial cayó 3,9% interanual. El empleo resultó el dato más sensible. Desde el pico de agosto de 2023, el sector perdió 60.224 puestos registrados.
El presidente de la UIA, Martín Rappallini, sostuvo que la discusión no pasa por rechazar la competencia externa. “El gran desafío que tiene la industria es darle a la ciudadanía precios internacionales y calidad, y que las empresas argentinas sean parte de esta nueva etapa”, afirmó.
La entidad pidió un abordaje integral de la competitividad. Solicitó continuar con la baja de tasas de interés y avanzar en reformas que reduzcan la carga impositiva sobre el sector formal. También respaldó los cambios laborales que debatió el Congreso, a los que definió como una condición necesaria para recuperar empleo registrado tras una década de estancamiento.
“La competitividad de la economía argentina y la dinámica de precios deben analizarse desde una mirada integral de las cadenas productivas, considerando el impacto de los costos locales —logísticos, financieros, fiscales y laborales— y del contexto macroeconómico”, señaló la UIA.
El debate escaló tras la licitación de tubos para el desarrollo de Vaca Muerta. El consorcio Southern Energy adjudicó la provisión a la firma india Welspun. Según el Gobierno, la oferta resultó 40% inferior a la de Siat-Tenaris, del Grupo Techint. La compañía cuestionó esa diferencia. En una carta pública, Paolo Rocca afirmó que la brecha fue del 24%.
El presidente Javier Milei defendió la apertura y apuntó contra el empresario. Lo llamó “Don Chatarrín de los Tubitos CAROS” y reivindicó el respeto a los contratos privados.
Rocca respondió con un planteo más amplio sobre política comercial. “La defensa de la industria frente a las importaciones en condiciones de competencia desleal es fundamental para alentar la confianza de los inversores”, escribió. También explicó la estrategia de su empresa en la licitación: “Al ser informados de que había otra oferta a menor precio por parte de un proveedor de origen indio, y siguiendo una práctica absolutamente lícita y habitual en el marco de una relación entre privados, propusimos reducir nuestro precio un 24% hasta igualar la oferta india, y lo hicimos solo para preservar la operación industrial a largo plazo aunque no resulte rentable para este negocio en particular”.
La tensión entre precios y empleo tuvo otro foco en la indumentaria. Un informe privado indicó que la ropa resultó 30% más barata en términos relativos que al inicio de la actual gestión. Algunos jeans de primera marca bajaron casi 40% en dólares.
El alivio en precios convivió con un fuerte retroceso productivo. El sector textil registró en 2025 una caída de 15%. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 18.333 empleos, según datos oficiales procesados por consultoras privadas.
Las importaciones marcaron un salto. En 2025 crecieron 97,3% en indumentaria, 121,2% en otros textiles y 25,2% en calzado. La utilización de la capacidad instalada en hilados y tejidos descendió al 29%, uno de los niveles más bajos de la serie.
Para la UIA, el fenómeno expuso un problema estructural. La entidad advirtió sobre el avance de plataformas internacionales y la competencia de productos que podrían no cumplir normas técnicas locales. Reclamó reglas claras y control efectivo. “Un comercio basado en reglas claras, transparentes y de competencia leal es clave para sostener la producción formal”, concluyó.
En ese marco, la central fabril volvió a colocar en el centro de la agenda la discusión sobre cómo abrir la economía sin profundizar la pérdida de empleo industrial.
