La UIA y la AEA respondieron al discurso presidencial con un mensaje común: pidieron diálogo, defendieron el rol del sector privado y advirtieron que miles de empresas atravesaron una situación límite.
La reacción empresarial llegó pocas horas después de la apertura de sesiones ordinarias. La Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) difundieron comunicados con un eje compartido: el reclamo de respeto institucional y la necesidad de un vínculo constructivo con el Gobierno.
La UIA expuso un diagnóstico severo sobre la coyuntura fabril. Señaló que “muchas empresas, especialmente pymes, están atravesando una situación crítica, con bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para financiarse y caída del empleo”. El documento describió un escenario desigual entre provincias y puso el foco en el impacto de la transición económica.
La entidad recordó el peso estructural del sector. Indicó que la industria genera el 19% del PBI y aporta el 27% de la recaudación nacional. Remarcó que emplea de forma directa a 1.200.000 trabajadores y que otros 2.400.000 dependen de manera indirecta de la cadena productiva. En ese marco sostuvo: “Detrás de cada fábrica se encuentra un capital social construido por empresarios y trabajadores”.
El comunicado también incluyó una referencia histórica al citar la premisa de que “sin industria no hay nación”. La frase funcionó como respuesta política al discurso presidencial, que cuestionó durante la Asamblea Legislativa el modelo industrial sostenido por décadas.
En otro tramo, la UIA subrayó que “el empresario argentino no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones estructurales acumuladas durante décadas”. Luego reforzó su posición con una definición directa: “En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”.
Pese a las críticas, la entidad reconoció avances oficiales. Valoró el equilibrio fiscal, la baja de la inflación y las reformas estructurales. También expresó su intención de cooperación: “La UIA reafirma su vocación de trabajar junto al Gobierno, los trabajadores y toda la sociedad para construir una economía productiva, moderna e integrada al mundo. La industria es parte de la solución”.
El planteo de la AEA mantuvo un tono similar, aunque con énfasis en el rol del capital privado. La organización afirmó: “Desde AEA siempre hemos destacado el papel central que desempeñan las empresas privadas en el desarrollo económico y social de las sociedades modernas”. Agregó que las compañías resultan clave para la producción, el empleo, las exportaciones y el sostenimiento del Estado vía impuestos.
La entidad sostuvo que el crecimiento requiere estabilidad macroeconómica. Expresó que “es necesario seguir avanzando en el proceso de estabilización de la economía que permita generar las condiciones para el crecimiento sostenido”. También enumeró medidas que consideró positivas: “Equilibrar las cuentas públicas, evitar la emisión monetaria espuria, reducir paulatinamente la participación del gasto público en el PBI, y continuar disminuyendo la presión tributaria sobre el sector formal, son todas medidas que valoramos como muy positivas, y que fueron postergadas durante años”.
En línea con la UIA, la AEA pidió canales formales de intercambio. Señaló que “para avanzar hacia un crecimiento sostenido, es indispensable promover un diálogo constructivo y respetuoso entre el gobierno y el sector privado de modo de remover los obstáculos al desarrollo, así como de generar condiciones cada vez más favorables para la concreción de inversiones productivas en diferentes sectores de la actividad económica”.
Además del debate público, la UIA afrontó un recambio interno. Diego Coatz dejó la dirección ejecutiva tras dos décadas en la institución. Desde la conducción atribuyeron la salida a una reorganización. El movimiento abrió interrogantes en un momento de tensión con la Casa Rosada.
El mensaje conjunto de las principales cámaras empresarias dejó una señal clara: reivindicaron el aporte productivo del sector privado y exigieron respeto como base para cualquier proceso de transformación económica.
